jueves, 11 de julio de 2013

Y LA ECONOMÍA SE ESTABILIZA. FUTURO EN FORMA DE L.

Al final parece que la economía española se está estabilizando, que ya no va a caer más y que dejaremos de perder capacidad productiva. Después de siete trimestres consecutivos y de 6 años de crisis profunda, los indicadores empiezan a mostrar que hasta aquí hemos caído. Es una excelente noticia, sin duda, pero está llena de sombras.

La primera de ellas (y la más evidente) son los 6 millones de personas que están en el desempleo. De ellos, los 4 millones que han perdido su trabajo en los últimos 6 años y sobre los que nadie parece estar preocupado. En particular, los 1,5 millones de parados de larga duración y edad superior a los 45 años. Será difícil que vuelvan al mercado regulado de trabajo y tengan que conformarse con mantenerse en la economía sumergida, el subempleo y la vida subvencionada. Perderemos ese talento, la experiencia y el conocimiento que han acumulado a lo largo de sus vidas

Preocupan extraordinariamente los jóvenes sin empleo, sobre los que se ha puesto en marcha un plan, que empieza en el año 2014, dotado con 1.800 millones de euros. Debemos centrarnos en reducir también esta cifra que amenaza el capital humano atesorado en su etapa de formación y que parece vamos a perder (vía la emigración a países donde se valoran sus conocimientos) y, en aquellos casos en que abandonaron la educación por un trabajo fácil y bien remunerado, habrá que apostar fuerte en el reciclaje de sus conocimientos. La labor es titánica y parece insuficiente la dotación presupuestaria asignada por la Unión Europea.

Inquieta las casi 2 millones de empresas (pequeñas y autónomos) que han desaparecido en este periodo. Será difícil que ninguna ley o ventaja fiscal, recupere el agujero que se ha producido en el tejido productivo. Por bienintencionada que sea la ley, la empresa necesita algo más que rebajas de costes para ponerse en marcha.

Descorazona la desaparición de una treintena de bancos de la economía española. Es cierto que el sector estaba sobredimensionado, pero la concentración del mercado que se ha producido (y la que, probablemente, se va a producir en los próximos meses) puede terminar siendo muy costoso a las PYMES españolas en relación con sus homólogas en el resto de Europa. Los elevados costes de financiación que sufren nuestras empresas (si consiguen tener acceso al crédito) están relacionados con nuestra prima de riesgo, es indudable, pero también con la cada vez más escasa competencia en el mercado financiero español. De momento, sólo podrá cubrirse con entidades extranjeras que quieran instalarse aquí, de ahí la importancia de la unión bancaria que se quiere potenciar.

Y, finalmente, asusta el futuro al que nos enfrentaremos con una política cortoplacista que ha desdeñado al I+D+i para centrarse en la coyuntura más cercana. Cuando estabilicemos nuestros desequilibrio y creamos tener un futuro por delante, nos encontraremos con un déficit de I+D+i que ya no podremos cubrir. Y habremos perdido ingresos que pudieran derivarse del conocimiento abandonado, de forma que las patentes serán de otros y los royalties, obviamente, también. Este retraso tecnológico será una gran losa que nos pesará en los siguientes cincuenta años a no ser que alguien se ponga ya a recuperar parte del camino perdido. Y digo recuperar conscientemente de que lo que se necesita es dotar los proyectos abandonados como si no hubieran sufrido los recortes y continuaran en su misma línea, pero 5 o 6 años después, acumulando las cantidades que deberían haberse aportado desde ese instante. No se recuperará el terreno perdido, pero el estado del conocimiento actual permitirá avanzar en nuevas líneas y plantear un futuro para dentro de diez años. Porque podemos parar todo, menos el tiempo.

La economía se estabiliza. Es un hecho importante. Pero hay que ver en qué centramos la recuperación para empezar a apuntalarla.

En primer lugar, el consumo. Parece que no será un motor de la recuperación. Continuaremos con un nivel de apalancamiento muy elevado y una tasa de ahorro excesivamente baja. Todo ello unido a una renta individual cayendo como consecuencia de la política de deflación interna que nos han obligado a poner en marcha y un mercado del crédito paralizado por la situación de nuestro sistema financiero. Es decir, no podemos esperar que el consumo crezca mucho en los próximos años. Y sin consumo, no habrá un punto de apoyo de todo lo demás.

El gasto público parece condenado de por vida a mantener niveles cada vez más pequeños, dado el altísimo nivel de deuda pública que tendremos en un futuro más o menos cercano (se alcanzará más pronto que tarde el nivel del 100% del PIB). Por lo tanto, difícilmente el estado podrá convertirse en motor de nada, eso si, con un déficit público que podemos denominar ‘cosmético’: bajo pero positivo.

Con respecto a la inversión, con el panorama que se prevé en la economía, tampoco parece que sea una palanca para la recuperación en el futuro cercano. Es de esperar que crezca, si, pero a niveles próximos a la inflación, es decir, estancamiento total.

Nos quedaría el sector exterior, que puede ser el único motor de la economía. Pero con el panorama de las economías emergentes en la actualidad (con datos preocupantes en China y Brasil) y el de las economías desarrolladas, paralizadas por su alto endeudamiento, será difícil que el comercio internacional se incremente y, en consecuencia, sólo podremos ganar mercado si vamos compitiendo con otros países. Y la actuación del BCE no es garantía de ganancia de competitividad a medio plazo.

Con este panorama. Parece evidente que, o cambian las cosas o nuestra economía se enfrenta a años de estancamiento y, en consecuencia, a mantener desequilibrios preocupantes durante un largo periodo de tiempo. Espero confundirme.







@juanignaciodeju

lunes, 18 de marzo de 2013

LA TRAGEDIA CHIPRIOTA

Volvemos a la teoría del sufrimiento de los incumplidores tan del gusto de los alemanes y los líderes europeos. Y esto ya nos suena a todos. Estaba preparando mi nuevo artículo sobre las estafas legales que nos rodeaban, el correspondiente al sector eléctrico, pero esta estafa chipriota es mucho más sangrante, mucho más importante para los ciudadanos europeos. Es, como parece que se empieza a mover, la liquidación del euro como moneda, tal y como la conocemos, y, en consecuencia, el final del sueño de una Europa unida.

Porque los chipriotas están experimentando el quinto modelo de rescate europeo de sus economías: el griego, con sus imposibles condiciones; el irlandés, donde se preserva la anomalía fiscal que se presentó en el ‘tigre celta’; el portugués, preservando los derechos de los poderosos y cargando todo el ajuste sobre los ciudadanos; el español, donde se imponen condiciones que van más allá de las justas y necesarias para los bancos; y ahora el chipriota, donde la troika impone condiciones para salvar a los bancos que afecta gravemente a los ciudadanos.

Cinco modelos de rescate para no tener una solución. Y todo porque están todos trufados de ideología económica y no de análisis de la realidad. Nadie parece querer ver esta crisis no tendrá fin mientras se continúen aplicando las actuales políticas.

En Chipre han dado un paso más. Estamos de acuerdo que garantizar los depósitos procedentes de los ciudadanos rusos y de origen poco claro puede ser moralmente reprochable, pero también estaremos de acuerdo que saltarse las leyes a la torera y desvirtuar las garantías para satisfacer los derechos de los acreedores, cuando además hemos sido los propios europeos los que hemos contribuido a la situación de los bancos chipriotas con nuestra actuación en Grecia, es violar el principal principio que determina los que es una democracia y lo que no. Si no hay garantías de que las leyes se cumplen, no tendremos democracia, y eso es lo más importante.

Porque Chipre era un experimento europeo de atracción de los fondos financieros de los ciudadanos rusos, donde les garantizábamos el poder adquisitivo y la revalorización de su valor vía una moneda fuerte dentro de una economía fuerte. Los bancos chipriotas invertían esos fondos, entre otras cosas, en deuda griega, que estaba garantizada por la troika con su política de rescate, que nos dijeron que era suficiente para su sostenibilidad. Pero el fracaso griego, con la insostenibilidad de su economía por la mala actuación de la troika y el fracaso de la política deflacionista impuesta por los ‘líderes’ determinó que los bancos chipriotas empezaran a tener problemas y convertirse en zombies que no podían actuar. En consecuencia, el gobierno chipriota solicitó la ayuda y los acreedores de su deuda, otra vez más los bancos alemanes, determinaron que tendrían que pagar los ciudadanos saltándose todos las garantías legales y, en consecuencia, la democracia y sus principios.

Hemos pervertido la democracia en un solo derecho: que los ciudadanos voten cada cuatro años para elegir a sus representantes. Eso ya lo hacías los grandes dictadores: Hitler llegó al poder ganando unas elecciones. Luego cambió todas las leyes para perpetuarse en el poder y acabar con la democracia. Porque la democracia es mucho más que votar cada cierto tiempo: es garantía de que las leyes se cumplen; de que existe separación de poderes y que los gobiernos no están por encima de los jueces.

Pero la actuación europea en Chipre ha saltado todas las alarmas. Si no se cumplen las leyes, no hay democracia y sólo hay un derecho supremo a mantener: los de los acreedores.

¿Qué ocurriría si Chipre votase no al acuerdo? Pues que su gobierno podría hacer como Islandia y no reconocer la deuda de sus bancos como deuda del estado, por lo que las consecuencias serían devastadoras para aquellos bancos que tuvieran deuda chipriota. No sería muy ortodoxo, pero sería una salvación para los ciudadanos que, eso sí, se verían expuestos a la posible quiebra de los bancos y, en consecuencia, de la pérdida de una parte sustancial de los depósitos. Luego la solución no es fácil para nadie. Es tan compleja que una vez acordado el rescate, tres días después, todavía vuelven a negociar otra fórmula.

Y si el parlamento chipriota acordase votar si al rescate, los ciudadanos podrían oponerse y, por ejemplo, incrementar la economía sumergida en ese país hasta compensar la quita planteada, es decir, que al final el efecto sería nulo o negativo. O bien podría ocurrir que el gobierno ruso, dado que gran parte del dinero de los depositantes en los bancos chipriotas es ruso, podría compensar a sus ciudadanos mediante el incremento del precio del gas que vende a Europa. Es decir, que el acuerdo y la actuación de la UE en este caso no puede ser calificada más que como una chapuza de tamaño universal, violado la esencia de la democracia y, en consecuencia, se ha puesto en duda la existencia misma de la UE y del Euro como moneda. Ha puesto en riesgo la estabilidad financiera del resto de países del sur y puede poner en riesgo la existencia de los mismo bancos sanos o saneados que se pretenden salvar, dado que ante la inseguridad jurídica de los depósitos tras la actuación de la UE puede ocasionar una salida de capitales hacia países donde sí se garantice el cumplimiento de las leyes.

En fin, que lo mejor es que la UE acabe de una vez con la tiranía antidemocrática alemana por sus actuaciones discriminatorias y arbitrarias y se convierta de una vez en una verdadera democracia donde las leyes no puedan ser violadas por las decisiones de los acreedores.



@juanignaciodeju

martes, 19 de febrero de 2013

ESTAFAS QUE NOS PERSIGUEN. I..- LOS BANCOS DE INVERSION

Inicio una serie de artículos sobre el mundo económico en el que nos movemos y que tienen características intrínsecas de estafa. Básicamente me centraré en los siguientes sectores: los bancos de inversión, el sistema eléctrico y el sistema de distribución. Los denomino ‘estafas’ pero que nadie se llame a engaños: son negocios perfectamente legales y regulados (o no tanto) por los gobiernos. El primero de los sectores, los bancos de inversión, tienen su mayor influencia en otras partes del mundo que no son España. Los otros dos, aunque mantienen características comunes con los de otras partes del mundo, los centraré en España.

1.- LOS BANCOS DE INVERSIÓN

¿Cómo funciona un banco de inversión? Llevamos mucho tiempo hablando de los bancos de inversión, pero no conocemos su forma de operar en los mercados y su importancia en la vida económica del planeta; nos alarmamos con el dinero que ganan sus directivos, pero desconocemos su mecánica.

Pondré un ejemplo inventado que un día leí y que me parece una buena muestra del funcionamiento de eso que llamamos ‘financiarización’ de la economía. Perdón por el palabro, pero no se me ocurría otra para mostrar el concepto.

Un padre tiene una granja de gallinas que ponen un total de 100 huevos al día y que el vende a 1 euros por huevo. El buen hombre obtiene al año 36.500 euros que le dan para vivir más o menos holgadamente. Si suponemos que no tiene costes de ningún tipo, la renta neta es de esos 36.500 euros.

Un día, el buen hombre se muere y el negocio pasa a su único hijo. Éste, lector ávido de libros de economía de la escuela de Chicago, decide que no quiere vivir como su padre, sacrificándose todo el tiempo sin ver el fruto de su trabajo. Hablando con un amigo que trabaja en un banco de inversión americano (o inglés, o alemán) le plantea el siguiente negocio: le vende la producción de huevos durante los próximos diez años a cambio de 300.000 euros. Al cabo de ese tiempo, podrían hablar de prórrogas y nuevas condiciones. Además, si el precio de los huevos subiese, los beneficios se los quedaría íntegramente el banco, de forma que el beneficio potencial de la operación son los 65.000 euros que no le paga más la posible subida de precios de los huevos durante los próximos diez años.

Tras consultarlo con los jefes del banco y analizar la operación, deciden aceptarla, de forma que pagan 300.000 euros por los huevos que se produzcan en la granja durante los siguientes diez años. El vendedor obtiene el dinero, con el que se compra un chalet en la playa donde monta una discoteca, su sueño de toda la vida. Con lo que le sobra, el mismo banco le propone inversiones que le proporcionan un 10% anual, con lo que puede vivir tranquilamente.

Los directivos del banco, alertados por sus economistas, piensan que la operación puede presentar determinados riesgos que quieren minimizar. Para ello, dividen las participaciones en 100 paquetes de 3.300 euros cada una y los venden entre sus clientes. El negocio es bueno, porque obtienen un 10% de beneficio inmediato y ponen en el mercado un producto que va a dar más de un 10% anual en los próximos años a sus clientes.

Los compra otro banco de inversión competidor que se dedica a la intermediación financiera y que ha hecho operaciones similares con otras ‘comodities’. Compra las 100 participaciones por las que paga los 330.000 euros convenidos y las empaqueta con productos similares de carne, leche, arroz, etc, En total puede vender las participaciones de los huevos compradas a un precio de 340.000 euros mezcladas con otras similares en un fondo que llama ‘European comodities investement oportunity’ que promete una rentabilidad del 5% a los partícipes si el precio de los alimentos en el mercado de Chicago al final del periodo no baja con respecto al nivel de referencia.

Sin embargo, para dotar al producto de mayor credibilidad, decide asegurar la operación con una firma de seguros de su propiedad, donde se garantiza que la producción de huevos en la granja no podrá ser inferior al 80% de lo prometido, de forma que se obtenga una producción mínima. De esta forma, el fondo obtiene la máxima calificación de las empresas que se dedican a ello (la triple A). Los directivos de la compañía de seguros deciden reasegurar el producto de forma que obtendrá 400.000 euros en el supuesto de que las gallinas no pongan huevos durante un periodo superior a 6 meses. Los consideran un supuesto imposible, ya que en toda la vida del ganadero nunca han estado más de una semana sin poner huevos. Al poner la prevención de los seis meses se aseguran que no pueda ocurrir, ya que con que una de ellas ponga un huevo no tendrán que pagar la prima. Negocio seguro.

Un día, sólo un mes después de la firma del contrato, las gallinas aparecen muertas, atacadas por una manada de lobos en un lugar donde no hay lobos. En el periódico de referencia aparece una noticia con grandes titulares: las autoridades económicas permiten las granjas intensivas de gallinas para aumentar la producción de huevos. En Chicago, el precio de los huevos empieza a bajar de forma constante.

@juanignaciodeju

miércoles, 13 de febrero de 2013

¿HAY BROTES VERDES, CONDICIONES PARA CRECER O CUALQUIER COSA PARECIDA?

Últimamente el optimismo nos rodea. Parece una película del oeste cuando el ejército rodeaba a los indios para derrotarles. Todo el mundo se empeña en decirnos que vamos a mejorar. Es evidente que vamos a mejorar, si no fuera así mejor nos vamos, pero otra cosa distinta es que las cosas estén mejorando.

El optimismo desbordante se fundamenta, principalmente, en dos motivos: la mejora del saldo exterior español y el descenso de los costes laborales unitarios. Veamos qué está pasando.

En primer lugar el sector exterior. El optimismo aparece como consecuencia de un hecho inédito en la economía española desde la introducción del euro: hemos tenido superávit exterior. Y no pequeño, de cerca del 1% del PIB. Es una gran noticia que debería alegrarnos a todos, pero hay que matizarla convenientemente para no llevarnos a engaño. Han crecido las exportaciones, es verdad, de forma moderada por dos causas fundamentales: la devaluación interna que nos han obligado a hacer, pero también la debilidad de la demanda externa causada por el austericidio que se ha impuesto.

La devaluación interna ha empezado a dar sus frutos, con la caída de los precios relativos de los productos españoles que nos permite vender al exterior nuestros bienes. Es una cosa que había que hacer, y que debería ser el apoyo de nuestro crecimiento futuro. No creo que lleguemos a la exageración de Morgan Stanley (“España puede terminar siendo Alemania y Alemania España”), pero si deberíamos ponernos manos a la obra para que eso no sea flor de un día. Tendríamos que empezar a cambiar nuestra estructura productiva para garantizar empresas más competitivas en el mercado exterior y formar a los trabajadores para poder mantener esas relaciones. Y debemos recordar que nuestro principal hándicap se encuentra en nuestro nivel de idiomas extranjeros. Podríamos haber ido más rápido con la devaluación fiscal que algunos hemos propuesto, y seguro que habríamos llegado más lejos.

Pero, fundamentalmente, el gran avance se ha producido porque han disminuido mucho las importaciones. Y éstas dependen de nuestro nivel de renta. Con la caída que hemos sufrido como consecuencia de la política practicada, es lógico que no compremos productos del exterior, entre otras cosas porque no tenemos renta para ello. El problema es qué pasará cuando crezca nuestra renta otra vez. Probablemente volveremos a comprar productos importados y, obviamente, nuestro saldo exterior empeorará. Es sólo una previsión pesimista.

La otra mejora que hemos tenido ha sido la disminución de los Costes Laborales Unitarios (CLU). La mejora se ha basado en dos factores: la moderación de los salarios, operada por la situación y la reforma laboral, y el incremento del desempleo, también por las medidas que son posibles aplicar. Ambas noticias no son positivas, porque tampoco auguran un futuro prometedor. Cuando mejora la situación probablemente tendremos colectivos de trabajadores que empezarán a recuperar niveles previos de salarios y empleo, sin que ello implique una mejora de la productividad y, en consecuencia, una mejora sostenible de nuestra competitividad exterior.

Y luego hay alguna noticia que no es mediática pero que si es de reseñar: la estabilización de los mercados financieros. No lo digo por el mercado de deuda, que continúa con síntomas preocupantes con las primas de riesgo a la espera de lo que haga (o prometa el BCE), sino por la gran inyección de fondos que hemos hecho todos los españoles con la reestructuración del sistema bancario, que ha provocado que los bancos empiecen a pensar en otra cosa distinta de la estabilización, es decir, en el negocio bancario propiamente dicho. Es un proceso lento, probablemente tarde dos años en normalizarse del todo, pero parece que puede ser una noticia positiva.

Por lo demás, no encuentro ningún motivo de esperanza en los datos que hemos conocido hasta el momento, y las previsiones tampoco parecen ser muy alentadoras. En fin, que habrá que esperar a ver la evolución económica a medio plazo.



@juanignaciodeju

martes, 5 de febrero de 2013

CORRUPCIÓN, POLÍTICA Y ECONOMIA

Hemos llegado al punto en que la sociedad empieza a estar cansada de soportar sobre sus hombros todo el peso de los ajustes sin recibir nada a cambio. La sociedad ha alcanzado el punto de inflexión de su aguante y empieza a cambiar su percepción de la clase política de forma que se puede estar fraguando un cambio, lo cual puede ser muy positivo para aquello que nos preocupa que es la crisis económica.

Vayamos por partes. El nivel de corrupción de la clase política, con independencia de las siglas concretas, es de tal magnitud que empieza a ser necesaria una regeneración de la sociedad en su conjunto. Independientemente de los nombres (no acusaré a nadie no vayan a querellarse contra mi) se ha instalado en la sociedad un sentimiento de cansancio que posibilita ese cambio. Porque hemos pasado de tener una clase política vocacional, que debía dedicarse a su profesión para poder vivir, a unos dirigentes que se embarcan en la política para poder vivir. No puede ser que nos representen personas que se han dedicado toda su vida a la política sin haber conocido otra forma de ganarse la vida. Gente que se afilia a los partidos políticos desde antes de poder votar para hacerse una carrera en la estructura de la organización. Que busca únicamente ser complacientes con los dirigentes para acceder a las posiciones importantes que les permitan hacerse un nombre y, de esa forma, medrar en su profesión. Y una vez alcanzado lo máximo posible según el principio de Peter, dedicarse a explotar sus conocimientos adquiridos de forma que puedan vivir holgadamente el resto de sus vidas.

Cuando uno tiene ya cierta edad echa de menos a aquellos políticos que pactaron la transición y las leyes fundamentales de nuestro ordenamiento jurídico actual cobrando sueldos normales y, evidentemente, saliendo de la política con un nivel de patrimonio normal, en la mayoría de los casos. No como ahora, que quien más quien menos de nuestros dirigentes abandona la política con patrimonios elevados, no siempre de origen corrupto. Y uno se cansa de ver como mentes normales con un nivel de inteligencia normal abandona sus puestos de representación y pasa a ser consejero de no sé cuántas empresas que actúan como lobbies de los gobiernos de turno. Ejemplos no faltan, y no los nombraré aquí para evitarme problemas judiciales, y resultan, en algunos casos, patéticos.

Lejos queda el concepto de que la política tendría que atraer a los más preparados para la gestión, profesionales que tengan una probada experiencia que aporte esos conocimientos para el bien común. Porque de los últimos ministros de economía que hemos conocido, ¿cuántos de ellos se habían dedicado antes a la enseñanza, por poner un ejemplo?

Ese sistema ha generado una endogamia preocupante en la profesión política. A las universidades se les acusa de ser endogámicas en la elección de sus profesores, y no les falta razón, pero en la política eso ha llegado a tal nivel de perfección que empieza a ser preocupante. Es tan perfecto el sistema que a nadie le preocupa que nuestro presidente lleve prácticamente toda su vida laboral dedicada a la política en los distintos niveles. O que otra miembro muy destacada de ese partido en Madrid haya ocupado todos los puestos posibles en la estructura política del estado, desde humilde concejal hasta presidenta del Senado y de una comunidad autónoma. O que el jefe de la oposición lleve en la política profesional más de 30 años. ¿Esto es un problema? En principio no debería, pero proporciona unos conocimientos sesgados de la realidad que les incapacita para el conocimiento de la sociedad. Digamos que en vez de transformar el Estado para mejorar la vida de sus ciudadanos, el Estado les transforma a ellos y les convierte en personajes de novela alejados de la realidad. Es por ello que necesitamos cambiar nuestra clase política en todos los niveles, racionalizando su funcionamiento y estructura. Es el reclamo de los ciudadanos: gente nueva con nuevas ideas y mecanismos de funcionamiento modernos y mejorados.

Es hora también de cambiar las estructuras de la sociedad, de afrontar de una vez los cambios que deben realizarse, desde mi punto de vista, para que lo que nazca sea más sano. Y para ello, deberemos empezar por concienciarnos todos que la sociedad la formamos juntos y que si va bien a la sociedad nos irá bien a todos, mientras que lo contrario no se cumple necesariamente: que nos vaya bien a todos no implica que le vaya bien a la sociedad. Que tenemos que volver a los viejos postulados de la solidaridad y el compromiso común, abandonando el individualismo que nos invade desde el mes de noviembre de 1989. Y esa solidaridad mejorará la sociedad y mejorará la economía. Si todos remamos en la misma dirección, nos irá mejor a todos. Pero plantear esto con nuestro actual nivel de clase política provoca, lógicamente, rechazo inmediato.

Tendremos que recuperar un concepto en desuso actual: la empatía. Si todos fuésemos empáticos, mejor nos iría a todos. Y, evidentemente, desaparecería la corrupción (basada en el enriquecimiento individual por encima de todo), el despilfarro (porque consideraríamos el dinero como nuestro) y el fraude fiscal (porque tomaríamos eso como una traición). Sin embargo, todos preferimos cerrar los ojos y, si es posible, pedir factura sin IVA (Yo también). Ese es un cambio fundamental en la sociedad que debemos empezar a operar para que la siguiente generación pueda sucedernos con la garantía de mejora que necesitamos. La actual ya la doy por perdida.

Y ese cambio empieza por la educación, pilar fundamental de la sociedad. En vez de preocuparnos por el rendimiento individual, deberíamos fijar nuestro objetivo en el rendimiento colectivo. Ensalzamos a Messi o a Ronaldo, pero nos olvidamos que el éxito, en el futbol como en la vida, es siempre colectivo. Y que cuando un equipo se preocupa del éxito individual de cualquiera de sus miembros, normalmente fracasa en su conjunto. Y esto es, obviamente, aplicable a las empresas y a la economía en su conjunto.

Entre los políticos y la sociedad en su conjunto, mi estado de perplejidad continúa creciendo. Sólo espero que mis hijos, junto con los de otros, puedan cambiar esta sociedad y mejorar la economía. De nuestra generación ya no espero nada.

@juanignaciodeju

martes, 22 de enero de 2013

¿ESTAMOS HACIENDO LAS COSAS BIEN?

La competitividad se ha convertido en el gran gurú del mundo globalizado. Todos los gobiernos, todas las políticas tienen como objetivo esa palabra que, aseguran, será el motor de la recuperación de las economías y la solución de nuestros problemas.

En el mundo actual es indiferente producir un bien en un país o en otro, dado que hemos abolido los aranceles y las trabas a los productos, de forma que no tenemos armas para la competencia. Por lo tanto, deberíamos producir sólo aquellos bienes donde tengamos una ventaja comparativa. Pero eso no es tan lineal y la teoría de la ventaja competitiva no se cumple en la vida real. Al final, todos los países tienden a producir de todo, bien por una cuestión estratégica o por un nacionalismo mal entendido, pero el hecho cierto es que no estamos aplicando los postulados de la teoría económica que afirman que cada país debería especializarse en la producción de aquellos bienes en los que existe una ventaja en la producción.

Por lo tanto, dado que no vamos a especializarnos en unos pocos bienes, ¿qué podemos hacer para competir con los salarios extraordinariamente bajos de los países como China o India?, ¿debemos considerar que nuestro futuro es tener unos sistemas sociales tan mínimos como el que menos para poder competir en el mundo globalizado y producir cosas?. Voy a dar algunas claves que me parecen importantes para evitarnos los disgustos que se producen en cada crisis.

Cuando contamos en clase algunas nociones del mercado de trabajo hablamos de ciertos conceptos que pasan desapercibidos para la mayoría de los opinadores y economistas que intentan explicarnos los problemas del mercado de trabajo. Uno de ellos es de los ‘salarios de eficiencia’, es decir, el nivel salarial que implica mayor implicación de los trabajadores en la producción y, en consecuencia, un nivel de productividad más elevado que en el resto de las empresas. Eso lo demostró Ford cuando dobló el salario de sus trabajadores y, desde ese momento, la productividad se disparó y, por ende, los beneficios de su empresa. Pues bien, en tiempos de crisis como la que estamos viviendo, al confundir competitividad con precios bajos, se ha abandonado ese concepto de forma que nadie se ocupa de él y las consecuencias pueden ser terribles.

Otro concepto que parece abandonarse en busca de esa competitividad es el ‘know how’, el conocimiento propio de las empresas que nadie está intentando conservar y que, en el supuesto de una recuperación de la actividad, la mayoría de las empresas tendrán problemas en adaptarse de nuevo y volveremos a perder esa ventaja que ahora, vía precios por los despidos, hemos conseguido. Y ese concepto va unido a otro que conocemos como el ‘salario de reserva’, es decir, aquel que los trabajadores deben tener para mantener un mínimo nivel de vida.

Además existen ciertos hechos en esta crisis que me hacen replantearme si estamos en el buen camino o nos estamos confundiendo en las medidas. Porque en el año 2007 la distribución de la renta en España era 50/50 entre renta empresarial / renta salarial y en la actualidad ese ratio es algo así como 55/45, es decir, se ha sesgado hacia la renta empresarial descompensando el reparto.

Tenemos también el hecho irrefutable que nuestra economía ajusta siempre por el lado de las cantidades y no de los precios. Por ejemplo, con un mercado inmobiliario colapsado y con una actividad paralizada, en vez de producirse rebajas en el precio y disminuciones de la oferta, se produce un stock de viviendas sin vender (hasta un millón de viviendas vacías); o un mercado laboral que en vez de producir un ajuste de salarios expulsa trabajadores y cierra empresas. Todo ello se debe a la falta de competencia en esos mercados, pero no son los únicos: electricidad, petróleo, distribución, etc, son mercados que deberíamos reformar con el objetivo de introducir mayor competencia y así mejorar la asignación de los recursos.

Todo ello parece indicarnos que no estamos obteniendo resultados razonables en la reforma de nuestra economía y que, después de un periodo de espejismo en la supuesto recuperación (cuando se produzca) nos conducirá al mismo punto anterior y, en consecuencia, a los mismos síntomas y errores que estamos cometiendo en la actualidad.

Lo primero que deberíamos estar haciendo es buscar una forma de competencia distinta de la actual, es decir, nunca tendremos costes laborales tan bajos como los países del sudeste asiático. En primer lugar porque las condiciones sociales nunca serán iguales (jornadas, seguridad social, pensiones, desempleo, salud laboral, etc), y los salarios, por consiguiente, menos aún. Por lo tanto, si no podemos competir con los costes laborales, debemos encontrar algo que nos permita hacerlo. Y ese algo es el valor añadido, que debe encontrarse en la I+D+i. Debemos hacer un esfuerzo extraordinario en la inversión en investigación que proporcione mayor valor añadido y, en consecuencia, mayor productividad. Y debemos mejorar esa productividad también en el marco de la educación y la formación. Trabajadores mejor formados permiten una adaptación más rápida y efectiva a las empresas y, en consecuencia, mejores productos y servicios. Y si invertimos en formación, mejoras rápidas en los nuevos procesos. Justo lo contrario que estamos haciendo en la actualidad.

En segundo lugar, debemos redefinir las relaciones laborales de nuestras empresas, de forma que se mantenga el know how, se alcancen salarios de eficiencia y se garantice el salario de reserva que permita la adaptación de las estructuras productivas sin desprenderse de lo único que las hace únicas: su fuerza laboral. Se han establecido distintos modelos para el mantenimiento del empleo en la economía, como es el caso del modelo alemán (basado en compartir el salario de eficiencia entre las empresas y el estado a través de los minijobs), o el modelo austriaco (eliminando trabas a la movilidad de los trabajadores con la creación de una especie de fondo de reserva que conjuga desempleo, indemnización y pensión). Son todos loables intentos de solucionar un problema que no garantizan la inmunidad a los problemas económicos generales. Creo que lo más razonable es provocar la flexibilidad salarial interna de las empresas de forma que el salario se componga de una parte fija que represente el salario de reserva y una parte variable que se vincule a la productividad de forma que la distribución de rentas se aproxime a la proporción 45/55 y se provoque que se alcancen los salarios de eficiencia en función de la evolución de la situación. Esto provocaría dos cosas importantes: en primer lugar, el ajuste se produciría automáticamente ante las crisis económicas y, en segundo lugar, se mantendrían los puestos de trabajo fundamentales en las empresas de forma que no se perdiera todo el conocimiento necesario para la producción.

Y, en tercer lugar, deberíamos estar buscando cómo maximizar los beneficios de aquellas actividades en las que somos especialmente competitivos. Es decir, si tenemos, por ejemplo, uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo (y también de los más baratos) deberíamos centrarnos en cómo poder explotarlo en beneficio de los propios ciudadanos. Si somos capaces de ‘vender’ nuestro sistema sanitario al resto de países europeos (por poner un ejemplo), con esos ingresos podríamos mantener el sistema, reducir el déficit y dedicar parte a la investigación. Y para ello, en vez de poner trabas a la intervención de los extranjeros, deberíamos centrarnos en que la Unión Europea establezca un fondo de compensación que posibilite la movilidad y compense los costes de un sistema. Es sólo un ejemplo, aunque podríamos hablar de otros sectores (agricultura, pesca, energías renovables, etc) en los que tendríamos que centrarnos. En definitiva, encontrar motores de nuestro crecimiento futuro que actúan como palancas.

Aunque las cifras del sector exterior hayan mejorado, ese espejismo no debe cegarnos y comprender que realmente no estamos cambiando nada en nuestra estructura económica que nos permita vislumbrar el futuro con garantía de mejora de las condiciones y, por consiguiente, ante una nueva crisis o recaída de la actual, los problemas seguirán siendo los mismos y los ajustes también.

Y seguiré siendo el economista perplejo.



@juanignaciodeju

viernes, 21 de diciembre de 2012

AL FINAL NO HUBO FIN DEL MUNDO

Si uno se encuentra leyendo este post es que, probablemente, el fin del mundo profetizado a partir de los calendarios mayas no haya ocurrido y todo siga igual, es decir, que Rajoy seguirá siendo presidente del gobierno, que Montoro seguirá siendo ministro de Hacienda (por lo menos a corto plazo), que Artur Mas será presidente de la Generalitat con ánimos secisionistas y que Merkel seguirá en el poder en Alemania con el ánimo de aplacar a los manirrotos vecinos del sur. Es decir, que lo mejor hubiera sido que los Mayas hubiesen tenido razón y dejásemos de sufrir.

Porque a partir del 21 de diciembre de 2012 seguirá habiendo desahucios en España que dejen a las familias con deudas astronómicas y sin bienes con las que satisfacerlas. Y, lo que es peor, condenados de por vida a la economía sumergida para no satisfacer unas deudas abusivas, basadas en tipos de interés confiscatorios y con una normativa no ya preconstitucional, sino anterior incluso a la II República y que ningún gobernante (es decir, ni Botin, ni Francisco González, ni Ángel Ron, ni nadie con poder efectivo en España) va a querer cambiar porque les beneficia extraordinariamente.

Y van a seguir las subidas de impuestos a la clase media de este país, ya que, ante una crisis de ingresos públicos, ocasionados por la terrible y espeluznante cifra de desempleo que tenemos, los que firman en el BOE no son capaces de hacer otra cosa que subir y establecer nuevos impuestos que afecta exclusivamente a las clases medias, que son las que con su actividad de consumo y ahorro deberían provocar la salida de la crisis.

En el horizonte un año 2013 especialmente aterrador que empezará con subidas en el precio de la electricidad fijados por una ley irracional que determina un sistema injusto de reparto de las cargas. Hoy se habrá celebrado la subasta eléctrica que implicará una subida del recibo. Y tendremos que satisfacer otra cantidad adicional (vía deuda pública) como consecuencia del déficit que se generará.

Después, un incremento de los precios de las gasolinas y gasóleos por la eliminación de una exención que existía sobre los biocombustibles.

Luego vendrán los copagos sanitarios. Nos van a cobrar por cualquier servicio que recibamos en materia sanitaria (medicinas, traslados, ortopedias, etc), como medio de producir ingresos para un sistema fiscal agonizante.

Aparecen también las tasas en la justicia, argumentando que eso disuadirá del uso del estado de derecho para frenar los abusos. Pero es meramente recaudatorio, no una medida de racionalización de la justicia.

Se plantean cobrar, incluso, por las inscripciones en el Registro Civil. Y aquí el argumento es más divertido: la gestión de los recursos de la propiedad (en manos de los registradores) generan beneficios, luego en vez de recuperar esos ingresos, establecemos un sistema parecido en el Registro Civil. Con lo cual, a partir de ahora, inscribir a un hijo, o un fallecimiento, o una boda, podría terminar teniendo un coste. El problema es que la ley nos obliga a hacerlo.

Y seguiremos discutiendo una reforma de la educación que se centra en aspectos colaterales del sistema (religión, leguas, etc) pero que no aborda los problemas de fondo del sistema en cualquiera de sus fases, con una desmotivación abusiva de los profesores (catalogados de vagos por dar “sólo” 20 horas de clase), una gestión caótica de los centros por cualquiera que tenga competencias, una mediocre masa estudiantil, con sus notables excepciones. En definitiva, un sistema basado en el equilibrio financiero más que en los resultados y donde, en aras del mantenimiento de ese equilibrio, se perpetúan situaciones que deberían cambiarse. Y, sobre todo, no se aborda el principal problema: la desconexión entre el sistema educativo y el sistema productivo, que debería realizarse mediante la adopción de un verdadero proyecto de formación profesional realmente cualificada y pegada a las necesidades del sistema productivo.

Además, seguiremos teniendo un sistema de pensiones que, dada la situación de desempleo que tenemos, mantendrá sus problemas de sostenibilidad a medio y largo plazo y que nos obligarán a reformar para buscar el equilibrio. Pero el equilibrio significa, para los que firma en el BOE, exclusivamente privatización indirecta vía obligarnos a la forma de un plan de pensiones privado.

En definitiva, que tendremos un sistema social con serios problemas de sostenibilidad por la incapacidad de los gobernantes (los reales y los elegidos). Los tres pilares del sistema de protección social (sanidad, educación y pensiones) camino de una especie de privatización encubierta que augura un futuro poco alentador.

Porque además se abandonan actividades de futuro por el hecho de que no hay dinero, como es el caso de la investigación, y se buscan esos ingresos en actividades prácticamente paralizadas, como es la construcción, sin abordar el problema de fondo que es el cambio en las actividades productivas de la economía. En vez de afrontar una reforma fiscal valiente, se procede a imponer el ajuste en los sectores más castigados, con lo que su capacidad de maniobra empieza a estar agotada y sus posibilidades son ya escasas.

Y se argumenta que es por la ‘herencia recibida’, incluso para aquellos gobernantes que llevan más de veinte años en el poder de la misma administración, lo cual implica que o son ineptos en la gestión, o no tienen argumentos sólidos. O ambas a dos, que no lo descarto.

Porque, ¿qué hay detrás de todas estas medidas que estamos sufriendo? El déficit público no justifica estas medidas, ya que se pueden plantear alternativas para la recaudación de esos importes (por ejemplo: tasa Tobin, tipos del Impuesto de Sociedades efectivo y real próximos, Impuesto del patrimonio, Impuesto sobre el juego on-line). Luego hay algo más: la ideología que impera en el mundo y, especialmente, en Europa, que lleva aparejado el objetivo de alcanzar el 50% del coste de los servicios públicos que se nos prestan sufragados por el usuario directamente. Es decir, abandonamos el concepto de solidaridad que ha imperado en el desarrollo del Estado del Bienestar en el Viejo Continente y lo transformamos por el de sufragar el coste para todo el mundo.

Esa idea, aceptable para aquellos que no creen en la solidaridad, no encaja en la realidad donde, además de los impuestos que nos cobran para sufragar el Estado de Bienestar, se cobra hasta el 50% del coste del servicio. Luego realmente existiría un re-pago de las cantidades, una por la cuota de solidaridad y otra por el copago.

Y serán los ciudadanos quienes, con su esfuerzo, terminen por intentar enjugar las deudas de las administraciones pero quedando sin margen para satisfacer las suyas propias, verdadero problema de la economía española que nadie se plantea abordar. Y, al final, ni podremos pagar la deuda pública (que crecerá hasta más allá del 100% del PIB en el año 2014) ni podremos pagar la deuda que tenemos los agentes individuales, ni podrán pagar las empresas. Pero si podrán pagar los bancos, ya que habremos expropiado la deuda manteniéndoles los beneficios. Pura ideología.

Y no tendremos servicios públicos al 100%, sino que pagaremos por ellos hasta un 50% más y perdiendo la gestión pública de los mismos. Y todo ello con un sistema fiscal obsoleto, con figuras de mediados del siglo XX, abocado al fracaso y sin tener un efecto redistributivo razonable.

En definitiva, que mejor hubiesen tenido razón los Mayas y ahora no tendríamos estas preocupaciones. Ni que leer a este Economista Perplejo.







@juanignaciodeju