martes, 27 de diciembre de 2016

¿HABÉIS CERRADO EL GAS? PUES AHÍ TE QUEDAS 2016!!!

Termina el año 2016 donde algunos opinarán que, a pesar de no tener un gobierno con plenas funciones, la economía española siguió creciendo y generando un montón de, mal llamados, puestos de trabajo. La conclusión, obviamente, es que entonces ¿para qué queremos gobierno?
Y lo terminamos poniendo de manifiesto la diferencia entre las teorías económicas que cualquiera puede leer  y la aplicación a la realidad de los procesos. Resulta que un firme defensor de las teorías de Laffer, el ministro Montoro, cuando se enfrenta con la realidad no las aplica. Lógico. Por eso en tres años se han incrementado las figuras impositivas de 68 a 97. Eso de fiar la recaudación al cumplimiento de las teorías de Laffer como que no está en los genes de los ministros de hacienda, que prefieren ser más realistas y fiarse de otras cosas.
Y dejamos atrás un año, el 2016, que deberíamos escribir al revés: 6102. Porque nos salió todo al revés de como lo habíamos planeado: 
En primer lugar, venció el Brexit, con lo que tenemos un problema importante sobre nuestro futuro. Y aunque la gente diga que el parece bien, que los votos son los que son y con lo que estoy plenamente de acuerdo, resulta que los euroescépticos ingleses forzaron un voto contrario a su país. Y ahora que se están dando cuenta, quieren ver cómo lo arreglan para evitar una catástrofe europea. Y aquí soy partidario de cumplir con el mandato popular: si han pedido irse, que se vayan ordenadamente, rápido para evitar que se escape el gato y dejando en casa lo que no les corresponde. Y si quieren volver, que se lo están planteando, que pidan entrar y que los demás nos pronunciemos. Como siempre ha sido. 
En segundo lugar, ganó Trump. Y eso es también un riesgo importante para nuestro modo de vida. Que un millonario sin escrúpulos, que procura no pagar impuestos, misógino, racista, maleducado, chulo, etc tenga el poder de mandar sobre el mundo por el hecho de haberse enfrentado a una mujer gris y poco atractiva en unas elecciones hace que mi optimismo en la raza humana se encuentre en mínimos. Contra eso sólo cabe que los funcionarios sean lo suficientemente listos para evitar una catástrofe. Aunque pienso "si sobrevivimos a Bush hijo, podremos con Trump". Pero no tengo tan clara la primera parte de la afirmación. Ahí está el ISIS, Al quaeda, y tantos otros.
En tercer lugar, por todo el mundo se despliega el populismo como forma de análisis político lo que implica que a partir de ahora todos los problemas tienen una solución dual: es decir, una cosa o la contraria. Así es muy fácil hacer política y nos ahorraremos una pasta en asesores. Aunque el mundo será un lugar peor, de eso no tengo ninguna duda. Los problemas seguirán siendo complejos, y las soluciones múltiples. ¿O alguien piensa que tirando una bomba atómica en el centro de Alepo acabamos con el problema del ISIS? Porque es rotundamente falso. Igual que con ETA no se acabó sólo con la vía policial. 
Pero lo nuestro en este espacio es la economía y no la política. Aunque una cosa lleva aparejada la otra y ambas se necesitan y retroalimentan para subsistir. Voy a terminar con otra reflexión sobre las teorías económicas en manos de los economistas opinadores y con una recomendación.
La reflexión tiene que ver con la Ley de Okun. Para el que no lo sepa, aquella que usamos para decir que "la economía necesita crecer un 2,5% para crear empleo" y que ahora decimos que la reforma laboral ha hecho milagros y ha rebajado. Si, tienen razón. La reforma laboral ha hecho que ahora en España con poco crecimiento económica se genera empleo. Tienen razón, pero es que ese 2,5% reflejaba dos cosas: el crecimiento de la población activa y el crecimiento de la productividad. Pues claro, tanto la una como la otra con la reforma laboral han caído. Lo cual es muy triste y peligroso de cara al futuro.
Y por último la recomendación. Ayer estuve viendo la película "La Gran Apuesta". Explica muy bien el desarrollo de la crisis financiera internacional y la explosión del sistema, aunque requiere unos cuantos conocimientos de economía y de financiarización de la misma. Y, obviamente, no explica la génesis de la crisis y los excesos de liquidez del sistema. Lo único malo es el final: muestra a financieros con conciencia. Eso no es creíble. Pero es una buena película para iniciados.
Pues nada más. Por este año no espero dar más la lata. He vuelto a comprobar que el nombre me sigue yendo bien y no salgo de mi estado de perplejidad. Así que, sigo ahí. Y el viernes 20 de enero salgo de viaje a Marte. Que Trump asume el mando del maletín nuclear y nunca se sabe.



@juaniganciodeju

martes, 15 de noviembre de 2016

COLONIA EN MARTE

Hace días estaba yo algo mustio por la falta de gobiernos a quienes criticar y ahora tengo una lista grande de temas en los que entrar a criticar, con lo de Trump, lo de Rajoy, ...

Empezaré por lo cercano. El gobierno de Rajoy. Si, al final tuvimos gobierno porque el PSOE se abstuvo y permitió que el PP gobierne. Y llovieron las críticas. Y a mi me sigue doliendo el estómago de lo hecho por el PSOE, pero una vez tomado el Almax pienso ¿había alguna otra opción? 

Había un opción de un gobierno PSOE + Ciudadanos + Podemos. Pero eso estaba descartado por los líderes de los dos partidos 'nuevos'. Solicitado por muchos (incluso cuando en su momento lo rechazaron) esa fue la utopía que se mantuvo durante buena parte del tiempo. Pero era inviable.

Había una opción de gobierno de PSOE + Podemos + todos los que no eran PP, Ciudadanos y Coalición Canaria. A esto alguno lo llamaba 'gobierno progresista' contando con gente tan a la izquierda como Homs o el PNV. Y, claro, era un gobierno a la contra, con lo que cualquier baja daba por seguro el fracaso. Y la baja se produjo en cuanto se tanteó el tema: el PNV dijo que no entraría en ese juego, luego adiós al gobierno 'progresista'.

Y estaban las terceras elecciones. Con un partido tan partido, con un secretario general tan en precario; con una falta absoluta de liderazgo y de proyecto en el futuro (al menos así lo veía yo desde fuera), unas elecciones podrían haber conseguido el bagaje de superar otra vez  a Podemos, pero el PP habría sacado mayoría absoluta junto con Ciudadanos, con lo que se esfumaría el hipotético control al gobierno desde el parlamento. Es decir, más Rajoy de lo mismo.

Así que se tuvieron que tomar Almax en cantidades industriales para tragarse el sapo. Y lo hicieron. Cuando hablo de populismos, por lo menos en mi caso, me refiero a esto: lo problemas no son simples y, lógicamente, no tienen soluciones sencillas. La teoría de juegos nos ilustra sobre ello y el 'dilema del prisionero' es elocuente. Si todo es reducible a dos alternativas, la solución es sencilla (y Cournot así lo expresa), pero cuando se complica, las matrices de resultados son más grandes. Y claro, los dolores de cabeza también.

La ventaja es que ahora puedo criticar. Y voy a ello. Si, ya se que soy un agorero, pero la economía no va a mejorar en la dirección en que debería con los mismo actores que había antes: De Guindos, Montoro, Bañez, a los que se suman los hermanos Nadal, uno en el ministerio de Industria y otro como Secretario de Estado. En fin, más de lo mismo. Luego podemos esperar lo mismo que los cinco años anteriores: gente intentado vender que existe la curva de Laffer pero que a la hora de la realidad no la aplican y, por consiguiente, para cuadrar las cuentas de los 7.700 millones que quiere Bruselas subirán los impuestos y retocarán algún pequeño gastillo. Vamos, lo previsto. Lástima que los hermanos De Juan no sean tan conocidos como los hermanos Nadal, En fin.

Y luego lo de Trump. Hay que reconocer que me provocó un Shock del que todavía no me he recuperado, pero las cosas son así. Y últimamente cualquiera que se presente como alternativo al sistema, aunque provenga de él, tiene mucho ganado. Y ahí tenemos que hacer una reflexión profunda: ¿qué estamos haciendo mal para que la gente dé la espalada a los sistemas?; ¿Se han vuelto todos los votantes anti sistema?. No lo creo, francamente. Hay que ver qué hace el sistema para que la gente esté contra él. Y hay ahí mucho trabajo. Alguno se acerca al análisis que me parece adecuado, pero no lo veo cuadrado todavía. A lo mejor me pongo a ello un día. 

En el plano económico, creo que nos vamos a divertir e incluso podemos estar riéndonos durante gran parte del tiempo. Porque es verdaderamente increíble la política que ha propuesto. Pondré sólo algunos ejemplos de las cosas que este señor ha ido vendiendo por ahi.

- Con respecto al salario mínimo, le he llagado a oír en la misma frase que había que subirlo a 10 dólares la hora, que había que quitarlo, reducirlo a menos de 6 dólares la hora y fijarlo en 8,5 dólares la hora. No sé si ni siquiera sabe lo que es un salario mínimo, lo que seguro desconoce son las consecuencias económicas.

- Expulsión de 11 millones de inmigrantes. Aunque esta cifra ya la ha bajado a 2-3 millones y no todos expulsados, la mitad más o menos en la cárcel. 11 millones menos de la población activa es mucha población activa americana expulsada. Y eso tendría efectos devastadores sobre el mercado de trabajo, la producción y, por consiguiente, una crisis en la economía.

- No firmar el TTIP y poner aranceles del 45% a los chinos y 35% a los mexicanos. Vamos, que haría lo mismo que Franco en España en los años 40-50. Un desastre más. El proteccionismo nunca ha sido la solución y menos aún en la época de internet. ¿O de dónde se cree que provienen los productos que compran él o sus familiares a través de Amazon?

- Bajar los impuestos un 15% a todo el mundo. Se ve que ha encontrado la servilleta que pintó Laffer a Bush padre por algún lugar de la sede del partido. Porque con un déficit del 4% y una deuda del 100% es poco razonable hacer experimentos, y esto es un experimento. 

Sólo son cuatro pinceladas. He previsto montar una colonia en Marte con unas tiendas de campaña. Estoy organizando el viaje. No creo que el mundo aguante tanta tontería en tan poco espacio de tiempo (y todavía nos falta Le Pen). Voy a huir de aquí porque estimo que la perplejidad me va a terminar aplastando. ¿Alguno se apunta?


@juanignaciodeju


lunes, 17 de octubre de 2016

MIRANDO A MAS LARGO PLAZO

El otro día, dando clase, me vinieron a la cabeza algunas ideas sobre problemas que tenemos ahí y que algún día habrá que abordar para dar soluciones. Creo que va siendo hora de cruzar algunos puentes que están ahí.
El primero de ellos tiene que ver con el futuro de las pensiones. Dados los desequilibrios que se están produciendo, o hacemos algo ahora o no podremos reaccionar en el futuro. Y se plantea el problema de ir separando fuentes de financiación. Ya se separaron en el pasado, dejando el sistema sanitario a un lado y el de pensiones a otro. Y parecía que eso nos llevaba al equilibrio. Pero aquello ya no existe. Hay que empezar de nuevo. 
Alguno propone cambiar las fuentes de financiación de determinadas pensiones: las no contributivas se financian con los impuestos, las contributivas con las cotizaciones., Sólo aplazaremos el problema otros cuantos años. Por lo tanto, hay que proceder al análisis. Y a la toma de decisiones.
El sistema español de seguridad social se basa en tres patas: trabajadores, salarios y cotizaciones. Todos tienen que estar equilibrados para producir un resultado satisfactorio. 
El número de trabajadores es fundamental, de ahí que nuestro presidente en funciones no haga más que prometer que llegaremos a los 20 millones de trabajadores que nos llevarán al nirvana de los ingresos de la Seguridad Social y, con ello, al superavit de las cuentas y a incrementar la hucha de las pensiones. Nada más alejado de la realidad. Alcanzar los 20 millones de trabajadores significará recuperar una cifra que ya tuvimos en el pasado, pero no implicará volver a una situación de cuentas saneadas. Hacen falta los otros dos factores. 20 millones de trabajadores con salarios más bajos sólo provocarán un tenue equilibrio en el sistema. Necesitamos, adicionalmente, que los salarios sean mayores, lo cual no parece que sea el camino en la actualidad. Por lo tanto, se requerirán unos 3 millones de cotizantes más para alcanzar una posición similar, lo que implicará unos tres millones de puestos de trabajo por encima del máximo histórico de nuestros empleos y, en consecuencia, un nivel de plenos empleo desconocido con una tasas de desempleo cercana al 0% y un volumen de trabajadores en pluriempleo elevado. No parece que ese vaya a ser nuestro futuro dentro de 10 años. Por lo tanto, para alcanzar esa situación deberíamos incrementar las cotizaciones un 10%, lo que significaría una disminución considerable del empleo y, por lo tanto, no alcanzaríamos la cifra mágica de los 20 millones de trabajadores. Sólo habría un camino en estas circunstancias: incrementar los salarios. 
Porque además,. encontrar tal volumen de trabajadores implicará apostar decididamente por al inmigración y no creo que el actual ministro del interior esté muy por la labor de que eso ocurra. Y no digamos nada de Le Pen en Francia o los del Brexit en Reino Unido o los austriacos o los polacos. No. Definitivamente, no parece una solución. 
Por lo tanto, habrá que modificar el sistema. Los habrá que opinen que hay que acabar con él. Yo creo que no, que hay que reformarlo. ¿Cómo? Pues quitando cargas directas al sistema para que sea más fluido. Por ejemplo, rebajando las cotizaciones al 20%, creando un recargo especial en el IRPF del 6%, y modificando el Impuesto de Sociedades en una forma que no perjudique a las empresas por crear empelo pero sí por los salarios bajos. Establecería un sistema de cobro de las pensiones en función del salario que se cobrara y posibilitaría la aportación de cantidades adicionales por parte de las personas a modo de plan de pensiones individual pero de carácter público. Finalmente, establecería un recargo especial en el IVA de un 2% en los productos gravados con el IVA normal y un impuesto especial sobre el tabaco para financiar la Sanidad y otro sobre la gasolina. Por último, dedicaría un 2% de los fondos recaudados en el IRPF para la formación, en forma de deducción en la tarifa. Y si hacen falta más fondos, establecería un impuesto específico para financiar el sistema. La idea es incrementar el número de trabajadores y el salario de los mismos. Si no suben los salarios, gravaríamos el incremento de los beneficios de las empresas de forma que se generasen los ingresos por los salarios, el IRPF o el IS. Finalmente, habría que focalizar una actividad "comercial" del estado hacia la Seguridad Social, Por ejemplo, las autopistas estatales, o determinados ingresos de la RENFE o la tasa sobre lo seguros de riesgo, Obviamente, habría que quitar la deducción por la aportación a los planes de pensiones privados y determinar qué deducciones de las existentes actualmente deben mantener y cuáles no.
El otro tema que creo que deberíamos abordar es el de los paraísos fiscales. Creo que es imposible acabar con ellos por más que nos lo propongamos. Territorios donde la gente pague pocos impuestos siempre van a existir,. Por lo tanto, lo que hay que hacer es convivir con ellos y aceptarlos. Pero hay que evitar que esos paraísos fiscales condicionen nuestro sistema. Para ello, creo que la ONU debería establecer una lista única de paraísos fiscales, declararlos como tales y establecer una tasa Tobin para cada movimiento bancario con origen o destino esos países. Tasa muy baja, por ejemplo del 0,7%, pero que gravaría todos los movimiento de intercambio de dinero en los bancos de esos países. Con ese 0,7% recaudado, la ONU podría hacer políticas de desarrollo y acabar con el hambre en el mundo. Al fin y al cabo, políticas redistributivas que tanta falta hacen. Y también proceder a la cancelación de determinadas deudas de países que no pueden ni podrán hacer frente nunca.
Supongo que nadie aplicará esta medidas. Son sólo elucubraciones de un economista perplejo. Solo espero que se abra el debate sobre esos dos puntos importantes de nuestras vidas económicas. Hay que hacer algo que se acerca el momento en que me toque cobrar pensión y no lo tengo nada claro. ¿Será que éste un punto más de mi perplejidad?

@juaniganciodeju

domingo, 11 de septiembre de 2016

VOLVIENDO

Me he tomado unas largas (y merecidas) vacaciones esperando que en algún momento se formase un gobierno al que poder criticar. Como no hay manera, me he cansado de esperar y me lanzo a criticar a alguien, que siempre habrá el que se lo merezca.
En primer lugar, quiero criticar al sistema: algo debemos hacer mal cuando llevamos ocho meses sin gobierno. Eso es un fallo estructural que debería haberse previsto en la Constitución. Propongo que si no hay un gobierno después de las segundas elecciones, todos lo líderes sean sometidos a tortura psicológica de forma permanente: que tengan que trabajar. Si, ya se que eso es cruel, incluso que debería estar prohibido por las convenciones de las Naciones Unidas. Pero algo tenemos que hacer, y eso es lo más razonable que se me ocurre. Por ejemplo, les pondría durante un mes a registrar desempleados; o repartir sacos de patatas; o a recoger aceitunas. No sé, algo que les hiciera reflexionar y pensaran que son unos privilegiados que SOLO tienen que llegar  a acuerdos.
En segundo lugar, quiero criticar a lo líderes. Bueno, si puede llamárselos de esa manera. Porque liderar, lo que se dice liderar, poco. Más bien se están convirtiendo en directores generales de una empresa en quiebra que sólo está pensado en su bono de final de año. Un  poco como los gestores de Lehman Brothers. Miren ustedes, si no hay gobierno, no puede haber oposición, ni parlamento, ni nada. Luego hagan ustedes su trabajo.
En tercer lugar hay que criticar a los Presidentes del Congreso, simples marionetas del ¿líder? de su partido que no se dan cuenta que esto es algo distinto. No deberían plegarse a maniobras de sus jefes y pensar que están representando a TODOS.
En cuarto lugar, a los diputados. Representan a los ciudadanos, no a los partidos. Eso está recogido en numerosas sentencias del Tribunal Constitucional. No le deben obediencia a un señor, se la deben a los ciudadanos. Pero eso también es achacable al sistema.
Y por últimos, criticar a la ciudadanía. ¿Es que no sabéis que estáis votando mal? ¿Qué hay que sacar un determinado resultado? ¿Es que no leéis los periódicos y los editoriales? ¿Es que os habéis creído eso de la soberanía?. Mirar, os vamos a dar una tercera oportunidad para que acertéis con los resultados y todos estemos más tranquilos.
Va siendo necesario que haya ya un gobierno y que tomen medidas para que este Economista Perplejo pueda criticarlas y hacer fortuna con ellas. Pero nadie se entera y me dejan a dos velas. En fin,


@juanignaciodeju

P.D.: Todo el problema matemático pasa por un pacto de ideologías y no de conveniencia. Si no se dan cuenta de eso, mal podremos criticar las medidas económicas que adopten. 

miércoles, 15 de junio de 2016

TIPOS DE INTERÉS NEGATIVOS

El otro día hablaba con un amigo que me decía que la existencia de tipos de interés negativos era un aberración económica y que los economistas ya no sabíamos qué inventar para llamar la atención. Me quedé algo descolocado y pensé que no tenía ni idea de cómo contarle a un lego algo sobre los tipos de interés negativos de forma que lo entendiera.

Porque el concepto en sí es complicado de explicar: a usted le dejo el dinero y usted lo usa como le venga en gana y no le cobro nada, sino que le pago. Además es algo que va a empezar a ocurrir con los particulares, lo cual exigirá de muchas palabras para hacerle comprender a la gente que a partir de ahora le van a cobrar por tener dinero en el banco, y cuanto más tenga, más le van a cobrar.

Empecemos. No va a ser fácil. Pero lo voy a intentar.

¿Por qué existen los tipos de interés negativos? Básicamente la explicación es sencilla. Hay tipos de interés negativos porque la gente tiene miedo.

Miedo a que la principal economía del mundo, o sea, Estados Unidos, no termine de despegar económicamente hablando, lo cual es una evidencia por mucho que intentemos darle la vuelta. Todo el arsenal que se ha usado ha conseguido que la economía americana esté en estado estacionario con leve tendencia a la mejoría, pero es que le hemos puesto todos los remedios que conocíamos y algunos que nos hemos inventado.

Miedo a que Donald Trump gane las elecciones y nos haga un apaño importante con los difíciles e inestables equilibrios en el mundo. Me imagino a este individuo tomando decisiones con respecto a Irán, Venezuela, Cuba o cualquier otro país de similares características y no me sale nada positivo.

Miedo a que Marie Le Pen gane las elecciones en Francia, lo cual tampoco augura nada positivo para el orden mundial y la tranquilidad de occidente. Igualmente, aunque limitado por el peso de la economía, hay miedo a que Podemos gane las elecciones en España. La mezcla de Le Pen en Francia, Podemos en España, Syriza en Grecia y otros factores de inestabilidad provocarían la ruptura del euro de forma más o menos inmediata. Y eso da mucho miedo.

Miedo al Brexit, lo cual está cada vez más cerca de suceder y tendría consecuencias devastadoras tanto para el Reino Unido como para sus socios comerciales. No estoy en contra de hacer referendums, pero si los hacemos que sea para todas las decisiones trascendentes. Es decir, para elaborar el presupuesto, para aplicarlo, para subir los impuestos, para bajarlos, para acoger refugiados, para no acogerlos, para mandar la policía, para disolverla, para … Si, parece excesivo, pero eso mismo hacen en Suiza. Eso sí es democrático y no sólo preguntar por ciertas cosas.

Miedo a China, segunda economía mundial y que no sabemos muy bien como está funcionando, como va a pagar sus deudas, si es que las paga, como va a estabilizarse, si es que se estabiliza. Una crisis en China nos dejaría al resto (incluido Estados Unidos) en la más importante de las miserias. Nos quedaríamos sin prácticamente productos.

Miedo a la evolución del precio del petróleo y otros ‘activos financieros’ que nos han dado sustos importantes en el pasado reciente. No sabemos cómo van a evolucionar, ni cómo van a comportarse en el futuro. Y el mercado de commodities afecta y mucho a los intermediarios financieros.

Miedo, finalmente, a que los países en vías de desarrollo (los famosos BRICS) no terminen de despegar y acaben estrellados contra la realidad. Brasil está mal, Rusia tampoco está muy bien, India está ahi, China no sabemos. Un mal paso, y la recuperación mundial se estanca otra vez.

Miedo a que Europa no sea capaz de desanclarse. Bueno, aquí el miedo es a que aprendamos a desanclarnos. Pero eso es un suceso imposible, como se dice en estadística.

Y el dinero es muy miedoso. Imaginemos que podemos tener el dinero en un banco, con su vigilante privado, su alarma, su caja fuerte, su director, etc, o dejárselo a un inversor una caja de cartón en su casa. El primero nos ‘asegura’ una cierta protección, mientras que el segundo no tiene una pinta muy buena. Por lo tanto, si tenemos miedo, se lo dejaremos al primero y estaremos dispuestos a pagar por que nos lo guarde.

Pues eso mismo es lo que está ocurriendo en la economía. Los inversores están dejando el dinero en los valores seguros y están dispuesto a pagar por ello. De ahí los tipos de interés negativos.

Alemania tiene tipos negativos en el bono a diez años. España, una prima de riesgo de 140 puntos. Esa es la diferencia.

Después de leer lo que acabo de escribir, tampoco estoy convencido de haber explicado bien lo de los tipos negativos. Al final mi amigo tendrá razón y los economistas no sabemos ya que inventarnos. Es lo bueno de estar en estado de perplejidad continua, que no te sorprende nada. O sí. Bueno da igual. O no.



@juanignaciodeju 

jueves, 28 de abril de 2016

POPULISMOS Y ECONOMIA. LO QUE NO TENEMOS QUE CALLAR

Me pongo a escribir esto sin conocer todavía ningún programa electoral para la nueva cita del 26J pero con ánimo de poner sobre la mesa el problema de los populismos y su influencia en el ánimo de la gente. Para ello no tenemos sólo que fijarnos en los movimientos contemporáneos, sino que se hunden en raíces más profundas.
Cuando ocurre la crisis de los ochenta, con el incremento del precio de las materias primas y el incremento del desempleo, J.M. Le Pen surge como una figura política de primer nivel que empieza a ganar adeptos a su causa basándose en la política de denigrar al emigrante culpándole del incremento del desempleo en Francia. Por aquel entonces los llamados líderes de la izquierda no supieron (o no quisieron) contrarrestar sus argumentos y su popularidad subió como la espuma. Hasta el punto de que termino disputando la presidencia de la República con Chirac Obviamente ganó este último porque los votantes socialistas, angustiados por la situación, se volcaron con el líder del centro derecha. Pero ahí estuvo el tema. Eso ocurrió exactamente en las elecciones de 2002.
La pregunta es cómo pudo ocurrir. La respuesta es muy sencilla: Le Pen empezó diciendo que los franceses estaban en paro porque los emigrantes les quitaban el trabajo. Y claro, si uno está en paro puede hasta comprar el argumento, sobre todo si nadie lo contradice. Cualquiera de mis alumnos de Macroeconomía podrían contestar a esa cuestión y derrumbar el argumento, desde un punto de vista teórico, sin muchos problemas. La verdad es que la presencia de inmigrantes no sólo no crea desempleo, sino que ayuda a reducir la tasa de desempleo natural de esa economía y a incrementar el nivel de renta potencial. Y todo ello manteniendo el salario real. Todo en su justa medida, lógicamente, pero eso es así. Luego que alguien utilice ese argumento en un momento de desesperación colectiva debe servir para que sea descalificado inmediatamente para evitar que la bola crezca. Pero no se hizo y acabó como he contado. 
Y esas elecciones se producen en el momento de la aparición del Euro como moneda, que ocasionó un repunte del desempleo y una pequeña desaceleración de la economía. Mis alumnos también pueden explicarlo sin grandes problemas. De ahí ese odio visceral que determinados sectores de la ultraderecha tienen al Euro, al que acusan de generar desempleo. Y últimamente esto mismo está ocurriendo con las izquierda más radical.
Porque ultimamente esto del populismo ha dejado de ser patrimonio de la ultraderecha para hacerse trasversal hacia el otro polo. Y nos encontramos con que en situaciones de tremenda adversidad muy mal gestionadas por los tecnócratas  europeos secundados por los comisarios que, actuando como funcionarios de lujo de los presidentes, han aplicado recetas probablemente bien intencionadas pero muy mal diseñadas. Y peor implementadas. Pero han dado paso a propuestas irreales que dejan tremendamente perplejo a este humilde economista. 
Siempre he sido crítico con la 'austeridad expansiva' aplicada por Merkel y he abogado por mantener o, si era posible, incrementar el gasto como medida para mantener o incentivar la economía. Pero proponer que el presupuesto se incremente un 25% de golpe es hacer saltar por el aire no sólo el estado del bienestar y la economía, sino el futuro de nuestro nietos y biznietos. Y eso nos lo venden como una suerte de justicia social que hay que hacer para devolver el protagonismo 'al pueblo'. Y, claro, oponerse a ello puede ser hasta contraproducente.  No me imagino al líder de cualquier partido socialdemócrata criticando esos postulados en público. Pero todos sabemos que es imposible. Y nadie lo dice.
El argumento que se aplica es de lo más pueril: nos dicen que eso sería simplemente acceder a la media de gastos público de la Unión Europea. Y es cierto, pero es inadecuado plantearlo así. Una vez admitido el error, es muy fácil que la gente que esté en situación desesperada (y hay muchos) compren el argumento populista de que 'vamos a rescatar personas y no bancos'. El problema es que hay que rescatar a los bancos. Luego no es tan fácil.
Llevo mucho tiempo pensando en cómo podríamos encajar esas políticas activas de gasto público (con esos incrementos tan brutales de gasto público) en el modelo y siempre llego a la misma conclusión: dentro del euro es imposible. Como ellos también llegan a la misma conclusión, la solución que proponen es siempre la misma: si el euro no admite esas políticas habrá que abandonar el euro. Lo que no dicen, y creo que deberían hacerlo, es que abandonar el euro sería la ruina de, por lo menos, dos generaciones. Y el argumento es el mismo: 'el euro tiene que estar al servicio de los ciudadanos'. Y es impecable, pero falso. La estabilidad de las monedas es la plena garantía de la estabilidad de los ciudadanos. Ese mismo convencimiento ha tenido el primer líder que se enfrentó al problema: Alexis Tsipras. El planteamiento de abandonar el euro le costó un corralito financiero con restricciones al movimiento de capitales. Y toda una política basada en la 'austeridad expansiva' con subidas del IVA, bajada de las pensiones y demás. Y proponía lo contrario.
En fin, que no intento pontificar sobre nada. Creo que hay que ser realistas y pensar las cosas antes de lanzar ideas que no pueden aplicarse. Porque hay una cosa en la que coinciden todos los populismos: si hay que salir del euro, se sale. Y eso me deja perplejo. Aún más de mi estado habitual. Sigo proponiendo unas clases de economía. Las financiaría el Estado y yo sería el profesor. Eso si que sería expansivo. Por lo menos para mi.



@juanignaciodeju

miércoles, 13 de abril de 2016

EL HELICÓPTERO

Se habla y mucho de la situación económica y de las alternativas que se pueden implementar para poner soluciones, aunque no parece que la gente esté haciendo análisis adecuados de la situación. Yo tampoco lo haré, que sólo soy un Economista Perplejo. Pero el ejercicio puede resultar interesante.
Lo primero es identificar nuestro problema. Desde mi punto de vista, los precios bajos son el gran problema de las economías europeas y de los europeos en general. De las economías, porque los precios bajos desincentivan la creación de empresas y la actividad económica. De los europeos, porque la inflación nula o negativa no ayuda con nuestra sobre endeudada situación personal, con lo que el desapalancamiento que tendríamos que llevar a cabo se nos está haciendo muy largo y penoso. Necesitamos inflación positiva para que nuestras deudas se reduzcan a una mayor velocidad.
Y para afectar a los precios en un sistema económico, basta la política monetaria. Todo lo que ha anunciado el BCE debería ser más que suficiente para que los precios se incrementaran. Y cumpliendo el mandato del tratado fundacional, dado que realmente la política monetaria no afecta más que al nivel de precios a medio plazo.
Pero esa política no está funcionando.Básicamente, desde mi punto de vista, por dos motivos: por un lado, la desconfianza existente en el sector bancario; por otra lado, en la excesiva concentración de la liquidez en pocas manos. Voy a intentar explicarlo.
El sistema bancario europeo sigue mal. O más bien, desde 2008 no ha dejado de estar mal. Los bancos no se fían unos de otros y la economía se resiente. Porque que funcione el sistema bancario es algo fundamental en la economía. Los bancos más grandes y solventes se relacionan con el BCE del que obtienen liquidez y, posteriormente realizan operaciones de préstamo con otro bancos más pequeños en distintos plazos (de ahí sacamos el famoso EURIBOR). Pero si no nos fiamos de los bancos a los que prestamos dinero, no realizaremos las operaciones y, en consecuencia, el sistema se parará. Porque no se distribuirá el dinero hacia las economías domésticas y las empresas y se cerrará el crédito. Sencillo. Por lo tanto, lo primero que debería hacerse es ordenar y limpiar de una vez por todas el sistema bancario europeo. Intervenir si es necesario aquellas entidades con problemas; crear 'bancos malos' donde haga falta para ordenar los balances; lo que sea necesario. Pero necesitamos que el sistema bancario empiece a funcionar. Alguno opinara que esto se soluciona con una banca pública. Yo creo que no, que los vicios del sistema son los mismos se gestione desde el punto de vista público o desde el privado. Porque un gestor público no va a dar más crédito que otro privado: sencillamente, los criterios son los mismo y las consecuencias también.
Además, la liquidez puesta en el mercado por los bancos centrales se concentra en muy pocas manos, fundamentalmente por la deficiente distribución de la renta de las economías.Como el dinero se concentra en pocas manos, sólo se distribuirá según los criterios de esas pocas personas.Luego le costará llegar a las economías domésticas y a las empresas. 
Luego el problema del BCE no es sólo la política que puede hacer, sino la efectividad de la misma. Quizá si hubiese actuado hace cinco años, cuando las evolución de las economías y las medidas adoptadas pedían a gritos su intervención, la situación sería distinta. Pero de eso ya no podemos lamentarnos. Hay que hacer algo ahora con las circunstancias que tenemos.
Para que la política monetaria fuese efectiva (y recordemos que efectividad de la política monetaria es que se incrementen los precios) necesitamos que la liquidez se distribuya a las economías domésticas y las empresas.Y para eso sólo le queda una bala en la recámara: el helicóptero. 
El helicóptero consiste en distribuir directamente a los ciudadanos una cantidad de dinero sin pasar por las entidades financieras (que se lo quedarían) ni los gobiernos (que lo tendría prohibido). Algo así como que nos envíe a todos nosotros un talón, con su firma y una carta de agradecimiento, por un importe de 1.300 euros. Se supone que cuando nos den los 1.300 euros a cada uno de nosotros nos lo gastaremos con alegría y determinación, con lo que los precios subirán. Y todo el problema resulto.
La idea es atractiva y no implicaría mucha distorsión en el balance del BCE, dado que ese importe es lo que nos corresponde a los 300 millones de europeos por el reparto de los millones de beneficios del BCE. Como estaréis haciendo el cálculo os lo digo yo: el BCE tiene acumulados 444.000 millones de beneficios. Si, una pasada. 
Lo atractivo de la idea es que se trataría de un estímulo directo a los individuos, no requeriría de ningún intermediario financiero y podría implementarse de forma inmediata. Como se trataría exclusivamente de un impulso monetario, no tendría más efecto que sobre el nivel de precios.Pero, como siempre hay un 'Pero'. no modificaría el nivel de renta de la economía a medio plazo.Para eso el BCE está empeñado en que realicemos reformas estructurales. 
Por lo tanto, lo único que puede hacer Mario Draghi por nosotros en el futuro más cercano es montarse en el helicóptero que tiene en la terraza, cargarlo con billetes nuevos de 100 euros e ir dando paseos por las ciudades y pueblos de Europa repartiendo el dinero a los ciudadanos. Y lo terminará haciendo. Seguro. Pero no os lo gastéis inmediatamente. Donarlo a este humilde economista perplejo que me vendrá muy bien. Prometo hacer una fiesta para todos e invitar a una caña. Bueno, o dos.


@juanignaciodeju