domingo, 3 de junio de 2012

¿COMO SALIMOS DE ESTA?

Me había propuesto no escribir nada hasta que se viesen las cosas más claras, pero las circunstancias que estamos sufriendo nos colocan en una situación crítica. Con la prima de riesgo disparada, el paro creciendo de forma ininterrumpida y las dudas sobre nuestro sistema financiero y fiscal en todos los mercados, urge establecer un plan de actuación que nos permita afrontar el futuro de nuestro sistema económico y social de forma sostenible.

Según algunos medios económicos, Alemania está presionando a España para que acuda al fondo de rescate. La presunta es ¿por qué? La respuesta es sencilla: los bancos alemanes se están jugando una cantidad importante de dinero, en concreto (según algunas fuentes) en torno a 250.000 millones de euros que prestaron a las entidades españolas para financiar la burbuja. Y es una cantidad tan importante que quieren asegurarse el cobro aunque para ello tengan que poner en peligro el propio sistema europeo; y de ahí también la postura del Presidente del Banco Central Europeo, tan reticente a aplicar medidas de alivio, que no solución, a la deuda española. Quieren obligarnos a hacer algo que sólo beneficiaría a algunos, los de siempre. Y de ahí los mensajes y las opiniones que nos están bombardeando constantemente.

Nuestro problema pre-crisis y, en consecuencia, nuestro principal desequilibrio se encuentra en la evolución de nuestro sector exterior, con continuos déficits con nuestros principales socios, especialmente Alemania, que con la ayuda de todos los europeos aplicó una política deflacionista durante años dentro del euro para ganar cuota de mercado e inundar al resto de países con sus productos. Como principal proveedor del resto de países, especialmente los del sur, acumuló grandes superávits que fueron financiados por sus bancos gracias a los bajos tipos de interés aplicados por el BCE. Y esas deudas tenemos que devolverlas. Pero con la crisis de balance que tenemos en este momento, y desde hace cuatro años, manifestada en una recesión interminable y con nuestro principal desequilibrio actual centrado en el mercado de trabajo, las posibilidades de pago de las deudas del sector privado disminuyen considerablemente. Con el paro en los niveles actuales parece poco probable que los ciudadanos puedan devolver todo el dinero que deben a sus bancos y, en consecuencia, que éstos puedan devolver ese dinero a sus acreedores, es decir, los bancos alemanes básicamente. La solución aportada hasta el momento ha sido ir transformando deuda privada en deuda pública vía inyecciones de liquidez, avales de préstamos, rescates bancarios etc. Pero el paro incrementa también las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública y, en consecuencia, del pago de las deudas con los bancos alemanes. De ahí que ahora estén buscando un nuevo avalista, en este caso el resto de los países europeos, para asegurarse el pago de sus deudas.

Por lo tanto, la solución no puede ser exclusivamente la austeridad tal y como nos lo están vendiendo. La solución debe ser global, que afecte, por un lado, la austeridad para asegurarse la sostenibilidad del sistema fiscal, pero por otro lado, si no hay incremento del empleo y se produce una disminución sustancial del desempleo, no se podrán pagar las deudas hagamos lo que hagamos. Es materialmente imposible sin crecimiento pagar las deudas a ningún plazo. Por lo tanto, hay que combinar los dos factores. Y en eso nuestros acreedores no están siendo muy acertados. Pondré un ejemplo. Si le debo al banco 150.000 euros a 30 años por mi hipoteca, con unos ingresos de 1.200 euros mensuales puedo hacer frente a mis obligaciones. Si suben los tipos de interés podré reducir mis gastos y así compensar el incremento. Pero si mis ingresos disminuyen, pongamos un 30%, no podré pagar por muchos recortes que haga. Pues esa es la situación, por lo que centrar la solución a nuestros problemas en la austeridad es condenarnos a un sistema fallido a medio plazo.

Hay que buscar una solución. Y esa se llama devaluación. Cuando hablé de la posibilidad de salir del euro, la principal ventaja era la posibilidad de devaluar la moneda hasta el límite que nos interesara de forma que recuperáramos la competitividad de forma inmediata, con lo que nuestras exportaciones crecerían de forma inmediata y nuestra economía crecería. Pero los costes son muy elevados y, sobre todo, las ventajas de nuestros competidores globales (es decir, del dólar) muy grandes como para planteárselo.

Como salir del euro no es una solución admisible, hay que devaluar de otra manera. Nuestro tipo de cambio real es una relación del tipo de cambio nominal y de la relación de precios. Como no podemos disminuir, con respecto a nuestros socios europeos, el tipo de cambio nominal, tendremos que cambiar la relación de los precios, es decir, o bajar nuestros precios o subir los de nuestros socios. Y esa es la política que se está llevando a cabo. A eso le llamamos devaluación interna. Y hay tres cosas que se pueden hacer, y también las he reclamado repetidas veces desde este blog.

La primera, la única que estamos poniendo en marcha, es la disminución de nuestros precios. La política de austeridad, el ajuste en nuestro mercado de trabajo con la disminución tan rápida y dramática de nuestro nivel de empleo, han permitido un ajuste de nuestros precios que han nivelado la nuestras relaciones comerciales con los europeos Pero no es suficiente. Eso no nos permitirá salir de la crisis ni, mucho menos, saldar nuestras deudas. Y eso preocupa a nuestros acreedores.

La segunda: que nuestros acreedores incrementen sus precios. De ahí los llamamientos a un incremento de los salarios en Alemania de las últimas semanas. Si los países centrales del euro subieran sus precios de forma razonable (propuse en varias ocasiones un límite del 4%) nuestro tipo de cambio mejoraría y nuestras exportaciones crecerían y con ello también nuestra renta y mejoraría nuestro empleo. Propuse una política fiscal expansiva, junto con una política monetaria expansiva, que también mejoraría nuestras relaciones con los países no euro y nuestro saldo comercial. De ahí también la preocupación del presidente Obama, que está viendo como se aprecia el dólar, lo que le está provocando problemas de competitividad de las empresas americanas. Pero la depreciación del euro se está produciendo por la inestabilidad del euro, no por las políticas puestas en marcha. Si el BCE hiciera una política más activa, con tipos de interés próximos a 0, la depreciación sería mayor y la solución más rápida. Por lo tanto, hay que combinar políticas expansivas en los países de centro europa y políticas monetarias expansivas que deprecien la moneda.

Nos queda una tercera vía. La podemos llamar devaluación fiscal: disminuciones de los costes del empleo (las cotizaciones a la seguridad social) combinada con una subida de los impuestos que afectan a los precios, no a las rentas, es decir, los impuestos indirectos. Con ello nuestros precios bajarían, se mantendrían nuestros ingresos fiscales y los ciudadanos tendrían un impacto menor sobre el crecimiento, dado que la reducción de consumo que se produjera, si se llegara a producir, sería temporal y se compensaría rápidamente con la reducción de los precios al reducirse los costes de las empresas. Y, como el IVA no afecta a nuestros precios exteriores, conseguiríamos el objetivo de devaluación interna de nuestra economía, mejorando nuestra posición exterior, ganado mercados y vendiendo más al exterior. Pero no sirve cualquier impuesto, debe ser el IVA el que se implique, dado que sería el único que no afectaría al precio de venta exterior. Cualquier otro implicaría únicamente incremento de la recaudación.

Aplicando estas tres formas de devaluación mejoraríamos nuestra posición exterior y crecería nuestra renta, incrementaría el empleo y las deudas podrían pagarse solucionando nuestros problemas actuales. Si a esto añadimos alguna medida interna, como por ejemplo una moratoria temporal de nuestras hipotecas, se podría incrementar nuestra economía de forma considerable.

@juanignaciodeju

lunes, 14 de mayo de 2012

OTRA REFORMA FINANCIERA

Ya tenemos aquí la cuarta reforma financiera, o del sector financiero como les gusta decir. Las tres primeras no han servido, veremos que ocurre con la cuarta. En principio, el problema va a ser el mismo, es decir, falta de crédito en la economía, ya que se basa en lo mismo de la anterior: obtener las provisiones con cargo a los resultados de las entidades en un plazo de tiempo pequeño.

Lo primero que hace es incrementar las provisiones de créditos inmobiliarios sanos hasta el 30%. Parece un error, una sobre dotación que busca ser más previsores que nadie en el mundo. Aunque puede obedecer a una realidad que no quieren explicitar: dada la coyuntura a la que nos enfrentamos, lo más probable es que la gente se quede sin trabajo y terminen por convertir créditos sanos en morosos. ¿No sería mejor procurar que no hiciese falta esa sobre dotación de provisiones ya que la gente no tuviese riesgo máximo de perder su empleo? Quizá se pueda explicar mejor que se deje convertir un crédito sano en uno moroso a que se potencie el crecimiento de la economía, ya que esto último parece estar vedado en Europa.

La reforma afirma que no se utilizará dinero público. Pero no es verdad. Las exigencias hacen que los distintos mecanismo de actuación tengan que poner dinero en las entidades (se calcula que unos 15.000 millones de euros). Dicen que mediante bonos convertibles contingentes (CoCos) con un tipo de interés del 10%. Bien, veamos un ejemplo: Bankia necesita como 10.000 millones para el saneamiento. Si tiene que devolver el capital y los intereses a 5 años, cada año tendría que devolver 2.200 millones al estado. Parece complicado que sea capaz de generar ese volumen de dinero cada año, por lo que se terminarán convirtiendo en capital.

Se establece un plazo hasta el 31 de diciembre para generar el capital necesario, bien acudiendo al beneficio, como capital (captado mediante ampliaciones, lo cual no parece muy razonable) o como ayuda del estado. Solo si hay fusiones, el plazo se alarga un año adicional. Este es un punto interesante ya que se fuerza a las entidades, sobre todo las de tamaño medio, a fusionarse para obtener más flexibilidad. Con lo cual, tendremos un sistema financiero formado por pocas entidades grandes (no más de cinco) y otras pequeñas, desapareciendo el segmento intermedio que ofrecía un contrapeso a la actividad cuasimonopolística de las entidades más grandes. Al final, eso es perjudicial para la competencia con lo que, una vez más, los problemas los tendremos los agentes que queramos financiación (los márgenes de intermediación serán cada vez mayores) o simples depósitos de nuestro dinero (las comisiones seguirán creciendo). Es decir, en vez de generar un sistema donde se crea competencia, lo que estamos haciendo es convertirlo en un oligopolio cada vez más cerrado donde los Fainé, Botín, González, etc podrán determinar las condiciones para al prestación del servicio.

Además, las fusiones parece que no van a solucionar el problema. Cuando se busca una fusión en la banca es porque la solidez de una entidad va a permitir solventar los problemas de la otra, con lo cual, en conjunto, mejora la solvencia. En el caso español, las fusiones llevadas a cabo hasta el momento no parecen haber resuelto el problema, más bien lo han complicado. Fusionar Cajanavarra con las pequeñas en su momento fue un error que generó que la CAN terminase teniendo problemas de solvencia que hemos tenido que solucionar con la operación con la Caixa. En fin, que a lo mejor es el camino correcto, pero convertimos prácticamente a la totalidad del sistema financiero en sistémico.

Y, por último, el paso que debía ser decisivo: la creación de sociedades inmobiliarias para la gestión de los activos en riesgo. Parecía que el gobierno creaba un banco malo por sociedad, pero realmente crea una empresa inmobiliaria por entidad. Además, dicha empresa se queda obligatoriamente con lo malo y tiene tres años para desligarse del banco que la creó. Es decir, no han hecho nada. Es como si pusiéramos fecha de caducidad a una empresa como REALIA (tres años) pero no la desligamos del banco con lo que continúa consolidando y, en consecuencia, el activo tóxico sigue estando ahí. Y, obligado por Bruselas, obliga a los bancos a recalcular el valor de los inmuebles contratando dos empresas independientes (en este punto creo que deberíamos cesar de inmediato a todos los funcionarios y directivos tanto de la EBA como del BdE y del BCE. No puede ser que los bancos españoles superen los test de stress con nota todos los años, pero que cada año tengamos que hacer nuevos esfuerzos para sostener el sistema financiero. Algo falla).

En definitiva, nos quedamos cortos y la reforma no sirve. Porque, durante tres años, los activos tóxicos seguirán en el balance del banco (en este caso de forma indirecta); porque el precio de esos activos será prácticamente cero, pero no podrán reconocerlo si no quieren que quiebren todos los bancos; porque el precio de los pisos no va a bajar en los próximos dos años por esta reforma, ya que los gestores aguantarán hasta el límite para obtener beneficios; porque el crédito seguirá cerrado para la economía hasta que se clarifique quién es el dueño de las entidades financieras y, en consecuencia, de los activos tóxicos; porque va a costar muchos miles de millones de euros a la sociedad en su conjunto y los resultados son inciertos, cuando no directamente perversos.

Y por todas esas razones, la bolsa se desploma y la prima de riesgo, lejos de mostrar la tranquilidad que nos vendieron, se eleva hasta los 490 puntos ante la mirada ausente del gobierno. ZP no tenía ni idea de economía (ni siquiera después de las dos tardes de clases de Sevilla) pero cuando había circunstancias excepcionales en la economía se presentaba en el parlamento e intentaba tranquilizar a la población. Incluso presentaba él mismo las reformas. Nuestro presidente electo por mayoría absoluta (Rajoy) no ha salido a decir nada en los cinco meses que llevamos de gobierno, no ha presentado ni una sola de las medidas aprobadas y ni siquiera ha convocado al parlamento para decirnos lo mal que estamos y que nos hundimos. Incluso se plantea eliminar el ineficaz debate sobre el estado de la nación, que aprobar no aprobaba nada, pero si nos daba una idea de la agenda que tenía el gobierno por delante. Y, como solución, nos mandan a un miembro del partido a decir que la confianza se gana con reformas todos los viernes. Bien, parece que no es así, que llevamos reforma tras reforma y la prima de riesgo no para de subir. Y tampoco parece razonable culpar de todo a la herencia recibida. Si en febrero aprueban una reforma financiera escasa, no pueden culpar al anterior gobierno, deben asumir la realidad de que se confundieron en su momento y que eso no solucionaba el problema. Y ahora una apuesta: habrá otra reforma financiera antes de terminar la legislatura.

Yo mantengo mi teoría: el mercado está diciendo claramente que se necesita crecimiento, que sólo con austeridad no vamos a ningún lado. Veremos si alguien le escucha.


@juanignaciodeju

domingo, 6 de mayo de 2012

EUROPA: UNA SOLUCION

Después de leer a Paul Krugman sobre el euro y la integración europea, se despertó en mí una vieja idea que llevaba bastante tiempo madurando: defender Europa y sus instituciones criticando las insuficiencias y, sobre todo, a sus mandatarios.

Debo establecer una premisa que condiciona todo el desarrollo: soy un europeísta convencido. Siempre he creído en la idea de Europa, incluso sueño con ver algún día un solo gobierno y una única forma de estado en Europa. Lo que nació como un instrumento para evitar los conflictos bélicos debe evolucionar hacia un único modelo político con todas sus consecuencias. Estos procesos rara vez han sido pacíficos, más bien siempre se han generado después de conquistas o guerras y revoluciones. Por lo tanto, el camino no es fácil y, desde luego, no exento de problemas que se deben solventar.

Y dentro de ese europeismo convencido, por encima de todo, el nacimiento del euro significó un paso adelante decisivo e irreversible. Significaba la cesión de la soberanía monetaria, probablemente el mayor y más potente instrumento de política económica en un mundo como el que estamos viviendo. Por lo tanto, el mayor síntoma de integración que podíamos encontrar en la historia desde un planteamiento pacífico. No hubo invasiones ni guerras que lo condicionaran, tan sólo la decisión libre y voluntaria de los estados para la integración.

Y condiciones para el nacimiento del euro las había. Europa tenía un fuerte componente de comercio interior entre todos los países, lo que originaba importantes beneficios en términos de costes para la empresas y los ciudadanos; el euro, además, implicaría una fuerte convergencia en términos reales entre las economías, posibilitando el rápido establecimiento de compensaciones de mercado, es decir, de reasignaciones de recursos entre los estados y la equiparación de las condiciones laborales para evitar distorsiones en la asignación de recursos. Además, economías sujetas a fuertes oscilaciones por sus especiales condiciones pasarían a ser estables en sus relaciones con el exterior, lo que provocaría mejores condiciones de competencia con países de la zona no euro y, por consiguiente, un desarrollo comercial que debería ser positivo.

Había dos inconvenientes en la estrategia: la baja movilidad del factor trabajo, básicamente por condicionantes culturales, y las condiciones de entrada, que primaban más a unas naciones que a otras. Con respecto al primer problema, la baja movilidad laboral, no debe ser considerada una cuestión indisoluble a medio y largo plazo: también existían divergencias culturales importantes el los EE.UU. cuando se produjo la integración después de la guerra de secesión, incluso con leyes contradictorias y mercados de trabajo irreconciliables entre el norte y el sur, y se solventaron. El otro inconveniente si es más complicado de solucionar.

Cuando se produce el nacimiento del euro, 1999, Europa había intentado un tipo de cambio de flotación intervenida con unas bandas de fluctuación de diferente tamaño entre unas monedas y otras: la general era del 2,5% aunque había países, como España, con bandas superiores (inicialmente, del 6%)y que posteriormente se incrementaron para evitar las tensiones. Y ese proceso de fijación de los tipos de cambio se produce después de que Alemania pagase los costes ingentes de la integración de la separación artificial producida como consecuencia de la guerra mundial. Es decir, Alemania se incorporaba a la moneda única con un valor menor de su economía en términos de comercio internacional, lo que provoca fuertes ventajas comparativas con el resto de países. Y después de un ataque en toda regla de los mercados (otra vez los mercados) contra las monedas débiles del Sistema Monetario Europeo, que en este caso eran la Libra, la Lira y la Peseta (al margen de las más débiles). Esa crisis, de 1992, ocasionó también un problema de deuda y tipos de interés, aunque se solucionó probablemente de forma poco razonable. Lo que los mercados estaban diciendo es que no se cumplían las condiciones de estabilidad de tipos de cambio dado que el país fuerte, es decir, Alemania, tenía una ventaja sobre el resto y esto llevaba a una devaluación de las monedas o, dicho de otra manera, a una revaluación del Marco para cerrar las tensiones. Sin embargo, la solución no se adopta en ese sentido, se incrementan las bandas de fluctuación y se devalúan puntualmente algunas monedas permitiendo la salida de una de ellas, en este caso la Libra. No se produce una solución a la crisis, se calman los mercados.

El primer error grave que se produce es determinar la voluntariedad de la integración, que provoca que dos monedas se queden fuera del proceso: la Libra y la Corona sueca. De las cinco economías más potentes de la Unión (Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia y España) dejamos a la segunda (Gran Bretaña) fuera de la moneda común, aunque ligada de alguna forma por la vía de la coordinación de políticas. Pero Gran Bretaña implicaba algo más que un socio díscolo, implicaba todo un símbolo que no debió permitirse. Nació, por lo tanto, una moneda en la que no todos los socios comerciales creían en ella y en unas condiciones inestables que debían haberse solucionado de forma enérgica, pero que no se hizo por cuestiones de cálculo político. Pero, como siempre digo, nació y al bebé había que darle las oportunidades de desarrollo que se merecía. Y eso se debió al impulso de políticos de todos los lados, a la cesión de soberanía de países muy distintos y al empuje de unos pueblos que creían más en ello que los propios dirigentes. Políticos como Helmut Khol, Francoise Miterrand, Felipe González son los verdaderos padres de la Unión Europea, y tenían ideologías muy distintas y planteamientos que superaron gracias a la voluntad de ir juntos y solucionar los problemas.

Una vez decidida la moneda, las instituciones que la rodean deben servir de base para la estabilidad. La principal, el Banco Central Europeo, que nace a imagen y semejanza del Bundesbank alemán. Se le marca un único objetivo: el control de los precios, abandonando las tradicionales funciones que debían tener los bancos centrales como monopolistas en la emisión del dinero legal: estabilidad de precios, control del tipo de cambio y crecimiento económico. En Europa, por los problemas alemanes con la inflación, hemos dejado cojo al BCE en la gestión de la economía en un mundo donde la política monetaria se ha convertido en la única capaz de solucionar los problemas a corto plazo. Y, precisamente ahora, nos vendría muy bien que el BCE tuviera atribuciones diferentes y aportara soluciones distintas a nuestra situación. Soy firme defensor de la capacidad de los Bancos Centrales de intervenir en la economía siendo los prestamistas de última instancia de los gobiernos. Porque Alemania no olvida que la inflación de los años 20 fue dolorosa para ellos, pero la austeridad de los 30 trajo consigo el tercer Reich y la aparición de Adolf Hitler con las consecuencias que ello ocasionó, en este caso para todo el mundo. Y ahora estamos viendo algo parecido con el auge de partidos de ultraderecha en países como Holanda, Austria y Francia y la desaparición de la política en países centrales del euro como es el caso de Italia. Eso debería tenerlo en cuenta Angela Merkel y sus economistas de cabecera.

Por lo tanto, lo primero que debería hacer la Unión Europea es modificar el tratado del BCE y permitirle la intervención decisiva en la economía de los países del euro con la posibilidad de prestar directamente a los gobiernos y, consecuentemente, ser inflacionista en cierto sentido, modificando el límite marcado de forma arbitraria en el 2% por otro más realista. Los precios estables son deseables en una economía que quiera avanzar, pero precios debe haber e inflación también. Un objetivo tan drástico de inflación provoca desincentivos a la competencia ya que no permite que empresas con una estructura menos eficiente se adapten lentamente provocando la aparición de monopolios u oligopolios en los mercados. Sin embargo, inflaciones más altas permiten la entrada de nuevas empresas en el mercado, el incremento de la competencia y, finalmente, la moderación de los precios y los salarios.

Además, la falta de un instrumento tan poderoso como la política monetaria causa una profunda brecha entre los países. Porque díscolos en términos fiscales siempre los ha habido y siempre los habrá, incluso en países con una integración monetaria completa. En el año 2008 y 2009 California tuvo serios problemas para hacer frente a sus pagos como consecuencia del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, pero la intervención de la Reserva Federal y del gobierno de los Estados Unidos hizo más llevadero el ajuste. Precisamente eso es lo que le falta a Europa: un gobierno que respalde a los países y un banco central que actúe cuando sea necesario.

Por lo tanto, debemos centrar nuestra atención en la política monetaria como instrumento decisivo para la recuperación. Llevo varios meses (por no decir años) opinando que la austeridad no es el único camino a seguir y que, en todo caso, debe ser complementado con la política monetaria. Cuando Bill Clinton gana las elecciones se encuentra con un problema grave: los famosos déficits gemelos (fiscal y exterior) de la economía norteamenticana, en medio de una recesión que hacía más difícil la situación (¿no os suena?). Necesitaba hacer una consolidación fiscal tal y como nos imponen ahora a nosotros. El presidente de la Reserva Federal, Alain Greespan, se reunió con Clinton y le dijo: haz la consolidación fiscal y nosotros te ayudaremos con la política monetaria. La consecuencia fue que se produjo la corrección (aunque fuese temporal y limitada) del déficit fiscal sin que la economía sufriera graves consecuencias. No hace falta irse tan lejos: EE.UU tiene un déficit fiscal similar al español y una deuda pública bastante superior, pero no tiene los problemas españoles en los mercados. ¿Por qué? Sencillamente porque su Banco Central le compra la deuda al gobierno y es activo en la política monetaria, lo que provoca que su economía esté creciendo.

Luego la clave está en el papel de la política monetaria. El BCE no tiene capacidad de actuación, luego no podemos hacer nada por ese camino. Y las consecuencias son terribles: nos cuesta financiarnos, los tipos de interés se incrementan y se produce un auténtico efecto expulsión, ya que los bancos prefieren invertir en bonos del estado que prestar dinero a las empresas. Si la deuda pública la comprara directamente el BCE, los bancos tendrían que operar de otra manera y, en consecuencia, mejoraría la actividad económica. Por lo tanto, es esencial cambiar el tratado del BCE para permitirle la compra de deuda pública directamente a los estados, Fijemos límites si así se tranquiliza la jefa, pero hagámoslo. ¿Lo podríamos sustituir por los eurobonos que están proponiendo? Creo que no, que a corto plazo sean suficientes, pero el problema seguiría estando ahí: las diferencias serían las mismas. Por lo tanto, dejemos de dar vueltas al tema y hagamos lo que tenemos que hacer.

Otra diferencia fundamental entre USA y Europa está en la actividad privada de los bancos centrales. La FED ha posibilitado la compra de pagarés de las empresas, mientras que el BCE no tiene ninguna competencia en ese sentido, Puede resultar muy arriesgado pero es otra forma de hacer política monetaria. La gestión del banco central es importante para no ensuciar también su balance, no nos encontremos en su momento con un problema de solvencia, pero es importante hacer cosas para poner en marcha la economía.

Con lo cual, nuestra única arma de actuación monetaria se centra en los tipos de interés Y eso es muy poco. Por lo tanto, aparte de hacer esa modificación planteada antes, debemos cambiar los mecanismos de actuación del BCE para que se transmita la política monetaria. Se han puesto en circulación cantidades ingentes de dinero que deberían ser suficientes para la reactivación en cualquier sistema, a no ser que esa base monetaria se encuentre filtrada por la actuación de los operadores. Y, en el caso europeo, tenemos un problema de acumulación de reservas de los bancos comerciales que provoca que los incrementos de dinero no se transformen en incrementos de la oferta monetaria y, en consecuencia, en actividad económica. ¿Y si cargamos fuertemente esa política de los bancos con la imposición de cargas financieras altas que impidieran filtrar esa base monetaria? Imaginemos que el BCE presta dinero a un tipo de interés del 1%, pero que permite depositar las reservas cobrando un tipo de interés del 2% por depositar el dinero de los bancos comerciales. Una actuación racional de los gestores imposibilitaría el depósito y tendrían que buscar rentabilidad de forma diferente, por ejemplo con el crédito.

El problema de toda esta actuación sería la inflación. Siempre digo que tenemos material suficiente para luchar contra ella, luego no sería un problema. Porque primero debemos crecer a corto plazo mediante la política monetaria, solucionar el grave problema de desempleo mediante las reformas estructurales que se están poniendo en marcha y finalmente, si apareciera la temida inflación, que puede no aparecer, aplicar la política anti inflacionista pertinente. Pero ante todo dar un respiro a los agentes económicos, que en este momento se encuentran paralizados por la situación. Así que intentemos que en la próxima reunión de los líderes europeos se decida la revisión del tratado del BCE y se permita realizar la única política que falta en Europa para salvarnos del desastre.

@juanignaciodeju

sábado, 28 de abril de 2012

¡VIVA EL VINO¡

En el pasado, con motivo de algún acto en apoyo de los viticultores, nuestro presidente electo con mayoría absoluta gritó a modo de brindis: ¡Viva el vino! A mí me gusta el vino, especialmente el tinto de la Rioja y el blanco de Rosal. Comparto esa afición con un gran amigo mío que, por fortuna, veranea en Galicia y, por ello, obtengo todos los años buenos caldos de la tierra que se dedica a investigar en los meses de verano. Una delicia que, cuando me sienta con fuerzas, procuraré aglutinar en un papel con mis experiencias. También me gustan otros licores, en especial la cerveza, lo que me confiere una barriga propia de ese placer.

Desgraciadamente no me he puesto a escribir para ensalzar las bondades de los licores. El motivo no es otro que la política económica puesta en marcha por el gobierno. Sin ánimo de ser exhaustivo, voy a hacer un breve recorrido por estos cuatro meses, lo cual es bastante ilustrativo de lo que nos espera.

Lo primero que dijo en varias entrevistas que le escuché fue que la herencia se aceptaba y se gestionaba y que, por lo tanto, no haría referencia a ella para justificar sus decisiones. No ha necesitado ni medio año para empezar a justificar sus medidas con la ‘herencia recibida’. Incluso atemorizan a los mercados con una típica frase de partido que, desde mi punto de vista, es una invitación a la especulación contra nuestra economía: “la situación es crítica” no paran de decir para justificar los presupuestos y las medidas. Una buena carta de presentación para los mercados: la situación es crítica y les pido a ustedes dinero. ¡VIVA EL VINO!.

Las primeras medidas tomadas, con nocturnidad y alevosía propias del 30 de diciembre, fueron un compendio de decisiones arbitrarias que me dejaron perplejo: subida del IRPF para todos y aplicación de medidas tales como la recuperación de la deducción por adquisición de vivienda con efectos retroactivos desde el 1 de enero de 2011. Es preocupante que un gobernante con dos dedos de frente cambie las reglas de juego fiscales a final del partido como diciendo “miren ustedes que bueno soy que aplico medidas de incentivo de la economía”. Parece contradictorio que uno suba un impuesto y lo baje después. Evidentemente, alguien debe estar muy agradecido por la medida. Aparentemente, según sus análisis, esa medida debería incentivar la compra de viviendas, y los resultados son los que son, caída libre en la venta de viviendas. ¡VIVA EL VINO!

Aprobaron una reforma financiera que iba a facilitar el crédito porque era muy ambiciosa. Ya advertí que no serviría, que era un salto al vacío sin aportar soluciones coherentes con la situación. Como coincidió con la mega inyección de liquidez del BCE el mercado permaneció estable en niveles altos, pero los “incompetentes” del gobierno (léase ministros) decían que ya se notaba la mano del gobierno para calmar los mercados. Yo decía que no, que era el BCE. Y no era el único. Cuando se terminó el efecto placebo, los mercados volvieron por sus fueros. Y los “incompetentes” se empezaron a poner nerviosos. ¡VIVA EL VINO¡

Aprobaron una reforma laboral con luces y sombras que me pareció bien en algunas cosas y mal en otras. Había medidas correctas y otras contraproducentes. El caso es que cuando antes decían que con la reforma se crearía empleo, este economista perplejo decía que no, que para eso era necesario que se incrementara la demanda de trabajo (algunos dirán que soy muy keynesiano); con los datos encima de la mesa, dijeron que se “pondrían las bases para la creación de empleo”. Casualmente lo mismo que decía Yo, pero muchos meses después. ¡VIVA EL VINO¡

Pararon los presupuestos para asegurarse el gobierno de la comunidad de Andalucía. Los aprobaron después de celebrarse las elecciones. Y eso que no hacían nada más que decir que era necesario tomar medidas decisivas para relanzar la confianza. El resultado fue que los mercados, Europa y los todos los actores económicos ya estaban nerviosos. ¡VIVA ELVINO¡

En medio, un episodio preocupante. Nuestro presidente, solemnemente, dijo en Bruselas que la decisión soberana de España sería un déficit público del 5,8% y todos le creímos, fundamentalmente porque nos vendieron la idea que había sido pactada con la jefa en la reunión que tuvieron antes de esa declaración. Parecía un acto razonable, incluso ambicioso partiendo de donde se partía. Pero no, cogieron al ministro de Guindos, le encerraron en una reunión con los ministros de economía europeos, le zumbaron la badana hasta que cantó el catecismo, y la soberanía nacional quedó en nada para anunciar que el déficit sería del 5,3% ¡VIVA EL VINO¡

Los presupuestos de los ajustes me dejaron en estado de perplejidad tendente a la indignación. Con motivo de los recortes necesarios para alcanzar el déficit soberano alemán rebajaron todas las partidas con la habilidad de Eduardo Manostijeras para podar los setos dándoles formas sorprendentes. Pero se pasaron. Aplicaron la medicina a todo lo que se movía, con tres errores fundamentales para nuestro futuro como país: la educación, la formación de los parados y la inversión en I+D+i. Sin educación, sin inversión en capital humano, perderemos oportunidades en el futuro y, desde luego, condicionaremos nuestro crecimiento a actividades de muy bajo valor añadido, con lo que tendremos que competir con países como China, que cuenta con una ventaja comparativa enorme en términos de costes. Abandonando la formación de los parados, si no les reciclamos, tendremos un gran número de personas sin posibilidades de reincorporación al mercado y, por consiguiente, abandonados a su suerte. ¿Les subvencionamos permanentemente o les dejamos a su suerte? Cualquiera de las dos alternativas es perniciosa. Sin inversión (que no gasto, por favor, que es una inversión) en I+D+i abandonamos un modelo de desarrollo con futuro para volver a la tradición de ladrillo y sol. Otro gran problema para el futuro. ¡VIVA EL VINO¡

Como los mercados no se calmaron, en una reunión prevista pero sin contenido concreto, nos anuncian vía un comunicado de prensa, en las líneas finales, que se producirá un recorte de 10.000 millones de euros en educación y sanidad. No creo que merezca la pena insistir con lo de la educación, la tragedia en la que nos encontraremos dentro de unos pocos años. Con la sanidad podemos decir algo parecido: los copagos, o repagos, acabarán por determinar ciudadanos de primera y de segunda, en función de la capacidad de compra que tengan; y tendremos, si no me confundo (y ojalá lo haga) una disminución de la esperanza de vida, haciendo caso a los insignes economistas del FMI que dicen que vivimos mucho después de jubilarnos. ¡VIVA EL VINO¡

La primera oleada de la EPA arroja datos escalofriantes. Llega un momento en que, como economista, pienso que las cosas no pueden empeorar mucho más. Ya no deben existir empresas con exceso de trabajadores después de 4 años de ajuste, por mucho que la economía siga deteriorándose. Pero aparentemente es así. Y, aunque lo tenían previsto, la ministra de empleo se pone nerviosa y el elabora un plan de lucha contra el fraude. Me parece bien que luchemos contra el fraude con toda la dureza que podamos, pero no fiemos la solución al desempleo a las regularizaciones. Ya lo hizo el gobierno anterior, con incentivos a la regularización, y resultó un fracaso mayúsculo. Porque el problema del desempleo no es el fraude, es la falta de crecimiento y la parálisis de la actividad que los ajustes económicos están produciendo. Cuando vuelva el crecimiento y vuelvan la confianza y el crédito las cifras podrán mejorar, pero en la actualidad estamos más cerca de alcanzar los 6 millones de parados. Cuando comprendan eso, se tomarán las medidas adecuadas, aunque el ministro de economía se empeñe en decir que crearemos un poco de empleo con un crecimiento de 0,2% para el año 2013 (no sé si él mismo se lo cree o es un brindis -con vino- al sol) ¡VIVA EL VINO¡

Porque nuestro presidente electo con mayoría absoluta firmó una carta de otros líderes europeos nada más jurar su cargo reclamando políticas de crecimiento a la UE. Es propio de gente con pocas luces pensar que las políticas económicas sólo pueden hacerse con incrementos de gasto o disminuciones de impuestos. La actividad económica puede incentivarse sin necesidad de eso, aunque es más fácil aplicar esas mediadas que ponerse a pensar en otras soluciones. Se me ocurren varias formas, como por ejemplo cambiar de prioridades, lo que provocaría reducciones de gastos en algunas partidas e incrementos en otras, o medidas imaginativas que primen determinados sectores donde se encuentren los yacimientos de empleo. Pero no, para eso no les hemos elegido. Ellos piensan que sólo están ahí para aplicar las órdenes de Merkel, lo que hace que, apenas cuatro meses después de la firma del documento, diga en una rueda de prensa con un mandatario extranjero que él es firme defensor de las políticas de austeridad. Después del vapuleo a de Guindos han aprendido la lección y no se moverán ni un milímetro de lo que dice la jefa. ¡VIVA EL VINO¡

Y para terminar, por no ser pesado, el anuncio del ministro de economía de la subida del IVA para el año 2013. Ya lo advertí una vez más: nos subirían el IVA y nos bajarían las cotizaciones de los empresarios para generar empleo. Pero nuestro presidente dijo que no subiría el IVA, es más, su compañera Esperanza Aguirre hizo una campaña de recogida de firmas para protestar por la que hizo ZP en 2010, montaron un circo espectacular con la campaña en cuestión, con actos por todo lo alto. Argumentaban que era perjudicial para el consumo. Y la gente se lo creyó. Vaya por delante que estoy de acuerdo con la medida, que me parece razonable, pero el problema es cuando estableces una opinión en la oposición no puedes tardar tan poco en cambiar de criterio por exactamente las mismas razones cuando ya estás en el gobierno (y viceversa, que el otro partido ahora es firme defensor de no subir el IVA). ¡VIVA EL VINO¡

En fin, que con tantas copas de vino no me extraña que no atinen en las medidas. El problema es que ellos se lo pasan bien mientras que los demás no tenemos ni para una mísera copa de agua del manantial. Les propongo que suban un poco la gradación de la bebida, así estarán más dormidos a la hora de tomar medidas y no serán capaces. Y a partir de ahora digan ¡VIVA EL RON¡

@juanignaciodeju

lunes, 23 de abril de 2012

BANCO MALO

Una vez más dedico una entrada al sector financiero de la economía, principal obstáculo a la recuperación por ser el oferente de liquidez del sistema y, por lo tanto, el actor principal en la inversión. Porque el sector financiero español sigue generando dudas, aun cuando se ha intentado todo para que se saneara. Las últimas, los 50.000 millones de ajuste en dos años, más la liquidez a tres años dada por el BCE, no van a servir para sanear un sector que muestra signos de parálisis total.


Y el principal problema del sector financiero de una economía moderna es que es el oferente único de liquidez para el sistema. Es quien presta el dinero que toma prestado de otros actores. Y eso, en Europa, es un gran problema ya que nuestro BCE no tiene atribuciones que si tienen otros bancos centrales, por ejemplo la FED: ser el prestamista de última instancia, es decir, poder prestar dinero directamente a los gobiernos. Cuando la economía entra en fase crítica, en septiembre de 2008, la FED implementa varias medidas que, desde mi punto de vista, han sido cruciales para mejorar la situación en EE.UU. aunque haya sido sólo levemente: en primer lugar, establece las famosas facilidades de crédito al gobierno, las famosas QE, prestando más de un billón de dólares; en segundo lugar, bajó los tipos de interés a una horquilla de entre 0 y 0,25%; y, en tercer lugar, estableció un sistema de compra de pagarés a las empresas. De esa forma puso en el mercado una gran cantidad de dinero que permitió financiar el sistema, con lo que la caída se amortiguó.

En Europa, mientras, el BCE subió tipos (hasta el 1,5%) y se dedicó a abrir ventanillas para que los banco fuesen a pedir dinero. Cada ventanilla que abría se mostraba más imperfecta y no provocaba un incremento del crédito. Como no puede prestar a los gobiernos, la deuda pública tenía que ser vendida a terceros con lo que los intereses crecieron de forma continua, especialmente en los países con problemas. Por lo tanto, no sólo no mejoró la liquidez del sistema sino que provocó indirectamente la crisis de deuda.

Por lo tanto, a diferencia de EE.UU., en Europa no hemos establecido un sistema alternativo, aunque fuese limitado, de financiación del sistema; siguen siendo los bancos quienes tienen que proveer de fondos a las empresas. Y como lo bancos están como están, sólo buscan dar crédito a las empresas que más solvencia presenten, de forma que aquellas que están en una buena situación, aunque no excelsa, no pueden acceder al crédito con lo que rápidamente se deteriora su activo y terminan cerrando despidiendo al personal e incrementando los problemas. Es decir, empresas con beneficios y una estructura de balance razonable no tiene acceso al crédito con lo que al final suspende pagos y paran la actividad.

Al principio de la crisis propuse que el ministerio de economía tutelase, mediante exenciones fiscales, un sistema alternativo de préstamos entre empresas de forma que aquellas que tuvieran exceso de liquidez lo prestasen mediante contratos privados a las que tuvieran necesidades. Se propuso otro sistema más ortodoxo: el ICO acudiría a prestar el dinero. Pero el ICO actúa con los bancos, por lo que al final son éstos quienes daban el visto bueno a las operaciones. Y, lógicamente, mantenían sus criterios. En fin, que no funcionó.

Entonces, ¿qué hacer? He pensado mucho en este problema, dado que es de vital importancia solucionarlo a corto plazo, y siempre llego a la misma conclusión: habría que nacionalizar la banca, limpiarla de problemas y volverla a vender. Pero eso, después de haber puesto encima de la mesa casi 300.000 millones para sanearla y de no haber obtenido ninguna solución, parece que no es lo más apropiado. Por lo tanto, paso al plan B: crear un banco malo.

Un Banco Malo puede ser hasta rentable si lo gestionamos bien. ¿En qué consistiría mi propuesta? La banca, como última acción posible para su saneamiento, vendería todos sus activos inmobiliarios deteriorados a una sociedad que los gestionaría a partir de ese momento. Se trataría de todos aquellos activos que la banca considerase y, necesariamente, todos aquellos que se encuentren provisionados en sus balances en cualquier nivel. Sería la última oportunidad para actuar de esta manera, ya que a partir de ese momento el gobierno no actuaría más que con la nacionalización a coste cero para los contribuyentes y la liquidación de los activos que adquiriese. Debe quedar claro que ya no se volvería a intentar salvar los muebles de ningún gestor y que los bancos, desde este preciso momento, asumen todas las deudas con sus propios activos.

La clave de este proceder sería el precio de los activos. Se puede optar por dos estrategias: una, comprarlos al precio que reflejan en el balance, es decir, descontando todas las provisiones que se han realizado, incluyendo la parte proporcional de las provisiones genéricas, o volver a valorar los bienes, a precio de mercado, con la consiguiente pérdida de valor que debería ser asumida completamente por el capital del banco que los venda. En cualquier caso, el valor de los activos no debería ser superior al 40%, es decir, reconoceríamos una pérdida media del 60% del valor de los activos.

Los bancos se quedarían exclusivamente con lo créditos hipotecarios más sanos, aquellos que no han incurrido en mora, con lo que a partir de ese momento podrían volver a actuar de forma normal en el mercado, dado que habrían desaparecido los problemas de insolvencia de sus créditos y se habrían cubierto las necesidades de capital. A cambio, por el incremento de beneficios que obtuviera se cargaría un 5% adicional en el impuesto de sociedades, sin posibilidad de compensación con ninguna partida.

El pago de las cantidades acordadas se podría hacer de dos maneras: una, emitiendo deuda pública con cargo al Fondo de Estabilidad Financiera de la UE con un vencimiento de 20 años y al precio de mercado, es decir, con tipos de interés del 6%. Esto implicaría una cierta intervención de la economía española, por lo que deberíamos pactar muy bien las condiciones de acceso y presentar las garantías necesarias para que no se produzca una tutoría mayor de nuestra economía. Otra opción es que la deuda sea comprada por los propios bancos a cambio de sus activos, por lo que, al tener el aval del estado, podrían transformarla en dinero al utilizarla como colateral en el BCE. En ambos casos, la UE debería ser consciente que la situación es difícil y que la solución de nuestros problemas, tanto de déficit, como de deuda, pasan por la activación del sistema económico.

Con el dinero que recibieran los bancos, la normativa exigiría que al menos un 80% se hubiese dedicado a préstamo nuevo en un plazo no superior a seis meses, de forma que, según todos los analistas, se habrían inyectado al menos 80.000 millones de euros en préstamos al sector productivo.

Con respecto a la gestión de la sociedad, en primer lugar tendríamos que definir su estatus. Algunos analistas están hablando de ‘sociedad de gestión’ con la ventaja que quedaría fuera de la órbita del Banco de España. Yo prefiero decirlo como tal: banco. Además de tener la supervisión del BdE, al ser un banco podría acceder al mercado interbancario con plenas garantías para la obtención de fondos si fuese necesario. Y, en el futuro, podría ser el embrión de un banco público que permitiese la gestión de las crisis financieras con mayor elasticidad que las instituciones actuales.

El Banco recibiría activos de cuatro clases: pisos hipotecados con clientes en mora; pisos terminados pero sin vender; pisos en construcción; y suelo urbanizable.

Con los pisos hipotecados con clientes en mora, inicialmente no haría nada, tan sólo cobrar las cantidades adeudadas en forma de cuotas. En el caso de imposibilidad del pago, renegociaríamos las condiciones para hacerlas más flexibles. En caso de, aun así, no ser suficiente, se aplicaría la dación en pago de forma que el contrato se convirtiese en uno de alquiler durante 5 años con pacto de recompra a un precio predeterminado, generando un 20% de beneficio mínimo para la entidad, es decir, se produciría una rebaja del precio de un 40% sobre el valor inicial.

Con los pisos terminados sin vender, se haría una gestión comercial de venta con un rebaja del 50% de su valor inicial en libros. Si no se consiguiesen vender, en el plazo de un año se pasarían a una bolsa de alquileres sociales, en aquellos casos en que fuese posible, o a su explotación como alquileres turísticos para las zonas donde sea necesario.

Con los pisos en construcción, se modificarían las condiciones de los planes urbanísticos que los generaron en caso de no existir ningún promotor que los quisiera terminar para su venta. En caso de existir un promotor que quisiera continuar con la inversión en sus términos actuales, necesitaría un aval por el 100% de los costes. La norma establecería los porcentajes máximos de crédito asumibles en cada zona y, en consecuencia, el riesgo máximo que se podría producir.

Finalmente, con el suelo urbanizable, cabrían dos opciones: la primera sería la subasta del mismo en el mercado, obviamente modificando el plan urbanístico que lo desarrollaba; la segunda, el retorno a los ayuntamiento para que lo utilizasen en dotaciones para la ciudadanía o en polígonos industriales que generasen ingresos para las arcas municipales. Las dotaciones para la ciudadanía podrían ser gestionadas por empresas privadas si así lo considera conveniente el ayuntamiento que las reciba. En todo caso, no se permitiría su vuelta al mercado como suelo urbanizable en un plazo de 10 años, de forma que los ayuntamientos no se quedasen con los terrenos para volver a inflar una burbuja de precios.

En un plazo de 20 años, el banco debería haber sido capaz de liquidar los activos que asumió, por lo que perdería su razón de ser a no ser que el gobierno de turno lo mantuviese como un banco público que actuara en el mercado como cualquier banco comercial, eso sí, con los máximos estándares de solvencia establecidos por las autoridades. Con lo beneficios que se generen, que los habrá, se podría reducir el déficit público vía la obtención de ingresos por el Estado.

Si esta operación se hiciese bien, podríamos terminar con el problema financiero en un plazo muy breve de tiempo, nuestras instituciones volvería a la rentabilidad y el crédito volvería a fluir por el sistema permitiendo la financiación de proyectos que en este momento están parados, con la consiguiente mejora económica y disminución del número de parados de la economía a medio plazo.

Y alguien se preguntará, ¿de dónde sale el personal para la gestión del banco malo? La respuesta es sencilla, de los trabajadores públicos que se quiere despedir o, en su defecto, de las listas del paro, que hay casi 6 millones de personas dispuestas a ello.

@juanignaciodeju

viernes, 13 de abril de 2012

¿Y SI SALIMOS DEL EURO?

En estos días estoy leyendo opiniones muy diversas sobre la solución a los problemas de la economía española y muchas de ellas se centran en la ‘solución milagrosa’ de la salida del euro. Como es una solución que se está poniendo de moda, podemos intentar hacer economía ficción con ella y aproximar un análisis de las consecuencias y las posibilidades.


Lo primero que tenemos que hacer es preguntarnos por qué, es decir, cuales serían las ventajas de tamaña operación financiera para España y cuál sería la senda a seguir por nuestra riqueza. Tendríamos dos ventajas de la salida del euro:

1.-En primer lugar, al recuperar nuestra moneda, podríamos volver a las devaluaciones competitivas como medio para el crecimiento de la producción. Produciríamos con la misma tecnología que nuestros ex socios pero nuestro tipo de cambio nos haría mucho más competitivos, lo que podría significar un fuerte impulso económico. Lógicamente, sometidos a nuevas depreciaciones o apreciaciones de moneda que pudieran ocurrir.

2.- En segundo lugar, podríamos rediseñar el esquema de funcionamiento de nuestro Banco de España para que fuese más activo en la política monetaria y posibilitase la transición con dinero nuevo, introduciendo el elemento transcendental en la política monetaria que es el de ser el prestamista de última instancia.

Como ventajas, no se me ocurre ninguna adicional. Son potentes las dos reseñadas, pero ahora hay que analizar los inconvenientes y ponderar la solución. Hay que considerar que, a diferencia de un proceso de integración, las salidas no pueden planificarse con tiempo, deben hacerse por sorpresa y de forma enérgica.

1.- Redenominación monetaria. Hay que redenominar todas las anotaciones contables del país en la nueva moneda, que, para simplificar, llamaré peseta. Eso provocaría una parálisis de la producción de unos días mientras se aplican las soluciones informáticas que tuviéramos a mano o aquellas que deberíamos fabricar. Adicionalmente, se producirían unas vacaciones bancarias, es decir, los bancos tendrían que cerrar por unos días para aplicar el cambio de la denominación.

2.- Convivencia de las monedas. Dado que no habría tiempo para la emisión del nuevo papel moneda, durante un periodo tendríamos que hacer convivir dos monedas simultáneamente, de forma que volveríamos al doble etiquetado, al cálculo mental, etc. Aunque inicialmente ese cambio sería 1 euro = 1 peseta. El gobierno tendría que velar por no permitir una depreciación inicial de la moneda para evitar mantener durante un periodo muy largo de tiempo un corralito financiero. Se produciría una distorsión en el sistema de precios, con lo que una solución puede ser la vuelta a un sistema de precios regulados de forma que se limitaría la competencia y algunas empresas quebrarían.

3.- Aparición de un corralito financiero, entendido como la imposibilidad legal de movilidad del capital fuera de nuestras fronteras (incluso dentro, como ocurrió en Argentina), ni siquiera mediante transacciones electrónicas. Con esto evitaríamos la salida de capitales, pero paralizaríamos la actividad comercial internacional de España y, en consecuencia, tendríamos un periodo de autarquía no deseable por ningún medio, con incrementos de precios dada la desaparición de la competencia exterior que se produciría.

4.- Inflación. Una vez cambiadas todas las monedas y puesta en circulación la peseta, deberíamos volver a las cotizaciones en el mercado para procurar el comercio de nuestros bienes y la compra de productos extranjeros, lo que ocasionará una depreciación inmediata de nuestra moneda y, en consecuencia, una fuerte inflación que deberemos atajar. Por ejemplo, con la pérdida de competividad de la economía española en los últimos años, nuestra moneda debería depreciarse un 50% como mínimo, con lo que el euro valdría 1,5 y la mantequilla alemana, que ahora compramos en el supermercado por algo así como 2 euros pasaría a costar 3 pesetas, reflejando la subida del 50%. Además, dada la estructura productiva que tenemos y fuera del paraguas del euro, probablemente la moneda volvería a mostrar nuestra debilidad y el tipo de cambio alcanzaría en poco tiempo el nivel de introducción del euro, lo que ocasionaría un fortísimo incremento de los precios y, en el peor de los casos, una hiperinflación alimentada por la liquidez que, necesariamente, debe poner en circulación el Banco de España para paliar inicialmente la situación.

5.- Salida de la Unión Europea. Como no cumplimos nuestros compromisos, se produciría la salida inmediata de la UE y, en consecuencia, la pérdida de los derechos adquiridos y, quien sabe, la devolución de las ayudas recibidas (o parte de ellas).

6.- Depreciación del valor de nuestros activos. Lógicamente, nuestras deudas y nuestras rentas se denominarían en la nueva moneda, la peseta, con lo cual ahora deberíamos al banco, por poner un ejemplo, 150.000 pesetas, en vez de los 150.000 euros anteriores. El problema vendría por la depreciación del valor de los activos, que lo convertiría prácticamente en baratijas una vez aplicada la depreciación de la moneda de forma que serían comprados por los inversores extranjeros. De la misma manera, se actualizarían también nuestros salarios, con lo que pasaríamos a cobrar en pesetas. Todo esto implica un fuerte empobrecimiento de la economía, situándonos al nivel de las naciones del tercer mundo en todos los aspectos.

7.- Grandes quitas de las deudas, tanto publicas como privadas, dado que con el cambio de moneda, la depreciación y la inflación que se va a generar harían imposible para el Estado y los particulares pagar las deudas. El problema principal es que nuestras deudas externas seguirían nominadas en la moneda fuerte, en este caso el euro, pero nuestra capacidad de pago está ahora depreciada por la nueva moneda, más débil después de la depreciación sufrida. Además, nos encontraríamos con el cierre de los mercados financieros internacionales y no podríamos encontrar financiación exterior en tanto y cuanto no pagáramos lo que debemos, una vez producida la quita.

El efecto sobre la economía sería, inicialmente, una fuerte caída de la renta adicional a la que ya estamos teniendo para, al cabo de un par de años, iniciar una recuperación que, dependiendo de varios factores, será más o menos intensa. Las experiencias previas (Argentina, Rusia) indican un periodo de 4-5 años para alcanzar el nivel anterior a la salida, pero las situaciones de partida no son comparables con la española y, en consecuencia, no podemos predecir la evolución, que probablemente sería peor en el caso Español.

En consecuencia, desde mi punto de vista, sería no deseable plantear esta situación, y buscar otras soluciones más razonables.

viernes, 6 de abril de 2012

PRESUPUESTO Y PRIMA DE RIESGO

Este economísta perplejo está a punto de cambiar su nombre y pasar a llamarse El Economista Indigando. Resulta que hace más o menos un mes y medio escribí lo que nos está ocurriendo, después de las intervenciones orales de los miembros del gobierno. En dos post del 14 y del 16 de febrero (La Prima de Rajoy y Ahora También la Prima de De Guindos) vaticinaba la reacción de los mercados a la política que se estaba poniendo en marcha. Porque si uno analiza la reacción de los mercados, sin la camisa de fuerza de los datos encima de la mesa y únicamente con el conocimiento económico y la lógica de los acontecimientos desde junio de 2011, se da cuenta de las peticiones del mercado, que no tienen nada que ver con las decisiones políticas que se están adoptando desde la Unión Europea ni con la situación económica particular de los países europeos. Por ejemplo, cuando se aprobó incialmente el segundo rescate griego se introdujo un término que gustó mucho a los mercados: se dijo que la solución a Grecia pasaba por la reestructuración de la deuda y una especie de Plan Marshall para ese país. Y los mercados reaccionaron con euforia, con fuertes subidas de las bolsas y bajadas de las primas de riesgos de los países periféricos. Luego la realidad cambió y los mercados reaccionaron mal, dejando prácticamente invariable la situación con dudas muy altas.
Otro ejemplo lo presenta España. Con el presupuesto aprobado, alabado por Europa por ser restrictivo y tendente a la austeridad, que ataca caulquier atisbo de recuperación de la economía y que castiga de forma imprevista todas aquellas partidas que podrían significar una mejora de nuestra capacidad productiva (becas, I+D+i, formación de los parados, etc), los mercados se han puesto nerviosos y todos nuestros indicadores de riesgo se han incrementado. Además, todo esto se ha visto alimentado por las declaraciones de nuestros responsables económicos, que no hacen más que decir que estamos en una situación crítica. Y Yo me pregunto: si voy al banco y le digo al director que quiero un crédito porque estoy en situación crítica y encima voy a perder ingresos durante este año y el siguiente ¿me darán el crédito? La respuesta es que no, que me mire con cara de incredulidad y me digan que el departamente de riesgo de la entidad no aprueba el crédito. Pues a los mercados les estamos diciendo eso precisamente, que nuestra situación económica es crítica y que encima vamos a ir a peor en los próximos años. Y encima pretendemos que continuen apoyándonos y dándonos dinero, De ahí que la prirma de riesgo se haya disparado en estos días.
Qué podemos hacer? De momento, estar callados. Que nuestros ministros se vayan de procesiones las siguientes 104 semanas y no digan nada, por favor. Cada vez que hablan, mal. Así que, mejor calladitos. O cesados, que sería mejor. Después hacer las cosas bien, que hasta el momento no estamos muy afinados en las medidas. Analicemos.
La reforma del sistema financiero todo el mundo que piensa un poco se ha dado cuenta que no sirve, que se queda corta. Con 50.000 millones de provisiones adicionales, que es en lo que se trasluce todo, no es suficiente; se necesitan otros 100.000 millones adicionales y de forma urgente, porque estamos ocualtando el problema más grave del sistema financiero y es que sólo una entidad necesita 45.000 millones si alguna vez se dice la verdad. Y las fusiones que se están produciendo no mejoran la situación, sino que vamos creando bancos zombies cada vez más grandes y amplificando los problemas. Si tanto estamos siguiendo la política que nos marcan desde Europa, hagamosles caso y pidamos el dinero necesario al Fondo de Estabilidad y acabemos de una vez con el problema limpiando los balances de los bancos, especialmente de las cajas de ahorro. Y hagamos algo distinto, que lo planteado no vale. Creemos un banco malo, con determinadas ayudas legislativas europeas, como por ejemplo que eso no compute en el déficit, y que los bancos empiecen a funcionar, que en la actualidad están paralizados totalmente. Suecia demostró en los años 90 que del banco malo se pueden obtener beneficios si lo gestionamos bien y se produciría un alivio de la situación de muchos miles de personas dado que los bancos así podrían prestar dinero sin ningún problema.
Cambiemos el presupuesto en el trámite parlamentario. Como ya apunté, el demonio de los ajustes se encontraba en los detalles y, la verdad, éstos son muy malos. Aparte del revanchismo que se vislumbra en las cifras, que no es pequeño, se abandona todo aquello que nos puede provocar un crecimiento en el futuro no ya a corto plazo, sino a medio y largo plazo. Es de locos que el presupuesto abandone la posibilidad de cambiar nuestro proceso productivo con la disminución de la inversión en I+D en un 25%. Si ya invertíamos poco y estabamos expuestos a lo que otros hacían, pagando ingentes cantidades de dinero por las patentes que teníamos que comprar, ahora será peor. Y nuestra dependencia se incrementará. Pero esto es, como ya he apuntado en otras entradas, pura ideología del gobierno. Es imprescindible que invirtamos en la generación de conocimientos con la formación, luego no debemos reducir las becas tal y como se plantea en los presupuestos. La gran etapa de crecimiento que hemos tenido hasta ahora se fundamentaba en la mejora de nuestros índices educativos. Y, por último con respecto al presupuesto, no abandonemos a su suerte a los parados de larga duración. Si el sistema de formación no funciona, reformémosle, no quitemos el dinero. Es, otra vez, pura ideología del gobierno. Siempre cuento en clase una anécdota de la época de Reagan cuando daban clases de economía al resto del mundo, donde se nos decía que para que una persona encontrase trabajo estando en paro había que dejerle sin ninguna asistencia y así saldría de esa situación. Pues esta medida me recuerda a eso que nos vendían en los años 80. Luego la idea que se vislumbra es la misma que la transmitida por los conceptos que llamábamos reaganomics.
Hay que cambiar de paradigma económico urgentemente. La idea de que la retirada del sector público va a ser cubierta por el sector privado y que la consolidación fiscal va a generar crecimiento por la aparición del sector privado se está demostrando falsa en estas circunstancias, y eso no es ideología particular, son datos actuales. Con lo cual, hay que actuar de forma drástica en la estructura legislativa de nuestras instituciones europeas. Empezando por el Banco Central con sus limitaciones impuestas desde la Alemania de la hiperinflación. Si analizamos el diferente comportamiento de EE.UU y de Europa en esta crisis vemos que la gran diferencia en las medidas tomadas está en la actuación de la Reserva Federal, que ha posibilitado la mejora de los índices americanos frenta a los europeos. Copiemos lo que funciona, fuera del dogmatismo antiinflacionario aleman. Además hay que pensar en el corto plazo, no sólo en el largo plazo. Keynes decía despectivamente que a largo plazo todos calvos. No estoy del todo de acuerdo, pero pensar sólo en el largo plazo tal y como estamos haciendo en este momento no es razonable es este momento ya que hay que pensar y solucionar nuestro problema a corto plazo, ya que con 6 millones de parados a final de año si no implementamos medidas ahora que alivien la situación, no tendremos largo plazo que gestionar. Y para eso Merkel, Sarkozy, Monti, Draghi etc tiene que pensar en el presente y para el presente, y trabajar por el corto plazo y por el largo plazo.
En fin, que continúo perplejo y empeorando mi estado, camino de la indignación.


@juanignaciodeju