viernes, 10 de enero de 2014

UNA INGENUIDAD


¿Y si al final el gobierno de Rajoy tiene un plan? A lo mejor nos lo oculta para que no nos vayamos, o para que mantengamos la moral alta, como los militares en las guerras. O quizás es que no lo podemos conocer todavía. El caso es que no me creo que actúen así sin una hoja de ruta perfilada de antemano. Al menos eso se supone de las mentes que hay por ahí. Alguien en algún momento ha tenido que trazar un plan de acción y discutirlo. Un brain storming para ver si es bueno o malo y decidir cómo y cuándo se pone en marcha. Porque lo contrario sería poco razonable.

¿Y si al final el gobierno de Rajoy no tiene un plan? Todo lo hecho y dicho por sus ministros, secretarios de estado, directores generales etc sería pura improvisación y las medidas adoptadas por el gobierno en los dos años que llevan habrían sido pura y simple improvisación del momento. Eso cuadra muy bien con las dudas con el sistema financiero y las tres reformas que se hicieron en apenas dos meses de gobierno que termino en lo que la mayoría de los economistas pensábamos que tenía que terminar: con la creación de un banco malo. Y el apoyo estatal a los bancos, que nos costó lo que nos costó. En este caso, Rajoy iría día a día aplicando medidas inconexas unas de otras y saliendo al paso de los desafíos que le impone el momento. Entonces si sería comprensible su euforia de final de año. ¡Bastante ha tenido con llegar hasta aquí vivo!

Porque el gobierno está muy contento con la evolución del desempleo, tanto que habla ya de cambio histórico en la tendencia, aunque lo que realmente está ocurriendo es que la gente está abandonando el país o dejando de ser población activa. Si, ha disminuido el desempleo, pero lo ha hecho sin que haya aumentado el empleo. Paradoja fácil de interpretar: la gente lo deja, los inmigrantes se van y los jóvenes españoles también.

Si lo analizamos un poco en profundidad y mezclamos todo en algo conexo veremos lo que ocurre: una política consistente en la deflación interna con increíble sufrimiento de los ciudadanos, a los que se obliga a bajar los salarios (o los costes salariales, que es lo mismo) para mantener su puesto de trabajo y, en muchos casos, una reducción de la plantilla; una política fiscal  que ahoga a ciudadanos y empresas obligándoles a una rebaja de precios no conseguida nunca en el planeta; una política social de rebaja de cualquier beneficio que pueda adoptarse; el establecimiento de un copago en la sanidad en todo lo que se puede establecer, llegando a cobrar incluso por las medicinas hospitalarias a enfermos graves; una rebaja de las pensiones a medio y largo plazo; una presión increíble sobre los consumidores con el establecimiento de precios abusivos en mercados regulados que favorecen exclusivamente a los oligopolios; un empobrecimiento general de las condiciones de prestación de los servicios públicos más esenciales, estableciendo precios públicos muy superiores a los razonables para la situación económica y salarial que estamos viviendo; …

Un pequeño botón de muestra. Al final, de todo ello sale una necesidad de abandonar de los ciudadanos, en algunos casos acelerando el resultado final de sus procesos de enfermedad con el abandono de tratamientos, o la emigración de los jóvenes en los que hemos invertido grandes cantidades de dinero en su formación para que sirvan de mano de obra barata en la Europa rica, o la desaparición de los registros de empleo por el convencimiento de la inutilidad de los mismos. Y de ello se desprende una reducción de la población activa y una reducción del desempleo. Un plan perfecto para decir que se han hecho las cosas bien.

Pero no, sigo pensando que Rajoy  no tiene un plan y sus ministros menos aún. Que improvisan en sus decisiones según se presentan los problemas. Llamarme ingenuo si queréis.

 

@juanignaciodeju

viernes, 20 de diciembre de 2013

EL MAL LLAMADO MERCADO ELECTRICO ESPAÑOL



¿Cómo funciona un mercado? En el plano estrictamente económico, teórico, un mercado funciona como interacción de dos fuerzas: la oferta y la demanda. La conjunción de ambas provoca un equilibrio que determina un precio y una cantidad que libremente se intercambian en el mercado. La demanda depende básicamente del precio del bien (hay otras variables, como es el precio de los bienes sustitutivos, la renta, los gustos) y es una dependencia negativa, mientra que la oferta depende también del precio del bien pero siendo directamente proporcional.

En el plano de la teoría, una disminución de la demanda debe provocar necesariamente una disminución del precio (la secuencia sería que se provocaría un exceso de oferta que haría que el precio bajase) lo mismo que un incremento de la oferta, que igualmente provocará una disminución del precio.

Bien. Pues todo eso, que los economistas llevamos explicando desde el siglo XVIII y que hasta el momento ha funcionado más o menos correctamente, con el sector eléctrico español ha dejado de existir. Y digo esto porque en la subasta de ayer hay una bajada de la demanda, y el precio sube un 26%. ¿Cómo es posible?

Afortunadamente los economistas somos gente espabilada que podemos analizar cualquier cosa (a toro pasado, claro está) y podemos predecir con exactitud lo que ha ocurrido. Eso es una gran ventaja de esta ciencia: somos capaces de no confundirnos en la predicción del pasado. Bien, pues la situación que se ha producido sería posible si se hubiese reducido la oferta. Una reducción de la oferta de una magnitud suficiente sería capaz de provocar que, aunque disminuya la demanda, el precio se incremente.

Dando por sentado este criterio, lo cual puede resultar hasta excesivo, tendríamos que ver quién o quiénes componen la oferta para ver si es posible esa situación. Igualmente, habría que ver quién o quiénes componen la demanda para analizarla.

La oferta la componen todas aquellas empresas que ofrecen electricidad en España. Hay unas cuantas, por lo que aparentemente el mercado debe funcionar correctamente dado que se evita que una pocas empresas puedan influir con sus decisiones en el precio. Aquí incluimos a las hidroeléctricas, nucleares, solares, eólicas, de carbón, petróleo, gas, etc. La mayoría participadas por las grandes empresas de electricidad de España. Luego realmente el mercado está más cerca de un oligopolio. Ahí tenemos un problema que habría que solucionar.

Por el lado de la demanda la cosa tampoco pinta clara: las empresas distribuidoras, es decir, las que van a comprar la electricidad en este mercado mayorista, son también las grandes empresas eléctricas. Luego aquí si podemos decir que dominan el mercado generando un oligopsonio. Pero es que el mercado funciona de forma que estas empresas venden la electricidad a otras que son las comercializadoras. Luego las mismas empresas eléctricas son: oligopolistas en el mercado de producción; oligopsonistas en el mercado de producción y oligopolistas en el mercado de comercialización.

Y encima tenemos una ley que garantiza a las empresas eléctricas que van a cobrar el kw/h al precio de la energía más cara. Es decir, si nosotros pagamos por poner un ejemplo 1 euros por el Kw/h y el coste de la fuente más cara es de 1,5 euros, los 50 céntimos estamos obligados a pagárselo a las empresas. De ahí nace el famoso déficit de tarifa. ¿Influye en algo de dónde proviene la energía que consumamos? No. Si nuestra empresa eléctrica nos aporta exclusivamente kw de energía nuclear, una de las más baratas, da igual y la empresa cobrará como si toda la energía proviene de la solar, una de las más caras.

Bien. En estas circunstancias va el gobierno y le dice a las eléctricas que no le va a pagar 3.600 millones de euros del déficit de tarifa. ¿Qué ocurre? Que desde aquella declaración las empresas eléctricas se pusieron en alerta y maniobraron para conseguir ese dinero de una u otra forma. Negociaron con el gobierno, pero no tuvieron lo que querían, es decir, el pago inmediato de los 3.600 millones. El gobierno les dijo que se lo avalaría. Y el precio empezó a subir. Si existe el mercado como tal, la conclusión es clara: las empresas eléctricas han decidido reducir la oferta hasta conseguir lo que quieren: los 3.600 millones por la vía que sea. O se lo cobramos a los consumidores (subida del 26%) o al gobierno vía deuda pública. Y en medio, decenas de empresas, grandes consumidores de energía, que han tenido que cerrar temporalmente para poder producir en el futuro. Y la batalla final se produjo ayer.

Sería complicado explicar en qué consiste la subasta eléctrica, pero puedo decir que básicamente es una subasta a la baja: se parte de una cantidad y un precio que demanda las empresas por lotes y las oferentes pujan por ellos. Si son las mismas empresas las que demanda y las que ofrecen, ¿no es muy fácil manipular el mercado? La respuesta es si. Pero no por la subasta de ayer, que ha sido descarado, sino por la de todos los trimestres.

Por eso es urgente una reforma del sector eléctrico español que haga dos cosas: por un lado, desvincule a los demandantes de los oferentes. No es posible que una misma empresa esté en un lado del mercado y en el otro. No habrá competencia real. Que las grandes decidan dónde quieren estar, si produciendo electricidad o demandándola. Y por otro permita a las empresas comercializadoras acudir al mercado como distribuidoras, de forma que se rompa el oligopolio y aparezca la competencia. Y con respecto al déficit de tarifa, dado que es muy complicada la diferenciación, establezcamos que el precio que debe regir en el mercado es la media de las fuentes de producción en los últimos 12 meses, de forma que la tarifa sea capaz de equilibrar el mercado.

Falta por determinar qué hacemos con la parte regulada, es decir, aquella donde nos meten todo lo que quieren y un poco más. Desde moratorias nucleares hasta bonos sociales. Incluso los famosos peajes de acceso que estableció el ministro Soria están ahí metidos. Es decir, algo hay que hacer sobre esa parte que representa el 60% del recibo. Lo primero es desenmascarar a las empresas: si levanto la moratoria nuclear, y te dejo hacer centrales, ¿renuncias a esa parte del recibo? Van a contestar que no, que están muy contentas como están y que no piensan invertir ahora en centrales nucleares. Por lo tanto, quitémosla ya.

Los peajes de acceso son los costes que tienen las empresas por acceder a la red. Es decir, los consumidores también pagamos por el coste de las empresas de acceder a la red.

Y así podríamos seguir enumerando cosas que no tienen sentido en un recibo de la luz que, desde el 2004, es decir, hace 10 años, se ha encarecido un 71%. Y contra esto la Comisión Europea no recomienda nada para que baje, más bien que siga subiendo hasta ahogar a los consumidores que no importamos nada.

Cuando alguien ponga en orden este mercado dejaré de estar perplejo. Mientras tanto continúo con mi estado, aumentando un 26%.



@juanignaciodeju



lunes, 9 de diciembre de 2013

QUO VADIS, ESPAÑA?

Seguimos asistiendo atónitos al espectáculo ministerial de vender la piel del oso antes de cazarlo, por mucho que le tengamos rodeado y apuntando directamente a su cabeza. No podemos estar diciendo todo el día que la economía está fenomenal cuando la gente sigue pasando penurias y cada vez más.

Pero si rascamos un poco en la superficie de los datos coyunturales, esos que el ministro Montoro está exhibiendo todos los días, nos damos cuenta que tenemos un problema mucho mayor que conseguir que el déficit se estabilice (cosa que no vamos consiguiendo) o que la deuda no crezca (que esta disparada) o que el PIB deje de caer (eso si es verdad). Ni siquiera es importante que el paro disminuya unos pocos miles o aumente después. Eso son sólo pequeños movimientos de la coyuntura que no anticipan nada. Miremos más a largo plazo.

Y más a largo plazo tenemos que fijarnos, desde un punto de vista económico, en unas pocas cosas que cada vez van algo peor, lo que me provoca cierta desazón.

En primer lugar la educación. Lo primero que hay que desterrar es la idea de que más dinero invertido en educación provoca mejores resultados. Es evidente que no tiene por qué existir esa correlación, pero también que en nuestro país necesitamos la inversión para poder mejorar los conocimientos. Y no es salir mejor en la foto de los informes internacionales, convertidos en una suerte de arma arrojadiza, sino pensar en el futuro del estado como tal. Y para ello necesitamos una conjunción de intereses que pasen por encima de ideologías y de prejuicios. Es necesario ponernos de acuerdo en aquello que debemos considerar esencial, independientemente de las cosas accesorias. Y en eso estamos lejos no, lo siguiente. Y como es una actuación a medio plazo (los resultados tardarían en verse al menos 20 años) mientras tanto empecemos por lo más fácil que es facilitando los medios para educar y enseñar lo mejor que se pueda a nuestros jóvenes. Y la educación es garantía de un mayor nivel de riqueza en el futuro; la falta de ella, de convertirnos otra vez en la proveedora de mano de obra barata al resto del continente.

En segundo lugar, la demografía. El camino que llevamos no es que sea preocupante, es que ya ha traspasado todas las líneas y va a acabar en desastre. Una buena base de población provoca siempre un mejor nivel de vida futuro, tanto por el lado de la aparición de nuevas actividades en la sociedad como por el asegurarnos un relevo generacional tan importante. ¿Y qué se hace por mejorar? Nada es mucho en comparación con las políticas puestas en marcha por los distintos gobiernos, de un signo o de otro. No hay ayudas no monetarias a la conciliación de la vida familiar y laboral en forma de racionalización de horarios, de existencia de una red de guarderías, de mejora de los sistemas de acceso a los servicios sociales. Y monetarias tampoco: desaparecen las ayudas a las familias por la aparición de la crisis, los ayuntamientos dejan de ser la administración cercana en la que buscar los incentivos, … Cuando uno habla de políticas de apoyo a las familias se avergüenza al comentar lo que se hace aquí en España en comparación con otros países a los que pretendemos parecernos. Y un incremento de la población aseguraría nuestro sistema de pensiones. Fácil y placentero.

En tercer lugar, la sanidad. Hemos pasado de tener uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo (en algunas calificaciones era el primero y en otras el segundo) a tener un sistema sanitario camino del desguace tal y como lo conocemos en la actualidad, con profesionales desmotivados, en busca de su beneficio propio, jubilando a los médicos con mayor experiencia (que no edad), provocando la falta de financiación de las cosas más básicas, … Todo para cuadrar unas cuentas que tenían, y tienen, difícil cuadre. Y todo ello sin definir una cartera de servicios básicos para los que asegurar una financiación y dejar de lado una competencia desleal entre comunidades autónomas vecinas por obtener un puñado más de votos. Pensemos en definir una cartera de servicios de obligada financiación y establezcamos un sistema de copagos para el resto de la cartera de servicios que pueda ofrecer un gobierno regional. Es sólo una idea sin desarrollar. No lo toméis como algo definitivo.

Y por último, nuestro sistema político, con un nivel competencial de tal magnitud que es imposible descubrir la utilidad de ciertos puestos de trabajo en la Administración. No es de recibo que existan hasta cinco niveles administrativos más o menos desarrollados de forma generalizada (ayuntamiento, mancomunidad, diputación, comunidad autónoma y gobierno central) que se incrementarían si sumamos la realidad europea. ¿Dónde preguntamos por nuestra necesidad? Porque la administración pública surge para facilitar la vida a los ciudadano, no para complicársela aún más. Y en la actualidad el problema es que no vemos que se nos ayude, sino más bien que se ayuden los políticos a sí mismos. Una racionalización de la Administración en su conjunto sería la mejor reforma estructural que podría realizarse. Pero hay que pensar en una única palabra: ADMINISTRACION. Da igual el nivel que tratemos, sólo tenemos que contemplar una Administración.

Hace años algunas empresas ensayaron un sistema de administración descentralizada por productos, departamentos, etc. Fracasó y decidieron volver a un solo sistema. Nosotros lo hemos intentado: ya hemos visto que ha fracasado. No digo que haya que volver a una sola administración, lo cual sería imposible en la realidad actual (al menos pacíficamente), pero si en que independientemente del sistema que elijamos hay que mostrar al ciudadano que existe una única administración, de forma que uno pueda, por poner un ejemplo, solicitar cita al médico especialista del hospital que le corresponde a través de su ayuntamiento, al cual puede acudir más fácilmente, en muchos casos, que al centro de salud. Es decir, desarrollar el concepto de Administración Única tan manido y tan poco explicado. Y para eso es indiferente el desarrollo político, sólo es necesaria una voluntad de colaboración y de unificación de criterios que no existe en la actualidad.

Hay que profundizar en las reformas estructurales, que son la garantía de crecimiento futuro de la renta, lo que no implica hacer recortes. Y hay que estar menos pendiente de los demás, por mucho que sean tus jefes y manden mucho en Europa. Al menos eso opina este economista perplejo.





@juanignaciodeju

viernes, 20 de septiembre de 2013

ESTAFAS QUE NOS PERSIGUEN III: LA CRISIS


Uno que ya tiene unos años recuerda como a principios de los años 90 los ministros de economía de este país nos decían que el estado del bienestar era impagable y que tendríamos que renunciar a él. Y leía periódicos que decían que los gobiernos eran unos manirotos por aquello de gastarse el dinero en cosas tan ‘poco productivas’ como la sanidad, la educación, el desempleo. Y recuerda como un ministro de economía llamado Solchaga era el primero que se dedicaba a hacer reformas en el desempleo limitando los derechos de los ciudadanos.
Otro ministro de economía que ya lo fue en aquella época, Solbes, dijo solemnemente a la ciudadanía que aquellos que en los noventa tuvieran entre 40 y 50 años deberían pensar que no iban a cobrar una pensión del Estado. Y, por supuesto, los más jóvenes era evidente que pagarían las pensiones que nunca iban a cobrar.
Y había un país, Alemania, que se ponía ejemplo de reducción del estado del bienestar porque eliminó un derecho de sus trabajadores: el de pasar una semana al año a costa del estado en un balneario.
Es decir, que hace ya 20 años que, con motivo de una crisis económica ocasionada por la deuda (ya sea pública o privada) se nos amenazaba con que el estado del bienestar era inviable y que deberíamos pensar en liquidarlo.
Y los gobiernos ya nos decían que eso de que el Estado pagase la educación, la investigación y la sanidad de la población en general era inviable y que había que establecer un sistema de copago que posibilitara la supervivencia del sistema.

Es decir, hace 20 años que aquellos que influyen en la economía (que no los gobiernos, que de esto no saben) ya nos advertían que algo teníamos que hacer.
20 años después, después de una crisis de deuda (básicamente privada, no lo olvidemos) se nos dice que el Estado no puede pagar el sistema del bienestar y se nos empiezan a recortar los derechos: nos hacen pagar parte de la sanidad; nos hacen pagar una parte cada vez mayor de la educación no obligatoria; se deja de financiar el sistema de investigación con dinero público; se recortan los derechos laborales de los trabajadores lo que ocasiona una disminución salarial y, en consecuencia, de la renta y el consumo, … Se ha aprovechado que hay un problema para aplicar un programa económico de máximos que hemos evitado durante muchos años.
Y no es casualidad que en los países europeos, único continente con un sistema de protección social avanzado, los países centrales estén todos gobernados por gobiernos de un mismo color político, y que el único que no lo está, Francia, se le diga que tiene que actuar urgentemente antes de tener un serio problema de financiación.

Porque la crisis que estamos viviendo esta ocasionada por un sobreendeudamiento privado, especialmente en España. Cuando comienza la fiesta, allá por el año 2008, nuestro país tenía sólo un 50% de deuda, mientras que el sector privado ya estaba cerca del 300%. Luego no era un problema de insostenibilidad del sistema de pensiones, o de exceso de gasto del sistema sanitario, que lo había; ni de excesivos profesores en las aulas; era un problema de deuda privada lo que provocó que la economía frenase en seco y provocase lo que estamos sufriendo en la actualidad.  Y no era un problema de déficit público por el excesivo gasto sanitario del estado el que ocasionó que los bancos no pudieran financiarse en los mercados, sino la propia codicia de los directivos que acumularon deuda incobrable procedente de los derivados norteamericanos que ni ellos mismos sabían que los tenían.
A finales del año 2008, el primer ministro laborista del Reino Unido, Gordon Brown, solicitó solemnemente a los bancos ingleses que le dijeran cuántos de sus activos eran tóxicos para que el gobierno británico los comprase y así pudieran funcionar. No hubo respuesta. O no lo sabían o no lo querían decir.
Aquí se hizo algo parecido. El gobierno les dijo a los bancos que les avalaba deuda por importe de 150.000 millones de euros con tal de que la utilizaran para limpiar sus balances y deshacerse de los activos no útiles. El resultado lo conocemos todos: no lo hicieron y, al final, les tuvimos que nacionalizar (en el caso de las cajas, en primer lugar privatizar e inmediatamente después, nacionalizar: una jugada redonda, en sentido literal). Y la broma nos costó otros 40.000 millones adicionales.
Y, al final, la conclusión que los que mandan han puesto en boca de los políticos: ‘hemos vivido por encima de nuestras posibilidades’ no es una frase vacía, encierra toda la filosofía que nos están aplicando inmisericordemente a los ciudadanos. Pero con una salvedad: los que hemos vividos por encima de nuestras posibilidades éramos el sector privado; el ajuste lo estamos haciendo en el público.
Y tampoco es casualidad que los recortes se estén realizando en aquellas áreas donde el sector privado está más implantado: sanidad, educación, investigación. ¿Por qué ningún gobierno ha planteado, por ejemplo, la desaparición de todos los cuerpos de policía duplicados? ¿o del ejército, transfiriendo esa función a la OTAN?, ¿o de las embajadas, proponiendo la fusión de todas las delegaciones de los 27 en una sola?. No se generaría negocio, luego no es interesante.
En definitiva, que la crisis, que es cierta, se ha utilizado, como siempre, para aplicar unos postulados específicos, con el argumento de que no podemos hacer otra cosa. Y eso implica que dejamos de pensar por nosotros mismos y aplicamos las recetas que nos mandan, aun cuando estén equivocadas, que lo están a pesar de los resultados que nos estén vendiendo. Y que se aprovecha una cosa (la crisis de deuda) para eliminar aquello que no nos interesa (el estado del bienestar) sin que se produzcan protestas. Y al final hasta lo conseguirán.
 
 
@juanignaciodeju

viernes, 13 de septiembre de 2013

ESTAFAS QUE NOS PERSIGUEN II: LOS MERCADOS

La elucubración sobre el futuro que nos espera es un ejercicio al que me he dedicado en las últimas semanas con el objetivo de completar la serie de artículos que comencé con los bancos de inversión. Si no somos capaces de controlar el funcionamiento de los mercados financieros (y después de seis años de crisis, seguimos igual que al principio) abandono cualquier intento de reformar lo más básico y, simplemente, me dedico a elucubrar sobre cómo serán las cosas en el futuro en función de cómo han evolucionado hasta el momento actual.

Y en ese ejercicio me he sorprendido intentando conocer los mercados actuales y su evolución futura. Y he comprendido que, en la gran mayoría de los casos, son estructuras que tienden a la concentración y a la dispersión, situación contradictoria que pienso mantener. Tienden a concentrarse, creando inmensas estructuras empresariales que son capaces de dominar los mercados y, en lugar de continuar según el modelo económico del líder y seguidor, a dispersarse los demás en busca de nichos de mercado más específicos y que les permitan mantenerse, pero que rápidamente generan entradas de nuevos competidores y, en consecuencia, de estrechamiento de los mercados y abandono de las empresas.

Por ejemplo, los bares. Antes las cafeterías o los bares eran lugares indefinidos, que se mantenían por la inercia y donde no existían excesivas diferencias entre ellos, de forma que uno podía entrar en cualquiera y tomarse las mimas cosas. La diferencia la encontrábamos en la excelencia de la persona que se encontraba tras la barra. En la actualidad, se tiende a una concentración del negocio en pocas manos, existiendo cadenas de cafeterías como Starckbucks, donde uno se toma un café, o de restaurantes como los 100 montaditos o Cañas y Tapas, donde la especialidad es la misma. Y sólo termianrán sobreviviendo aquellos bares tradicionales donde exista una especialidad muy marcada en algo muy concreto, pero que les permita mantener una relación calidad / precio adecuada y, obviamente, unos beneficios suficientes para mantenerse en el mercado.

Eso implica que los mercados, tal y como los hemos estudiado hasta el momento en la disciplina de la teoría económica, están desapareciendo y generándose nuevos modelos que deberemos comprender y estudiar. Modelos que se basarán en la dualidad de Muy Grande/Muy Pequeño, es decir, algo donde podemos encontrar lo general (Muy Grande), donde no tendremos problemas de nada, y varias mucho más pequeñas que se especializarán en aquello que el otro no pueda abordar. Eso significa que todo aquello que no se adapte a este modelo tenderá a desaparecer. Si nos fijamos en los mercados de distribución, las grandes cadenas serán las dominantes en el futuro, pero existirán oportunidades de negocio en aquellos productos que no sean capaces de cubrir y que deberán ser abordadas por los Muy Pequeños. Es una fragmentación de los mercados evidente, que posibilita la concentración en pocas manos de grandes cantidades del mercado dejando las minucias para el resto, generándose nuevos mercados cada vez más pequeños y con muy pocos oferentes.

Esta estructura implica varios peligros desde el punto de vista de la economía. En primer lugar, la concentración implica disminución de la competencia, el dominio del mercado y, obviamente, la existencia de precios más elevados. Si cogemos el mercado de la distribución de petróleo en España, la concentración en pocas manos ha propiciado que los precios puedan subir en condiciones donde la teoría económica predeciría una bajada por la disminución de la demanda. O la electricidad, donde la concentración de la distribución implica que el precio no baja aun cuando la demanda disminuya. La teoría económica no explica esos procesos, al caer la demanda el precio debería bajar, pero está subiendo.

Y esta nueva forma de organizarse los mercados implica que la sociedad debe cambiar de forma de actuar y adaptarse a esta nueva realidad, donde tendrá más peso el marketing que la calidad y donde el éxito a corto plazo será más fácil, pero más complicado mantenerse a medio plazo. Al mismo tiempo, las superestructuras que se generan tendrán tal peso en la sociedad que se convertirán en sistémicas, de forma que el papel de los estados se modificará hacia protector de los muy grandes por su importancia en la economía. ¿Algún político podría aceptar que, por ejemplo, el Corte Inglés se declarara en quiebra? Parece que si eso fuera a ocurrir, la actuación del político sería la de ayudarle para evitar esa mancha.

Por lo tanto, tendremos sectores clave dominados por empresas clave. Y los estados deberán abandonar el capitalismo en ciertos momentos para ayudar a esas empresas clave en esos sectores clave, dejando todo lo demás al margen. No será posible que cualquier gobierno deje caer a una empresa como Endesa, aunque le dará igual que se hundan todas las empresas generadoras. Ni, por supuesto, podrá dejar que una empresa como Repsol desaparezca, aunque le importará poco que la gasolinera de la esquina tenga que cerrar. Ese es el modelo que se está construyendo y al que nos tendremos que ajustar, aunque no nos guste.

Ya lo hemos visto con los bancos y en el futuro lo veremos con todos los demás sectores clave de la economía. Por lo tanto, lo primero que tendríamos que hacer es empezar a crear estructuras de salvamento de esas empresas, mecanismo de regulación de las actividades y tasas específicas para la resolución de los problemas. Cualquier cosa que no vaya en ese camino nos conducirá a situaciones como las vividas con los bancos.

Aunque lo más racional sería modificar el funcionamiento de los mercados, establecer de nuevo la competencia, liberalizar los sectores y evitar la concentración de las empresas generando oligopolios u oligopsonios. Pero eso es lo racional, no lo habitual. Y ya no espero nada de racionalidad en los que mandan.





@juanignaciodeju

jueves, 11 de julio de 2013

Y LA ECONOMÍA SE ESTABILIZA. FUTURO EN FORMA DE L.

Al final parece que la economía española se está estabilizando, que ya no va a caer más y que dejaremos de perder capacidad productiva. Después de siete trimestres consecutivos y de 6 años de crisis profunda, los indicadores empiezan a mostrar que hasta aquí hemos caído. Es una excelente noticia, sin duda, pero está llena de sombras.

La primera de ellas (y la más evidente) son los 6 millones de personas que están en el desempleo. De ellos, los 4 millones que han perdido su trabajo en los últimos 6 años y sobre los que nadie parece estar preocupado. En particular, los 1,5 millones de parados de larga duración y edad superior a los 45 años. Será difícil que vuelvan al mercado regulado de trabajo y tengan que conformarse con mantenerse en la economía sumergida, el subempleo y la vida subvencionada. Perderemos ese talento, la experiencia y el conocimiento que han acumulado a lo largo de sus vidas

Preocupan extraordinariamente los jóvenes sin empleo, sobre los que se ha puesto en marcha un plan, que empieza en el año 2014, dotado con 1.800 millones de euros. Debemos centrarnos en reducir también esta cifra que amenaza el capital humano atesorado en su etapa de formación y que parece vamos a perder (vía la emigración a países donde se valoran sus conocimientos) y, en aquellos casos en que abandonaron la educación por un trabajo fácil y bien remunerado, habrá que apostar fuerte en el reciclaje de sus conocimientos. La labor es titánica y parece insuficiente la dotación presupuestaria asignada por la Unión Europea.

Inquieta las casi 2 millones de empresas (pequeñas y autónomos) que han desaparecido en este periodo. Será difícil que ninguna ley o ventaja fiscal, recupere el agujero que se ha producido en el tejido productivo. Por bienintencionada que sea la ley, la empresa necesita algo más que rebajas de costes para ponerse en marcha.

Descorazona la desaparición de una treintena de bancos de la economía española. Es cierto que el sector estaba sobredimensionado, pero la concentración del mercado que se ha producido (y la que, probablemente, se va a producir en los próximos meses) puede terminar siendo muy costoso a las PYMES españolas en relación con sus homólogas en el resto de Europa. Los elevados costes de financiación que sufren nuestras empresas (si consiguen tener acceso al crédito) están relacionados con nuestra prima de riesgo, es indudable, pero también con la cada vez más escasa competencia en el mercado financiero español. De momento, sólo podrá cubrirse con entidades extranjeras que quieran instalarse aquí, de ahí la importancia de la unión bancaria que se quiere potenciar.

Y, finalmente, asusta el futuro al que nos enfrentaremos con una política cortoplacista que ha desdeñado al I+D+i para centrarse en la coyuntura más cercana. Cuando estabilicemos nuestros desequilibrio y creamos tener un futuro por delante, nos encontraremos con un déficit de I+D+i que ya no podremos cubrir. Y habremos perdido ingresos que pudieran derivarse del conocimiento abandonado, de forma que las patentes serán de otros y los royalties, obviamente, también. Este retraso tecnológico será una gran losa que nos pesará en los siguientes cincuenta años a no ser que alguien se ponga ya a recuperar parte del camino perdido. Y digo recuperar conscientemente de que lo que se necesita es dotar los proyectos abandonados como si no hubieran sufrido los recortes y continuaran en su misma línea, pero 5 o 6 años después, acumulando las cantidades que deberían haberse aportado desde ese instante. No se recuperará el terreno perdido, pero el estado del conocimiento actual permitirá avanzar en nuevas líneas y plantear un futuro para dentro de diez años. Porque podemos parar todo, menos el tiempo.

La economía se estabiliza. Es un hecho importante. Pero hay que ver en qué centramos la recuperación para empezar a apuntalarla.

En primer lugar, el consumo. Parece que no será un motor de la recuperación. Continuaremos con un nivel de apalancamiento muy elevado y una tasa de ahorro excesivamente baja. Todo ello unido a una renta individual cayendo como consecuencia de la política de deflación interna que nos han obligado a poner en marcha y un mercado del crédito paralizado por la situación de nuestro sistema financiero. Es decir, no podemos esperar que el consumo crezca mucho en los próximos años. Y sin consumo, no habrá un punto de apoyo de todo lo demás.

El gasto público parece condenado de por vida a mantener niveles cada vez más pequeños, dado el altísimo nivel de deuda pública que tendremos en un futuro más o menos cercano (se alcanzará más pronto que tarde el nivel del 100% del PIB). Por lo tanto, difícilmente el estado podrá convertirse en motor de nada, eso si, con un déficit público que podemos denominar ‘cosmético’: bajo pero positivo.

Con respecto a la inversión, con el panorama que se prevé en la economía, tampoco parece que sea una palanca para la recuperación en el futuro cercano. Es de esperar que crezca, si, pero a niveles próximos a la inflación, es decir, estancamiento total.

Nos quedaría el sector exterior, que puede ser el único motor de la economía. Pero con el panorama de las economías emergentes en la actualidad (con datos preocupantes en China y Brasil) y el de las economías desarrolladas, paralizadas por su alto endeudamiento, será difícil que el comercio internacional se incremente y, en consecuencia, sólo podremos ganar mercado si vamos compitiendo con otros países. Y la actuación del BCE no es garantía de ganancia de competitividad a medio plazo.

Con este panorama. Parece evidente que, o cambian las cosas o nuestra economía se enfrenta a años de estancamiento y, en consecuencia, a mantener desequilibrios preocupantes durante un largo periodo de tiempo. Espero confundirme.







@juanignaciodeju

lunes, 18 de marzo de 2013

LA TRAGEDIA CHIPRIOTA

Volvemos a la teoría del sufrimiento de los incumplidores tan del gusto de los alemanes y los líderes europeos. Y esto ya nos suena a todos. Estaba preparando mi nuevo artículo sobre las estafas legales que nos rodeaban, el correspondiente al sector eléctrico, pero esta estafa chipriota es mucho más sangrante, mucho más importante para los ciudadanos europeos. Es, como parece que se empieza a mover, la liquidación del euro como moneda, tal y como la conocemos, y, en consecuencia, el final del sueño de una Europa unida.

Porque los chipriotas están experimentando el quinto modelo de rescate europeo de sus economías: el griego, con sus imposibles condiciones; el irlandés, donde se preserva la anomalía fiscal que se presentó en el ‘tigre celta’; el portugués, preservando los derechos de los poderosos y cargando todo el ajuste sobre los ciudadanos; el español, donde se imponen condiciones que van más allá de las justas y necesarias para los bancos; y ahora el chipriota, donde la troika impone condiciones para salvar a los bancos que afecta gravemente a los ciudadanos.

Cinco modelos de rescate para no tener una solución. Y todo porque están todos trufados de ideología económica y no de análisis de la realidad. Nadie parece querer ver esta crisis no tendrá fin mientras se continúen aplicando las actuales políticas.

En Chipre han dado un paso más. Estamos de acuerdo que garantizar los depósitos procedentes de los ciudadanos rusos y de origen poco claro puede ser moralmente reprochable, pero también estaremos de acuerdo que saltarse las leyes a la torera y desvirtuar las garantías para satisfacer los derechos de los acreedores, cuando además hemos sido los propios europeos los que hemos contribuido a la situación de los bancos chipriotas con nuestra actuación en Grecia, es violar el principal principio que determina los que es una democracia y lo que no. Si no hay garantías de que las leyes se cumplen, no tendremos democracia, y eso es lo más importante.

Porque Chipre era un experimento europeo de atracción de los fondos financieros de los ciudadanos rusos, donde les garantizábamos el poder adquisitivo y la revalorización de su valor vía una moneda fuerte dentro de una economía fuerte. Los bancos chipriotas invertían esos fondos, entre otras cosas, en deuda griega, que estaba garantizada por la troika con su política de rescate, que nos dijeron que era suficiente para su sostenibilidad. Pero el fracaso griego, con la insostenibilidad de su economía por la mala actuación de la troika y el fracaso de la política deflacionista impuesta por los ‘líderes’ determinó que los bancos chipriotas empezaran a tener problemas y convertirse en zombies que no podían actuar. En consecuencia, el gobierno chipriota solicitó la ayuda y los acreedores de su deuda, otra vez más los bancos alemanes, determinaron que tendrían que pagar los ciudadanos saltándose todos las garantías legales y, en consecuencia, la democracia y sus principios.

Hemos pervertido la democracia en un solo derecho: que los ciudadanos voten cada cuatro años para elegir a sus representantes. Eso ya lo hacías los grandes dictadores: Hitler llegó al poder ganando unas elecciones. Luego cambió todas las leyes para perpetuarse en el poder y acabar con la democracia. Porque la democracia es mucho más que votar cada cierto tiempo: es garantía de que las leyes se cumplen; de que existe separación de poderes y que los gobiernos no están por encima de los jueces.

Pero la actuación europea en Chipre ha saltado todas las alarmas. Si no se cumplen las leyes, no hay democracia y sólo hay un derecho supremo a mantener: los de los acreedores.

¿Qué ocurriría si Chipre votase no al acuerdo? Pues que su gobierno podría hacer como Islandia y no reconocer la deuda de sus bancos como deuda del estado, por lo que las consecuencias serían devastadoras para aquellos bancos que tuvieran deuda chipriota. No sería muy ortodoxo, pero sería una salvación para los ciudadanos que, eso sí, se verían expuestos a la posible quiebra de los bancos y, en consecuencia, de la pérdida de una parte sustancial de los depósitos. Luego la solución no es fácil para nadie. Es tan compleja que una vez acordado el rescate, tres días después, todavía vuelven a negociar otra fórmula.

Y si el parlamento chipriota acordase votar si al rescate, los ciudadanos podrían oponerse y, por ejemplo, incrementar la economía sumergida en ese país hasta compensar la quita planteada, es decir, que al final el efecto sería nulo o negativo. O bien podría ocurrir que el gobierno ruso, dado que gran parte del dinero de los depositantes en los bancos chipriotas es ruso, podría compensar a sus ciudadanos mediante el incremento del precio del gas que vende a Europa. Es decir, que el acuerdo y la actuación de la UE en este caso no puede ser calificada más que como una chapuza de tamaño universal, violado la esencia de la democracia y, en consecuencia, se ha puesto en duda la existencia misma de la UE y del Euro como moneda. Ha puesto en riesgo la estabilidad financiera del resto de países del sur y puede poner en riesgo la existencia de los mismo bancos sanos o saneados que se pretenden salvar, dado que ante la inseguridad jurídica de los depósitos tras la actuación de la UE puede ocasionar una salida de capitales hacia países donde sí se garantice el cumplimiento de las leyes.

En fin, que lo mejor es que la UE acabe de una vez con la tiranía antidemocrática alemana por sus actuaciones discriminatorias y arbitrarias y se convierta de una vez en una verdadera democracia donde las leyes no puedan ser violadas por las decisiones de los acreedores.



@juanignaciodeju