jueves, 12 de junio de 2014

¿SABEMOS DE ECONOMÍA LOS ECONOMISTAS?

¿Pero sabemos realmente de economía los economistas?

Lo pregunto por las propuestas de reforma del mercado laboral que están haciendo. La última: que se establezca un contrato indefinido con indemnización cero durante un año para todos los trabajadores. Es decir, que puedas contratar a alguien un año y le puedas despedir sin coste para contratar a otro a continuación y así indefinidamente. O poder encadenar contratos temporales sin límite: un contrato de seis meses tras otro hasta que te jubiles.
¿Y la productividad? Alguien me dirá, no sin razón, que un trabajador temporal es también productivo. Pero la cuestión es que una empresa es un ente complejo, con procedimientos complejos, con relaciones interpersonales complejas, con maquinaria compleja, con un know how particular. Y los trabajadores de esa empresa necesitan un tiempo para integrarse, para aprender los mecanismos y para poder ponerlos en marcha de forma total.
Como profesor enseño a mis alumnos que la educación es una poderosa arma para el incremento de la productividad: con la alfabetización de los trabajadores, las empresas pueden usar maquinaria cada vez más compleja con lo que la productividad aumenta. Es decir, la productividad es una magnitud que se ve aumentada con la combinación de dos cosas: estabilidad y formación.
La formación es vital. Cada empresa tiene sus propios procesos que procura no desvelar a la competencia, dado que son los que le confieren alguna distinción en el mercado y, en consecuencia, algún poder monopolístico. Cuantas veces nos abordan los comerciales y nos dicen que esa forma de trabajar es única de su empresa. Esa diferencia es la que permite que existan diferentes precios de los bienes. Si el proceso es el mismo, o no resulta importante para el resultado final, el precio tiende a  igualarse. Por ejemplo: un desayuno en una cafetería no requiere de una especialidad muy elevada, por lo que en dos cafeterías próximas el precio deberá ser muy similar. Sin embargo, la elaboración de un menú requiere de un conocimiento más elaborado. Ahí si pueden existir diferencias en el precio. Y, por lo tanto, aquel que cocine mejor podrá cobrar un precio más alto por sus platos. Al final, esa diferencia es la que permite una cierta situación de monopolio y, en consecuencia, de precios distintos.
Y esa especialización requiere de tiempo para poder adquirirse. Tiempo que emplean normalmente los trabajadores de una empresa al principio de entrar a trabajar para formarse y obtener una cualificación que les permita ser diestros en los procedimientos de la empresa y, en consecuencia, más productivos.
Cuanto más tiempo está un trabajador en una empresa, mayor es el conocimiento que tiene de ella y, en consecuencia, mayor es su aportación al proceso productivo. También lo contamos en clase: las empresas tienden a acaparar talento. La razón es sencilla: la formación es cara, por lo que es preferible no perder talento en las épocas de crisis ya que la recuperación del mismo después resulta costosa. En esta crisis las empresas han perdido una ingente cantidad de capital humano que ahora deben volver a recuperar. Y eso es largo y caro. Sobre todo lo segundo. Porque mientras recuperas el capital humano perdido, tus competidores te irán ganando mercado y tendrás muy difícil volver a recuperarlo.
Y cuanto mayor sea el tiempo transcurrido en una empresa por un  trabajador mayor será su conocimiento de la misma y, en consecuencia, mayor será la productividad que aporte.
Y ahí radica el segundo gran elemento a tener en cuenta: la estabilidad. Si no hay estabilidad en las plantillas de las empresas difícilmente podrán tener productividades elevadas. Los trabajadores que están poco tiempo en las empresas tienden a tener productividades menores.
Juntando ambos conceptos (estabilidad y formación) es como se producen ganancias de productividad y, en consecuencia, incrementos de beneficios. Pero con la propuesta de los economistas de la CEOE no se obtendría ninguna de las dos. No existiría estabilidad, dado que al año el 95% de los contratos desaparecerían, por lo que ese periodo de formación tan necesario en las empresas no tendría cabida; y la formación adquirida no podría ser muy específica, porque corro el riesgo de que se la lleven a la competencia y, por lo tanto, de que obtengan ventajas competitivas adicionales. En definitiva, la productividad de esos trabajadores no sería elevada y, consecuentemente, los beneficios serían menores y sólo podríamos competir vía precio.
Definitivamente creo que los economistas no tenemos ni idea de economía. Voy a tener que darme unas cuantas clases el año que viene. O seguir estando perplejo, que parece más cómodo.




@juanignaciodeju

lunes, 5 de mayo de 2014

NUEVAS PREVISIONES DEL GOBIERNO

El gobierno acaba de modificar sus previsiones para la economía española hasta el año 2017. En ellas se afirma que la economía española va a crecer con cierta fuerza a partir del año 2016 gracias a que los españoles vamos a consumir más, las empresas van a invertir y las exportaciones van a seguir subiendo con fuerza. Es lo bueno de hacer previsiones: no hace falta acertar; es más, es conveniente fallar siempre.
Porque para crecer, la economía española necesita solucionar dos problemas muy graves que tiene: el endeudamiento de las empresas y familias y el alto nivel de desempleo.
Con el nivel de endeudamiento de las familias (ese famoso “haber vivido por encima de nuestras posibilidades” que dijo nuestro presidente) es complicado que se incremente el consumo. 771.654 millones de euros (un 75% del PIB)  tenemos que pagar los ciudadanos (a lo que habría que sumar el otro billón que debe el estado).  Eso significa que cada español, en un cálculo rápido, debe 16.775 euros. No es mucho, pero si le sumamos los 20.000 euros que debemos por parte del estado llegaremos a  los 36.000 euros que debemos cada español. Algo así como el doble del salario medio de los españoles. A esto hay que añadirle que las empresas deben la cantidad de 630.620 millones de euros. En global, la deuda de empresas y ciudadanos supera el 137% del PIB de la economía española.
Y ambas magnitudes se están reduciendo. La deuda de los ciudadanos ha caído en un año un 4,3% la hipotecaria y un 1,5% la dedicada al consumo. No está mal. Pero esas reducciones se han conseguido en un contexto de bajada de los salarios y alto nivel de desempleo. Obviamente solo puede ocurrir que descienda también el ahorro. Otra tragedia más de las que estamos viviendo en nuestra economía.
La de las empresas bajó un 9,5% con respecto al año 2013. Un esfuerzo considerable en un contexto de ventas congeladas y un PIB en retroceso.
Con estos datos la pregunta es evidente: ¿cómo vamos a incrementar el consumo? Es materialmente imposible que aquellos que aún conservan el empleo puedan incrementar el consumo puesto que los salarios a la baja o congelados y las deudas que nos acechan, amen del incremento impositivo que nos ha sometido el gobierno junto con la troika, hacen imposible plantearse algo más que la subsistencia. Sumemos los incrementos desmesurados de los precios de los servicios regulados y tendremos el cocktail perfecto: el consumo no puede subir.
El gobierno afirma que también va a subir la inversión. ¿Cómo van a invertir las empresas si no tienen financiación? ¿Van a comprar la maquinaria necesaria sin el apoyo de las entidades financieras? No parece posible. Cuando intenten acceder a créditos para financiar las inversiones lo normal es que les digan que tienen que bajar primero su endeudamiento y que se produzcan las refinanciaciones. Pero crecer la inversión, difícil.
En consecuencia, la parte de la demanda interna que afirma el ministro de Guindos que va a subir parece complicado que se produzca. Porque tenemos el segundo gran problema de la economía española: el desempleo. No es posible crecer de forma significativa (más allá del mero estancamiento en niveles muy bajos) si no reducimos de forma dramática el desempleo. Un 26% de desempleo es suficiente causa para que el PIB de la economía española esté en el suelo durante un periodo largo de tiempo sin poder reaccionar. Y eso lo sabe seguro el ministro de Guindos.
Además, la economía española está ajustando su población de una forma que, desde mi punto de vista, es dramática. La EPA dada a conocer el otro día era especialmente mala con la bajada de la población activa que se está poniendo de manifiesto en la sociedad española. Porque no hay sólo inmigrantes que regresen a su país después de haber estado en España trabajando y encontrarse ahora en el desempleo y con escasas esperanzas de salir de él;  es que los jóvenes españoles están emigrando a otros países de la Europa central aportando sus conocimientos. Conocimientos en los que hemos invertido toda la sociedad con la esperanza de recuperarlos en el futuro cuando los aportaran para mejorar el nivel de vida de los españoles. Y ese incremento de la renta no se va a obtener, por lo que habremos invertido dinero en nada. Una desgracia. Y emigran los mejor preparados, aquellos en los que hemos invertido más cantidad de dinero.
Y todo esto es posible por la nefasta política económica puesta en marcha desde el año 2010 en la economía española por obra y gracia de Merkel y sus secuaces. Es impensable que alguien con un mínimo conocimiento de economía pueda pensar que las medidas puestas en marcha por los gobiernos desde el año 2010 vaya a terminar dando sus frutos. Con una política de ajuste fiscal tan brutal, la devaluación de los salarios bestial que nos han impuesto y la inacción efectiva del BCE, la economía no puede expandirse. Es materialmente imposible. Y lo malo es que los responsables lo saben.
En definitiva, con el nivel de endeudamiento de las empresas y familias y el nivel de desempleo de la economía española, parece muy difícil que se cumpla el cuadro macro presentado por el gobierno el miércoles pasado. A no ser que, eso sí, responda a una necesidad coyuntural de los próximos 18 meses. En ese caso es hasta moderado. Estoy pensando en montar un partido político y presentarme a las elecciones, de forma que el movimiento perplejo se vea reflejado en el parlamento. Es una opción.



@juanignaciodeju


miércoles, 9 de abril de 2014

LA DEFLACIÓN: CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ?

Hoy voy a ser pesado. Voy a volver a hablar de la deflación.
¿Existe verdadero riesgo de que España tenga deflación? La respuesta es claramente si. Y no porque lo anuncie el FMI, que siempre va por detrás de la realidad. Es que es la política que ellos mismos han impulsado junto con la Comisión y el BCE. La famosa devaluación interna lleva a esto. Les guste o no, son los responsables. Y ahora van y ponen la alarma.
Lo voy a explicar. Cuando empieza la crisis del euro, año 2010, deciden los ‘listillos’ de Europa que los países endeudados por nuestro modelo de crecimiento debemos corregir nuestra situación exterior, es decir, el hecho de que nuestra balanza de pagos sea negativa. Técnicamente, lo que proponen es: hay que mejorar la competitividad de esos países para que paguen sus deudas y mejoren su situación. Impecable.
El único problema es que nuestra situación es complicada. Nuestro tipo de cambio real (aquel que nos relaciona con el resto de países) es una combinación del tipo de cambio nominal (el que vemos en los periódicos) y del cociente de los precios nacional / extranjeros. Cómo estamos en el euro, nuestro tipo de cambio nominal con respecto al 60% de nuestras relaciones exteriores no varía, luego sólo podré ganar competitividad modificando el cociente de precios. Como los países buenos del euro no van a subir artificialmente sus precios, debemos bajar los nuestros. Y de ahí toda la política diseñada: rebajas de gasto público; subidas de impuestos, sobre el consumo y sobre la renta; desregulación del mercado de trabajo para que los salarios bajen e incremento de los costes de los servicios básicos de forma que no exista una renta sobrante.
Las consecuencias las llevamos poniendo encima de la mesa un grupo de economistas: eso va a mejorar nuestra competitividad, pero va a perjudicar nuestro sistema económico. Y no nos hemos confundido desgraciadamente.
A todo esto, otra solución habría sido que el BCE impulsase la economía con medidas de política monetaria, que habrían influido sobre nuestro tipo de cambio, provocando una depreciación del euro que fomentase las exportaciones fuera de la zona. Pero eso no convenía a los países centrales y, durante años, decidieron que no se haría nada de forma que la economía fue deslizándose lentamente hacia la senda de la deflación.
Llegados a este punto, el gobierno español surgido de las elecciones de 2011 aplicó el programa con toda la crudeza del mismo con el argumento de que mejor una vez colorado que ciento amarillo, refrán que en este caso se traduce en: ‘les aplico a los ciudadanos un programa de máximos para solucionar el problema y ya está. Si lo pasan mal ya lo solucionarán de alguna manera’. Y se aplicó la solución en sus máximas expresiones. Desde este blog, durante el año 2012, fui bastante crítico con todo lo anunciado, aun cuando incluso le alabé alguna medida a medias. Y, dada mi humilde fuerza, no me hicieron caso. La conclusión es que, después de 18 meses de sufrimiento exagerado, la economía empezó a repuntar ligerísimamente. Lo cual llenó de alegría a nuestros responsables que lanzaron inmediatamente las campanas al vuelo anunciando el fin de la crisis y la recuperación inminente. Y así llevamos desde hace un año.
El repunte se debió a la mejora de la competitividad; a los incrementos extraordinarios de nuestras exportaciones en palabras de nuestro presidente. Pero la economía es tozuda. Tiene dos lados: la oferta y la demanda. Y por mucho que mejoremos la oferta, si la demanda no tira es difícil que la situación mejore. Y eso ocurrió con el sector exterior. Las exportaciones dieron síntomas de agotamiento. Y entonces se acordaron de la demanda interna. Y en el último trimestre del año repuntó ligeramente. Hay que ver que ocurre ahora, en este trimestre, aunque algunos análisis apuntan a que va a mejorar. Particularmente, pienso que la evolución de la inflación y, sobre todo, de los precios del sector exterior, no apuntan nada positivo.
Y llegamos al punto clave: los precios y la demanda. Con una demanda tan débil los precios de los productos van a bajar, máxime cuando los salarios lo han hecho y, seguramente, lo seguirán haciendo durante los próximos meses. No hay buenas noticias por ahí. Sólo mantenemos tasas positivas de precios por el comportamiento de los productos monopolizados (energía, básicamente), que se están aprovechando de la situación. La caída de los precios de estos últimos meses parece indicar que la demanda sigue débil o muy débil. Y ese debería ser nuestro principal problema ahora.
Porque o incentivamos la demanda interna o los precios seguirán bajando. Y si los precios bajan, el sistema económico se colapsa. Y podemos pasarnos así no una década, como Japón, sino el doble o el triple. Y eso será responsabilidad de los ‘listillos’ europeos.
Y entonces va el FMI y dice que la solución para España es ¡bajar un 10% los salarios! Pienso que o se han olvidado de la economía que aprendieron en la facultad o que nos están tomando el pelo. Si bajamos más los salarios, a parte de incrementar la morosidad de nuestras deudas, no consumiremos más, sino menos. Y los precios seguirán bajando. Al menos eso pienso.
Hay que subir los precios. Es inevitable. O subimos los precios o nuestro sistema se parará: nuestras deudas no se verán mejoradas por la subida de precios; nuestras rentas no crecerán en términos nominales ni reales; nuestras empresas deberán cerrar; se incrementará más el desempleo; … Hay que subir los precios.
Porque si entramos en deflación, como les digo a mis alumnos, los economistas no sabemos como actuar. Con la inflación no tenemos problemas, pero con la deflación, mejor no probar. Al menos que pretendan que todos estemos perplejos, como este humilde economista.






@juanignaciodeju

viernes, 28 de marzo de 2014

VOLVERÁN LAS OSCURAS ...

¿Cuánto será el Déficit Público? Seguro que cumpliremos más o menos, quizá un poco por encima pero no mucho. Y se mostrarán eufóricos. Que si somos los mejores, que si ya creen en nosotros hasta en la Luna, que si en Bruselas nos invitan a copas todos los días, …
Y los españoles respiraremos aliviados. No nos harán nuevos recortes y estaremos mejor. Incluso el gobernador del Banco de España nos dirá que las previsiones que ha hecho son pequeñas y que, realmente, vamos a crecer mucho más y a crear un montón de empleo equivalente a tiempo completo. Y volverán las oscuras golondrinas …
Porque el déficit que hoy presente el ministro Montoro será de cerca de un 7% del PIB. Por encima de lo que pagamos de intereses. Es decir, seguimos teniendo déficit primario que no hemos corregido, por lo que el descenso del pago de los intereses no frena el incremento de la deuda que seguirá creciendo. Pero oficialmente vamos a declarar inaugurado el periodo del optimismo. No seamos ingenuos.
Aguantarán hasta las elecciones del año que viene, año y medio, para intentar mantener el estatus actual, pero en cuanto se celebren, sea quien sea el ganador, volveremos a los recortes y a las subidas de impuestos. Las oscuras golondrinas …
Y será un error garrafal, como vengo denunciando desde este blog desde que empezamos con la loca carrera del recorte y la subida de impuestos generalizada. Lo que tenemos que hacer es crecer para que se generen nuevos ingresos en la economía, para que la gente consuma más, para que las empresas ingresen más IVA, para que se paguen más impuestos directos, vía IRPF o IS. Hay que generar más actividad para que se paguen más impuestos que permitan mejorar el déficit primario. Y a la vez el incremento de la actividad generará menores gastos en prestaciones por desempleo, menores derechos en las becas, menores transferencias de rentas, y disminuirá el déficit primario y estaremos mejor. Así si. Pero las oscuras golondrinas …
Hay que hacer una política monetaria expansiva que genere inflación de forma que nuestras deudas se reduzcan en términos reales y puedan ser asumidas mejor por los deudores. Hay que permitir un respiro a las personas endeudadas para que puedan incrementar su consumo. Hay que fomentar el crédito a las empresas para que puedan seguir funcionando e incrementando la actividad. Hay que establecer ayudas a la contratación para que, cuando se incremente la demanda, sea más fácil contratar. Y hay que invertir en el futuro mediante la investigación básica que proporciona resultados quizá a los diez años, pero que implican un incremento importante de la renta a partir de ese momento. Todo esto hay que poner en marcha, pero las golondrinas …
Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar. Volveremos a las malas noticias semanales y a los viernes de dolores en los consejos de ministros. A los recortes en sanidad y en las pensiones, en la educación, en las prestaciones; a subir los impuestos para cuadrar el déficit; a las reclasificaciones de productos en el IVA para incrementar la recaudación, …
Y si el gobierno empieza a hacer cosas ya mejor. Le propongo unas cuantas: reforma del sector eléctrico de verdad; de la distribución de hidrocarburos, de la distribución de mercancías; mejora de la asignación de recursos en los mercados mayoristas; racionalizar la administración en la distribución de competencias; …
En definitiva, incremento de la competencia en los mercados, lo que generará incremento de nuestro nivel de renta en el futuro.
Y así pintaremos las plumas de las golondrinas y podremos escribir: volverán las blancas golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar. Queda peor, pero es más razonable. Por lo menos, no tan tendente a la perplejidad.

@juanignaciodeju


jueves, 6 de marzo de 2014

LA DECISIÓN DE MARIO DRAGHI

Llevo mucho tiempo invocando la política monetaria expansiva en la zona euro. En principio como motor de la expansión económica y solución de nuestros problemas a corto plazo; en la actualidad, y sin desdeñar esta acción, como forma de evitar la situación de inflación muy moderada a la que nos dirigimos y, en el peor de los casos, la deflación.
¿Por qué es malo tener una inflación muy moderada? Lo explico con un ejemplo muy sencillo: supongamos que estamos en un mercado obteniendo beneficios con unos costes controlados. Eso será una indicación de que es un mercado que admite nuevos operadores y, en consecuencia, se crearán nuevas empresas que generarán nuevos puestos de trabajo. Si ese mercado baja los precios, los beneficios se reducirán y habrá empresas que deban cerrar por no cubrir sus costes y, en consecuencia, el desempleo crecerá. En definitiva, como les cuento a mis alumnos, la inflación es como el aceite de un coche: es necesaria para engrasar la maquinaria y que funcione bien; aunque un exceso provoca que el motor funcione mal.
Por lo tanto, tenemos que tener algo de inflación en nuestras vidas. La falta de ella provocó la extensión de la crisis japonesa. Y si hay deflación, como los precios van a bajar en el siguiente periodo, los consumidores dejan de adquirir los bienes pensando que los podrán comprar más baratos en el periodo siguiente. En el año 2009 un alumno me preguntó si sus padres debían comprarse un piso. Le dije que esperaran, que los precios iban a bajar. Espero que me hiciera caso; y que no compraran preferentes de Bankia.
En consecuencia, hay que hacer una política monetaria expansiva. Si. Rotundamente. La cuestión es cómo. Una bajada de tipos de interés a la antigua usanza no sería muy efectiva. Nos gustaría a los hipotecados, lógicamente, pero no tendría mucho efecto. Sencillamente porque los bancos tienen excesos de liquidez que están guardando para superar con nota los estrés test a los que les van a someter. Y porque no se fían de ellos mismos y, en consecuencia, no se prestan dinero ‘no vaya a ser que tú tengas tanta mierda en tu balance como yo en el mío’. En estas condiciones, o compran deuda pública con un buen tipo de interés (y si no que se lo pregunten a los fondos de inversión monetarios) o lo deposito en el BCE con rentabilidad 0. Total, no pierdo mucho en el envite: sólo un 0,25%.
Admitir nuevos colaterales en los créditos tampoco ayudaría mucho. Ya es admisible casi cualquier cosa. Incluso los bonos griegos que tienen la consideración de bono basura. Incluso la deuda de las cajas españolas rescatadas. Es decir, en esta crisis si alguien se ha jugado su pellejo han sido los bancos centrales que han empeorado considerablemente la solvencia de sus carteras. Esperemos que no tengan problemas de recuperabilidad futura. Y si no, para eso estamos los contribuyentes.
Nos quedan dos cosas: dejar de filtrar las compras de bonos de los países periféricos y prestar más dinero. La primera es una consecuencia lógica de pertenecer a una zona monetaria dominada por ortodoxos como son los alemanes, todavía aterrados por la evolución de la inflación tras la primera guerra mundial y los problemas de financiación del patrón oro. Evidentemente eso no es deseable ni previsible en las circunstancias actuales, no necesitamos ‘financiar una guerra’ como escribió J.M. Keynes, pero siempre habrá quien recuerde que la monetización de la deuda genera inflación. Eso es precisamente lo que necesitamos en estos momentos. Por eso lo proponemos.
La segunda medida, la inyección de liquidez adicional, debería estar condicionada para que no suframos otras consecuencias. El problema básico no es la liquidez, como he argumentado, es la falta de crédito. Para ello debería proponerse un sistema que incentivara la concesión de créditos por parte de los bancos. Algo complicado.
Además, con la primera medida, la monetización de la deuda, acabaríamos con dos problemas adicionales: bajarían las primas de riesgo de forma rápida, dado que habría más demandantes y, en consecuencia, los precios subirían (y bajarían las rentabilidades); y, por otro lado, induciríamos a los bancos a dar créditos a tipos más reducidos, ya que no obtendrían rentabilidades de otra forma. Si a este le añadimos el paso fundamental de cobrar por los depósitos que hagan los bancos comerciales, pues mejor. Habría que evitar la competencia que pudieran hacer los países que necesiten financiación y que aprovecharán para emitir deuda ellos también. Pero para eso contamos con la inestimable colaboración de las empresas de ratting.
Toda una decisión la que tiene que adoptar Draghi. Enfrentarse a Alemania y monetizar deuda o dejar que una parte de Europa se japonice para beneficio de la otra parte que se aprovechará de los salarios bajos de la primera para producir y, al final, toda Europa entre en una recesión continua y permanente. ¡Que la fuerza le acompañe!


@juanignaciodeju



viernes, 10 de enero de 2014

UNA INGENUIDAD


¿Y si al final el gobierno de Rajoy tiene un plan? A lo mejor nos lo oculta para que no nos vayamos, o para que mantengamos la moral alta, como los militares en las guerras. O quizás es que no lo podemos conocer todavía. El caso es que no me creo que actúen así sin una hoja de ruta perfilada de antemano. Al menos eso se supone de las mentes que hay por ahí. Alguien en algún momento ha tenido que trazar un plan de acción y discutirlo. Un brain storming para ver si es bueno o malo y decidir cómo y cuándo se pone en marcha. Porque lo contrario sería poco razonable.

¿Y si al final el gobierno de Rajoy no tiene un plan? Todo lo hecho y dicho por sus ministros, secretarios de estado, directores generales etc sería pura improvisación y las medidas adoptadas por el gobierno en los dos años que llevan habrían sido pura y simple improvisación del momento. Eso cuadra muy bien con las dudas con el sistema financiero y las tres reformas que se hicieron en apenas dos meses de gobierno que termino en lo que la mayoría de los economistas pensábamos que tenía que terminar: con la creación de un banco malo. Y el apoyo estatal a los bancos, que nos costó lo que nos costó. En este caso, Rajoy iría día a día aplicando medidas inconexas unas de otras y saliendo al paso de los desafíos que le impone el momento. Entonces si sería comprensible su euforia de final de año. ¡Bastante ha tenido con llegar hasta aquí vivo!

Porque el gobierno está muy contento con la evolución del desempleo, tanto que habla ya de cambio histórico en la tendencia, aunque lo que realmente está ocurriendo es que la gente está abandonando el país o dejando de ser población activa. Si, ha disminuido el desempleo, pero lo ha hecho sin que haya aumentado el empleo. Paradoja fácil de interpretar: la gente lo deja, los inmigrantes se van y los jóvenes españoles también.

Si lo analizamos un poco en profundidad y mezclamos todo en algo conexo veremos lo que ocurre: una política consistente en la deflación interna con increíble sufrimiento de los ciudadanos, a los que se obliga a bajar los salarios (o los costes salariales, que es lo mismo) para mantener su puesto de trabajo y, en muchos casos, una reducción de la plantilla; una política fiscal  que ahoga a ciudadanos y empresas obligándoles a una rebaja de precios no conseguida nunca en el planeta; una política social de rebaja de cualquier beneficio que pueda adoptarse; el establecimiento de un copago en la sanidad en todo lo que se puede establecer, llegando a cobrar incluso por las medicinas hospitalarias a enfermos graves; una rebaja de las pensiones a medio y largo plazo; una presión increíble sobre los consumidores con el establecimiento de precios abusivos en mercados regulados que favorecen exclusivamente a los oligopolios; un empobrecimiento general de las condiciones de prestación de los servicios públicos más esenciales, estableciendo precios públicos muy superiores a los razonables para la situación económica y salarial que estamos viviendo; …

Un pequeño botón de muestra. Al final, de todo ello sale una necesidad de abandonar de los ciudadanos, en algunos casos acelerando el resultado final de sus procesos de enfermedad con el abandono de tratamientos, o la emigración de los jóvenes en los que hemos invertido grandes cantidades de dinero en su formación para que sirvan de mano de obra barata en la Europa rica, o la desaparición de los registros de empleo por el convencimiento de la inutilidad de los mismos. Y de ello se desprende una reducción de la población activa y una reducción del desempleo. Un plan perfecto para decir que se han hecho las cosas bien.

Pero no, sigo pensando que Rajoy  no tiene un plan y sus ministros menos aún. Que improvisan en sus decisiones según se presentan los problemas. Llamarme ingenuo si queréis.

 

@juanignaciodeju

viernes, 20 de diciembre de 2013

EL MAL LLAMADO MERCADO ELECTRICO ESPAÑOL



¿Cómo funciona un mercado? En el plano estrictamente económico, teórico, un mercado funciona como interacción de dos fuerzas: la oferta y la demanda. La conjunción de ambas provoca un equilibrio que determina un precio y una cantidad que libremente se intercambian en el mercado. La demanda depende básicamente del precio del bien (hay otras variables, como es el precio de los bienes sustitutivos, la renta, los gustos) y es una dependencia negativa, mientra que la oferta depende también del precio del bien pero siendo directamente proporcional.

En el plano de la teoría, una disminución de la demanda debe provocar necesariamente una disminución del precio (la secuencia sería que se provocaría un exceso de oferta que haría que el precio bajase) lo mismo que un incremento de la oferta, que igualmente provocará una disminución del precio.

Bien. Pues todo eso, que los economistas llevamos explicando desde el siglo XVIII y que hasta el momento ha funcionado más o menos correctamente, con el sector eléctrico español ha dejado de existir. Y digo esto porque en la subasta de ayer hay una bajada de la demanda, y el precio sube un 26%. ¿Cómo es posible?

Afortunadamente los economistas somos gente espabilada que podemos analizar cualquier cosa (a toro pasado, claro está) y podemos predecir con exactitud lo que ha ocurrido. Eso es una gran ventaja de esta ciencia: somos capaces de no confundirnos en la predicción del pasado. Bien, pues la situación que se ha producido sería posible si se hubiese reducido la oferta. Una reducción de la oferta de una magnitud suficiente sería capaz de provocar que, aunque disminuya la demanda, el precio se incremente.

Dando por sentado este criterio, lo cual puede resultar hasta excesivo, tendríamos que ver quién o quiénes componen la oferta para ver si es posible esa situación. Igualmente, habría que ver quién o quiénes componen la demanda para analizarla.

La oferta la componen todas aquellas empresas que ofrecen electricidad en España. Hay unas cuantas, por lo que aparentemente el mercado debe funcionar correctamente dado que se evita que una pocas empresas puedan influir con sus decisiones en el precio. Aquí incluimos a las hidroeléctricas, nucleares, solares, eólicas, de carbón, petróleo, gas, etc. La mayoría participadas por las grandes empresas de electricidad de España. Luego realmente el mercado está más cerca de un oligopolio. Ahí tenemos un problema que habría que solucionar.

Por el lado de la demanda la cosa tampoco pinta clara: las empresas distribuidoras, es decir, las que van a comprar la electricidad en este mercado mayorista, son también las grandes empresas eléctricas. Luego aquí si podemos decir que dominan el mercado generando un oligopsonio. Pero es que el mercado funciona de forma que estas empresas venden la electricidad a otras que son las comercializadoras. Luego las mismas empresas eléctricas son: oligopolistas en el mercado de producción; oligopsonistas en el mercado de producción y oligopolistas en el mercado de comercialización.

Y encima tenemos una ley que garantiza a las empresas eléctricas que van a cobrar el kw/h al precio de la energía más cara. Es decir, si nosotros pagamos por poner un ejemplo 1 euros por el Kw/h y el coste de la fuente más cara es de 1,5 euros, los 50 céntimos estamos obligados a pagárselo a las empresas. De ahí nace el famoso déficit de tarifa. ¿Influye en algo de dónde proviene la energía que consumamos? No. Si nuestra empresa eléctrica nos aporta exclusivamente kw de energía nuclear, una de las más baratas, da igual y la empresa cobrará como si toda la energía proviene de la solar, una de las más caras.

Bien. En estas circunstancias va el gobierno y le dice a las eléctricas que no le va a pagar 3.600 millones de euros del déficit de tarifa. ¿Qué ocurre? Que desde aquella declaración las empresas eléctricas se pusieron en alerta y maniobraron para conseguir ese dinero de una u otra forma. Negociaron con el gobierno, pero no tuvieron lo que querían, es decir, el pago inmediato de los 3.600 millones. El gobierno les dijo que se lo avalaría. Y el precio empezó a subir. Si existe el mercado como tal, la conclusión es clara: las empresas eléctricas han decidido reducir la oferta hasta conseguir lo que quieren: los 3.600 millones por la vía que sea. O se lo cobramos a los consumidores (subida del 26%) o al gobierno vía deuda pública. Y en medio, decenas de empresas, grandes consumidores de energía, que han tenido que cerrar temporalmente para poder producir en el futuro. Y la batalla final se produjo ayer.

Sería complicado explicar en qué consiste la subasta eléctrica, pero puedo decir que básicamente es una subasta a la baja: se parte de una cantidad y un precio que demanda las empresas por lotes y las oferentes pujan por ellos. Si son las mismas empresas las que demanda y las que ofrecen, ¿no es muy fácil manipular el mercado? La respuesta es si. Pero no por la subasta de ayer, que ha sido descarado, sino por la de todos los trimestres.

Por eso es urgente una reforma del sector eléctrico español que haga dos cosas: por un lado, desvincule a los demandantes de los oferentes. No es posible que una misma empresa esté en un lado del mercado y en el otro. No habrá competencia real. Que las grandes decidan dónde quieren estar, si produciendo electricidad o demandándola. Y por otro permita a las empresas comercializadoras acudir al mercado como distribuidoras, de forma que se rompa el oligopolio y aparezca la competencia. Y con respecto al déficit de tarifa, dado que es muy complicada la diferenciación, establezcamos que el precio que debe regir en el mercado es la media de las fuentes de producción en los últimos 12 meses, de forma que la tarifa sea capaz de equilibrar el mercado.

Falta por determinar qué hacemos con la parte regulada, es decir, aquella donde nos meten todo lo que quieren y un poco más. Desde moratorias nucleares hasta bonos sociales. Incluso los famosos peajes de acceso que estableció el ministro Soria están ahí metidos. Es decir, algo hay que hacer sobre esa parte que representa el 60% del recibo. Lo primero es desenmascarar a las empresas: si levanto la moratoria nuclear, y te dejo hacer centrales, ¿renuncias a esa parte del recibo? Van a contestar que no, que están muy contentas como están y que no piensan invertir ahora en centrales nucleares. Por lo tanto, quitémosla ya.

Los peajes de acceso son los costes que tienen las empresas por acceder a la red. Es decir, los consumidores también pagamos por el coste de las empresas de acceder a la red.

Y así podríamos seguir enumerando cosas que no tienen sentido en un recibo de la luz que, desde el 2004, es decir, hace 10 años, se ha encarecido un 71%. Y contra esto la Comisión Europea no recomienda nada para que baje, más bien que siga subiendo hasta ahogar a los consumidores que no importamos nada.

Cuando alguien ponga en orden este mercado dejaré de estar perplejo. Mientras tanto continúo con mi estado, aumentando un 26%.



@juanignaciodeju