miércoles, 22 de abril de 2020

¿PODEMOS SALIR?

Parece que según todos los estudios que se están haciendo (económicos, se entiende) se puede confirmar que saldremos de esto con una forma tipo el logotipo de la empresa Nike, sin menoscabo de que si lo ponemos en barras nos dé el logotipo de la otra marca, Adidas. Eso nos da esperanza, porque veremos mucho sufrimiento, si, pero también será corto. 
Y aquí surgen otras dos noticias relativamente importantes. Por un lado, la propuesta del gobierno español para la financiación de la salida en Europa y, por otro, el inicio de la 'desescalada' que empiezan a poner sobre la mesa los gobiernos.
Lo primero, la gestión europea de la reconstrucción, faltan mucho detalles de cómo se pondrá en marcha, porque se pondrá. 1,5 billones de euros de financiación perpetua y a tipos de interés muy reducidos avalados con el presupuesto de la UE. Eso es, aproximadamente, un 10% del PIB de Europa. No está mal. Sobre todo porque se movilizarán muchos más de origen privado. Lo importante es en qué se emplearán y qué sectores se verán afectados. Porque si algo debemos empezar a tener claro es que la estructura actual de las economías va a saltar por los aires. Eso significa que, por poner un ejemplo, en España reduciremos mucho nuestro sector turístico y de restauración y, por lo tanto, debemos incentivar otros sectores.
¿Cuál será nuestro problema para, por ejemplo, incrementar nuestra industria? Pues nuestra estructura salarial y de protección del trabajador. Y debemos ser capaces de competir con los salarios chinos. ¿Cómo lo hacemos?. Ahí debemos tener en cuenta dos conceptos que, aunque los manejamos con soltura, nunca los entendemos y, en consecuencia, nunca los aplicamos: la productividad y la I+D+i.
En primer lugar, la productividad. Entiendo por ello la definición clásica de la economía: incremento de la producción por unidad de factor variables adicional. Es decir, cuánto se incrementa la producción (física) cuando incrementamos una unidad el trabajo. Si somos capaces de incrementar la productividad más que otros podremos producir nosotros y no otros (o y otros). Existe un ejemplo típico de ésto que fue la fábrica de Ford al inicio de la producción de los automóviles. Ford identificó y puso en marcha aquellas cosas que podían incrementar la productividad de sus trabajadores y los aplicó con mucho éxito. En ese caso la clave era los salarios y, en concreto, los salarios de eficiencia. En la actualidad no parece un buen indicador, luego habrá que investigar otros.
Junto a la productividad, debemos tener en cuenta la otra pata del proceso, la I+D+i. Debemos acostumbrarnos a pensar que no es un gasto, que es una inversión. Deberemos dedicar más cantidad del presupuesto a la I+D+i y centrarnos en la i, es decir, la innovación. Ya lo escribí en otros post de aquí, en este país somos muy buenos en la I y en la D, pero hacemos muy poco en la i. Es decir, dejamos la implantación de los avances en la ciencia (y, por lo tanto, también en la economía) a otros y nos conformamos en vender nuestros avances. Eso  nos lleva a invertir en cosas que luego aprovechan los demás, y eso lo deberemos cambiar. Esto ocurre porque la filosofía clásica en este apartado es que la innovación, en cuanto a puesta en proceso productivo de los avances, deben hacerlo las empresas. Y perdemos muchas oportunidades (y rentas). Sería un gran avance que abandonáramos la frase de Unamuno 'Que inventen ellos' por otra más certera de 'Apliquemos lo inventado'.
Y ¿cómo hacemos todo esto? Pues mediante algo tan 'arcaico' como la formación continua. Pero de verdad, no como mero incentivo para gastar fondos asignados sin monitorizar los resultados. Si somos capaces de canalizar los fondos para todo esto hacia la innovación y la formación continua bien estructurada y muy bien organizada, podremos salir más rápidamente de la crisis y posicionarnos en los mercados con un nuevo brío. Como ya dije antes, de la I Guerra Mundial salimos con los locos años 20; de la II Guerra Mundial salimos con el incentivo de la industria europea y con crecimientos sostenidos durante 3 décadas; de la III Guerra Mundial, ésta, debemos ser capaces de salir reforzados. Luego ya tenemos algo en lo que centrarnos: vamos a ser capaces de poner en marcha las cosas que hacemos con eficiencia y generar puestos de trabajo y rentas en este país.
Y ¿en qué sectores industriales debemos centrarnos? Pues no lo sé. Si lo supiera ya habría invertido en ellos, pero no lo sé. Si percibo que lo más importante en el futuro será la flexibilidad de las instalaciones, en empresas que sean capaces de hacer varias cosas con muy pocos cambios. Porque podemos tener la tentación de centrarnos en la biotecnología pensando que el futuro va a estar más centrado en la salud y en evitar otra pandemia. Pero puede que nunca más nos enfrentemos a una nueva pandemia y los problemas nos venga por otro lado. Por lo tanto, flexibilidad.
Queda la segunda parte, es decir, ¿cuándo salimos? Es necesario saber cómo se va a ir retornando a la normalidad, urgentemente. La ciudadanía necesita saber cuál es el horizonte al que se enfrenta; cuándo podrá volver a trabajar y a ganar dinero para pagar sus facturas; qué va a pasar con sus asignaturas y sus exámenes, lejos de la vaga alusión a 'promocionar es la norma'; qué horizonte puede ver para su hipoteca, si la tiene, o su alquiler, al margen de los créditos que le han prometido; qué va a pasar con sus patologías que en este momento no se está tratando por miedo o al colapso de los hospitales. Son respuestas que  nos tienen que dar de forma urgente y con un plan bien diseñado, que además provocaría una especie de faro que serviría de guía para que la gente entienda lo que está pasando. No bastan con los 'aplanamientos de curvas', 'doblegar la curva' y estas cosas. Un plan con  plazos flexibles y metas concretas.
Esto es una pandemia y no tenemos ningún modelo en el que fijarnos. Todo es nuevo, pero, al menos yo, sigo en estado de perplejidad permanente. No soy capaz de interpretar ni los datos, ni las señales, ni las palabras de unos y otros. Necesitamos certezas. Es urgente.



@juanignaciodeju


jueves, 16 de abril de 2020

LA SALIDA DE LA CRISIS NIKE

¿Empezamos a pensar en el futuro? Lo planteo porque las cosas pueden empezar a ser más razonables y debemos ir planteando qué hacer para poner las cosas en marcha. Y, sobre todo, qué va a cambiar y qué no en la economía. Es complicado predecir, ya que nadie tiene una bola de cristal y, lógicamente, el mundo va a cambiar muy sustancialmente después de esta crisis. Voy a hacer mi conjetura y, dentro de unos años, espero haberme equivocado. Pero para entonces, ya todo dará igual.
¿Va a desaparecer la globalización? No lo creo. La globalización ha llegado para quedarse. Es obvio que grandes multinacionales que producen a escala global no van a desaprovechar los rendimientos a escala que existen por la producción. Y que los salarios y la protección social en China y la India seguirán siendo muy bajos. Por lo que las grandes empresas globales seguirán produciendo en esos lugares. Otra cosa es que nos hemos dado cuenta que tenemos ciertas carencias que hay que ir reestructurando y, obviamente, recentralizando.  Eso va a provocar que lo que realmente salga fortalecido de esta crisis va a ser la capacidad de adaptación. Fabricas que sean capaces de transformarse en muy poco tiempo para producir distintas cosas. Por ello, necesitaremos a los ingenieros que hemos formado y mandado a trabajar por ahí.
Va a salir fortalecida también las empresas de logística, tanto por su capacidad de acceso a las redes mundiales de suministro como por la nueva fiebre por los stocks mínimos que vamos a sufrir. Supondremos que hay que tener una capacidad de suministrar ciertos materiales y, por lo tanto, vamos a determinar stocks estratégicos para evitar desabastecimientos. Pero, obviamente, eso no será suficiente.
Otra cosa que va a mantenerse, muy a pesar de algunos, será la economía. Tal y como la conocemos hasta el momento, es decir, va a seguir funcionando el mercado. Van a seguir la oferta y la demanda y los equilibrios. Otra cosa es que cambiemos nuestra percepción de los precios. Ya no van a ser los únicos que guíen las decisiones de las personas; van a ser importantes, es obvio, pero vamos a relativizar su influencia en la toma de decisiones. Ello nos llevará a aceptar precios superiores en determinados productos.
Bueno, empecemos con las previsiones más mundanas. Nos vamos a enfrentar a una caída del PIB descomunal, nunca vista en un trimestre. Propia de una guerra, que es lo que estamos sufriendo. Y la salida será relativamente rápida, o relativamente lenta, según lo miremos. Será una salida que podemos denominar, NIKE, es decir, caída brusca y recuperación gradual. Y eso por el efecto de todo lo que estamos haciendo, de toda la política fiscal que estamos aplicando.
Y esa política fiscal lleva aparejada un incremento descomunal de la deuda y del déficit. Esa será una de las primeras cosas que nos obligarán  a solucionar, el déficit, que de la deuda tendremos mucho más problemas. Me atrevo a hacer una predicción: todo el incremento de la deuda que tengamos como consecuencia de la epidemia, toda, deberá ser aparcada en los bancos centrales sin posibilidad de recuperación. Pero sólo la deuda como consecuencia de la acción de los gobiernos para el control de la pandemia. Es decir, la deuda que estamos generando en el momento actual. Esa deuda deberá irse diluyendo en los sucesivos resultados del banco central. Estamos de acuerdo que es una situación excepcional, por lo que necesitamos soluciones excepcionales.
Y después vendrá la reconstrucción, pero para eso espero a otro momento. Deberíamos ir sector a sector viendo cómo pueden ir recuperando su actividad, cómo pueden avanzar. Porque la crisis afecta de forma muy diferente a todos ellos. De momento lo dejamos ahí, que todavía estamos confinados y no veo mucho más allá de la casa de enfrente. La recuperación será una fase que debe implicar acuerdos, colaboración, cesiones, apoyos, ... No sólo a nivel estatal, también europeo y, obviamente, mundial. Creo que me acaba de afectar algo al cerebro. Tanta colaboración no cabe en este mundo de egoísmos e individualismos. Yo, desde luego, continúo perplejo de todo lo que está pasando y por lo que se atisba en el horizonte.



@juanignaciodeju


jueves, 2 de abril de 2020

ANTE LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

La realidad se empeña en que mi retirada del mundo blog no pueda realizarse definitivamente y me veo obligado a volver a ¿amenizaros? la existencia. Voy a intentarlo, por lo menos, aunque tengo claramente sensaciones contradictorias y, por lo tanto, es difícil pensar con claridad.
No vale la pena pensar en lo que hubiéramos podido hacer o no antes de esto, tiempo habrá para analizar lo necesario. Fallos lo ha habido; malas decisiones también; pero como dije un día, de la crisis del 29 se salió con la II Guerra Mundial y de la crisis del 2007 tenemos una guerra diferente. Si de la I Guerra Mundial el mundo vivió los gloriosos años 20, de la II Guerra Mundial se pasó a la mayor época de crecimiento del mundo, pensemos en lo bueno que podemos obtener de está 'guerra' contra un enemigo que no vemos pero que debemos atacar como lo hicimos en su momento.
Lo primero que debemos analizar es cómo vamos a salir de ésta. Espero que los responsables estén ya pensando en qué hacer, cuándo terminará esto y demás. No lo dudo. Y eso es fundamental para poder hacer un buen análisis y una buena evaluación de las políticas públicas que deberemos poner en marcha. Habrá que desempolvar manuales de economía que están escritos desde hace muchos años y dejar de pensar exclusivamente en términos monetarios. 
Porque los datos de empleo de hoy en España lo que nos muestran es que hay un shock de demanda claro. Una caída grande de la demanda que ha provocado un parón de la actividad. Antes del impacto, no existían graves problemas en la economía española, salvo determinadas expectativas de que las cosas iban a moderarse. Existía un problema de gestión de determinadas acciones, como pensar que los ingresos fiscales son como el chicle que se estira sin problema, y de gestión de los gastos del estado, que estábamos pensado en que todo era factible sobre el papel. Pero la llegada del impacto ha hecho que todo eso quede al margen y que la sociedad se encuentre muy asustada.
Bien, pensemos entonces en qué tenemos que hacer una vez ésto se ponga en marcha. Por lo tanto, lo más importante y urgente ahora es mantener el mayor número de empresas y actividad económica en marcha de cara al futuro. Porque el Estado no puede soportar el 100% de la actividad económica, como ya se demostró en las economías de tipo soviético, donde había constantes excesos de demanda en la economía y no se producían los ajustes necesarios porque la planificación no lo permitía. Por lo tanto, necesitamos al sector privado de la economía y, desde luego, debemos mantener el mayor número de empresas en funcionamiento. Incluso asumiendo riesgos a medio plazo para el Estado, como se hizo con el sistema bancario. 
En segundo lugar, tendremos que evaluar los sectores uno a uno y poner en marcha medidas para cada uno de ellos de forma individualizada. Por poner un ejemplo, lo bares y restaurantes, cuando volvamos a la normalidad, probablemente sean los últimos en incorporarse al sistema y cuando lo hagan tendrán serias restricciones a su funcionamiento. Eso implica que deberemos establecer un protocolo específico para ellos que permita salvar al mayor número posible de empresas.
Tendremos un problema claro con nuestra principal industria, como es el turismo. Tendremos que diseñar planes de actuación para que los españoles cubramos el hueco que dejan los extranjeros en nuestros hoteles y playas, al menos en el primer momento. Luego ya veremos cómo evoluciona. Deberían hacerse ofertas muy suculentas para los meses de verano e incrementar el periodo hasta los meses de otoño.
Las aerolíneas sufrirán una restricción de movimientos en un  primer momento y durante varios meses. La globalización no se va a parar, eso es obvio, pero los movimientos humanos se van a ralentizar, al menos en un primer momento. Buen momento para empezar a hacer I+D en ese sector.
Vamos a tener sectores que se vean muy beneficiados, bien porque la falta de movimientos va a provocar un parón del comercio internacional, bien porque desde los gobiernos tendrán que replantearse la lista de productos estratégicos. Sobre esos sectores tendremos que sustentar la reconstrucción. 
En tercer lugar, necesitamos que los distintos actores políticos se pongan  en marcha conjuntamente. Para poder pedir que exista una salida conjunta a la crisis en términos europeos, necesitamos primero que los políticos de aquí se pongan de acuerdo para iniciar las políticas y mutualizar los esfuerzos. Hay que abandonar las ideologías y ponerse manos a la obra para solucionar el problema. Luego les podremos exigir a nuestros socios que nos ayuden.
En fin, solo son unas ideas previas para poner en marcha las soluciones a esta situación. Como siempre, nadie me hará caso y harán bien. Solo son los pensamientos de un economistas perplejo y confinado.


@juanignaciodeju

miércoles, 12 de diciembre de 2018

LO QUE HEMOS PERDIDO (Y DEBEREMOS RECUPERAR)

Vuelvo a meterme por aquí a contar las miserias que veo y a evacuar mis frustraciones con el objetivo de ahorrarme la pasta en psicólogos. Es un buen método de controlar la verborrea mental y así no tener problemas.
El caso es que pensando en la actualidad me he asustado razonablemente: tenemos a Trump, Bolsonaro, Salvini, Le Pen, Nigel Farage, VOX, Torra, Puigdemont, Casado, Abascal, Maduro, Iglesias, Putin, Kurz ...
No sigo porque me deprimo. El caso es que tanta gente de extracto antisistema en entornos tan distintos y con sociedades diferentes, alcanzan situaciones similares con discursos simples. Eso me da qué pensar, y la conclusión que obtengo es que algo hemos tenido que hacer para que las minorías tan extremas se encuentren alcanzando altas cotas de poder.  Y en ese algo he encontrado un punto de conexión que debemos mirar, y es la desaparición de la clase media.
La clase media, ese conjunto social donde nos encuadramos casi todos, era un constructo ideológico que pretendía encuadrar a la mayoría de la sociedad con un objetivo común: ascender socialmente y alcanzar mejoras en la vida. El caso más gráfico de la clase media en España lo representa el personaje de Antonio Alcántara en la serie 'Cuéntame cómo pasó'. Un hombre venido del pueblo manchego en la posguerra  a Madrid para trabajar de conserje y cómo, paso a paso, va ascendiendo en la escala social hasta alcanzar el sumum: vivir en el barrio de Salamanca con criada. Luego cayó, fruto de los desmanes de la clase media que, en su intento de ascender, se dejó engañar por los productos financieros que no eran capaces de conocer y controlar.
Esa clase media era defendida por diversas instituciones que hemos ido laminando como consecuencia de ser declaradas 'instituciones obsoletas o caducas'. La primera de ellas eran los sindicatos de clase. Organizaciones que se encargaban de asegurar que el ascensor social seguía funcionando y que la gente iba a ser capaz de apuntarse al ascenso y vivir mejor. Claro que nos llenaban las calles de huelgas y liberados sindicales que sólo protestaban. Y es por ello que decidimos acabar con esa situación. Los actuales sindicatos de grupo, aquellos que se centran en las profesiones, no son capaces de mejorar la vida de las personas más allá de su grupo. La primera que hizo alarde se esta política fue Margaret Tacher. A ella le debemos la primera piedra.
La segunda institución que hemos dejado caer son los impuesto progresivos. Eran la garantía de que cada uno de nosotros contribuíamos adecuadamente al sostenimiento de los gastos del estado. Nos sentíamos partícipes del estado y pagábamos según nuestra renta. Pero llegaron los que propugnaban por 'simplificar' la gestión y acabaron con los tramos y los redujeron a tres o cuatro. De forma que, al final, casi todos pagamos lo mismo. Sucesivas reformas impositivas han ido reduciendo la progresividad a costa, claro está, de la clase media. La última idea que se asoma en el horizonte es el tipo único. Esperemos que no llegue nunca. 
Hubo reducciones del estado de bienestar, que también generaba un cierto sostenimiento de la clase media. Las subvenciones y las ayudas que se daban o se planteaban para la clase media dejaron de existir y se centraron casi exclusivamente en los más necesitados, por aquello de que 'había que ahorrar para poder bajar los impuestos'. Y, claro, la clase media se quedó sin ayudas. 
Se demonizaron otras dos instituciones claves para la clase media: la Sanidad y la Educación. Se priorizaron las situaciones semiprivatizadas, tales como los conciertos educativos y la gestión económica de la Sanidad. Los primeros hicieron que la educación pública quedara relegada y que los que podían pagar fueran a la escuela concertada que obtenía fondos del estado y, lejos de la gratuidad, cobraba vía fundaciones a los ciudadanos. La escuela pública quedó para los marginales y los inmigrantes, en un intento de rebajar su nivel y prestigio. Sólo los trabajadores la mantienen en pie y gracias a ellos podemos seguir confiando en ella. La sanidad empezó a empeorar por la vía de la gestión. ¡Cuánto daño hacemos los economistas en algunas ocasiones!. Al final, esas garantías de sostenimiento de las clases medias, la Sanidad y la Educación, fueron parcelándose siendo los damnificados, como no, las clases medias.
Y por último, las pensiones. Esa garantía que teníamos los de la clase media de que cuando fuéramos mayores podríamos vivir casi igual que cuando trabajábamos. Pero nos dijeron que el pastel no llegaba y que, lógicamente, o teníamos dinero ahorrado o no podríamos vivir cuando nos jubiláramos. Y en esas estamos: viendo qué plan de pensiones me tengo que hacer.
En definitiva, que todo lo que hemos ido haciendo en el pasado han generado un caldo de cultivo para que alguien con poca imaginación pero mucha demagogia pueda decir a los sufridos integrantes de la clase media que ellos van a solucionar nuestros problemas y, en consecuencia, que les votemos. Y muchos de nosotros les hacemos caso y ahí están los resultados. Nos dicen que los emigrantes nos quitan el empleo, cuando es mentira, lo generan; nos dicen que los otros son los malos, cuando son ellos los que nos están laminando; se arrogan la solidaridad cuando sólo quieren incrementar las diferencias. Ya no se si estoy perplejo o simplemente asustado. Pero creo que debemos esforzarnos por recuperar la clase media de forma inmediata y para ello deberíamos empezar por recuperar las instituciones que hemos ido laminando. Aunque me temo que no lo haremos y seguiré estando asustado. ¡¡No, si al final tengo que cambiar el nombre del blog!!. O eso, o volver a Marte.


@juanignaciodeju

lunes, 16 de julio de 2018

UNA PROPUESTA FISCAL PARA LA UNIÓN EUROPEA

Últimamente me he puesto estupendo, de forma que ahora me voy a permitir proporcionar una propuesta para la UE que estaba pensando ayer en la ducha. Las mejores ideas siempre surgen en los momentos de mayor relajación, cuando la mente se puede ir de un lado a otro y divagar sin complicaciones. En fin, dejémonos de filosofía barata.
Pensando, como digo, en la ducha se me ocurrió algo: dado que soy un firme defensor de la Unión Europea, hasta el punto de pensar que si no existieran los estados que la forman la vida nos iría mucho mejor, y viendo que la unificación  es cada vez más complicada por falta de voluntad política, pensé que la mejor manera de avanzar en la UE consiste en unificar aquello que más nos condiciona, los impuestos. Pero claro, va a ser difícil imponer impuestos a los ciudadanos de forma generalizada, con lo que habría que empezar por aquello que siempre nos ha unido, las empresas. De momento, todo lo que ha unido a Europa viene de la mano del mercado y la economía,. Por lo tanto, por ahí debemos empezar.
El esquema que voy a proponer es uno. Ni mejor ni peor que cualquier otro. Simplemente una ocurrencia de un Economista Perplejo. Si sirve para algo, bienvenido sea. Si no, pues sólo he gastado mi tiempo y el vuestro. Por el mio no os preocupéis. Por el vuestro, vosotros sabréis.

Un Impuesto general sobre la renta de los individuos.

Será el principal impuesto del sistema tributario europeo y de diseño e implementación propios de cada país. En ese tema, la Unión Europea no debe entrar, de momento. Europa deberá armonizar, eso si, los conceptos que sean objeto de gravamen de forma que, al menos, en todos los países europeos se cobren impuestos a los ciudadanos por conceptos similares. Pero los tipos, las deducciones, y demás elementos de gestión del impuesto deberá ser propia de cada país.

Un impuesto general sobre las compras.

El IVA deberá ser el principal impuesto indirecto de la Unión Europea. Además, habrá que potenciar su capacidad recaudatoria con una gestión más fácil y, eso si, intentando una mayor progresividad, con el fin de eliminar la falta de equidad que tienen los impuesto indirectos. Para ello sería deseable el establecimiento de un tipo más elevado para determinadas actividades que podemos considerar de mayor capacidad de gasto. Deberá establecerse una lista única de ese tipo de actividades y luego serán los gobiernos nacionales quienes establecerán los demás elementos de gestión, incluidos los tipos impositivos.

Un impuesto sobre los beneficios de las empresas

Piedra angular de este proyecto, la UE deberá establecer un  impuesto sobre los beneficios de las sociedades único, con la misma legislación en todo el territorio y las mismas reglas de gestión, de forma que el espacio único europeo en materia económica sea también el espacio único europeo en materia fiscal. De esta forma acabaríamos con los paraísos fiscales intraeuropeos y con el dumping fiscal que en algún momento se ha provocado.

Además, la unificación sería ventajosa en el resto de las materias económicas, dado que el interés por la ubicación de las sedes de las empresas dejaría de tener causas fiscales y la competencia dentro de la unión se establecería por otras causas. Además implicaría que los países deberían hacer esfuerzos en la eficiencia de sus empresas para poder atraerlas.

Unos impuestos medioambientales

Entendiendo por ellos impuestos que gravarían las transacciones energéticas, es decir, gasolinas, gasóleos y electricidad en cualquiera de sus ramas. Serían impuestos gestionados por cada país, es decir, toda la gestión y la legislación serían propias de cada país, únicamente existiría una obligación de establecimiento por parte de los estados.

Un impuesto sobre las transacciones financieras

La vieja idea de la famosa tasa Tobin, pero adaptada al actual mercado de capitales que tenemos encima. También sería un impuesto de desarrollo y gestión europeo y obligatorio. Además, la recaudación del mismo sería de obligada transferencia a la Comisión para cubrir las posibles contingencias financieras. De esta forma, ya tendríamos una manera de crear un fundo europeo para los rescates bancarios, mantener la garantía de los depósitos y pagar las futuras crisis financieras y la compra de deuda que, con seguridad, tendremos que hacer en el futuro. Al hacerlo de carácter y exacción europeas le quitamos el componente de desincentivo nacional que se le podría proporcionar y quedaría todo el continente unido por el mismo sistema.

Los países podrían fijar cualquier otro tipo de impuesto que sería de responsabilidad y gestión propia.

Con esto tendríamos ya una base para continuar en la integración, que ya iría avanzando  en el resto de aspectos. 

Es únicamente una propuesta de un economista perplejo, una proposición que nadie va a tener en cuenta y que me ha servido para perder un ratito de mi vida. Al fin y al cabo, es imposible que los dirigentes europeos la lleven a cabo, por lo que lo único que he hecho es divertirme un poco y entretener mi mente perpleja y sin barreras. Vamos, como Schengen: perplejo y sin barreras.



@juanignaciodeju

miércoles, 11 de julio de 2018

LA VIEJA IDEA DEL PROTECCIONISMO

Insisto en criticar a Donald Trump. Si, dicho así, sin ninguna censura. Me parece un político pernicioso para el mundo, un personaje fatídico para la economía y un producto mal ejecutado del peor conservadurismo. Probablemente me censure la CIA o me impidan viajar a Estados Unidos a partir de ahora. No creo que me inviten nunca a ir, así que me conformaré. Pero no puedo dejar de hacerlo.
Porque se empeña en estar supeditado a la opinión y actuación de reyezuelos hiperconservadores. No es de recibo que la política occidental tenga que estar más cercana a las decisiones de un  'demócrata de nuevo cuño' como es Putin. No me parece razonable que tengamos que poner en cuestión nuestros valores ni nuestras convicciones. Luchamos durante años contra el fascismo, unos vencieron con las armas; a otros nos costó más y fue el paso del tiempo quien le venció; criticamos a dictadores de latinoamérica por su marcado carácter populista porque son nuevos fascismos encubiertos. Y de eso nadie nos tiene que dar lecciones.
Igualmente tenemos que empezar a comprender que el mundo es uno; que hay que compartirlo con los restantes 10.000 millones de habitantes y que no podemos ser tan excluyentes. Porque nos dan miedo los diferentes, especialmente los de religión islámica, pero menos si vienen a nuestros hoteles y se gastan 1.000 euros la noche; nos dan miedo los de raza negra, pero menos si juegan al baloncesto o al fútbol y cobran ingentes cantidades de dinero, al margen de ganar partidos para nuestros equipos; nos dan miedo los asiáticos, pero menos si invierten ingentes cantidades de dinero en las empresas en las que trabajamos y así nos pueden subir el sueldo. No nos da miedo la diferencia, nos da miedo la pobreza. Y es por ello que aquellos que son racistas, no lo son por la diferencia en la piel o la religión, lo son por la diferencia en la cuenta corriente.
En fin, que me voy por las ramas. Toda la política económica basada en el proteccionismo está fundamentada en el racismo. El famoso 'american first' que casi se está convirtiendo en el 'american alone' va a ser especialmente perjudicial para los americanos. Y por ello creo que debemos volver a los orígenes de esto que llamamos ciencia económica y volver a explicar conceptos básicos para que aquellos que están encantados con el proteccionismo que desarrolla este individuo puedan comprender que no es que sea malo porque somos todos muy liberales, es que es de todo punto ineficaz, ineficiente y hasta contraproducente. Pero bueno, será que soy un viejo loco.
Para ver por qué, voy a explicar dos conceptos básicos en economía y que vienen del siglo XVIII, cuando aún no habían emergido ideologías extremas. Me refiero a los conceptos de COSTE DE OPORTUNIDAD y de VENTAJA COMPARATIVA.
Vamos, aprovéchense que las clases de hoy son gratis.
El COSTE DE OPORTUNIDAD lo definimos en economía como el valor de la mejor alternativa perdida. No nos importa el coste de los que hacemos, que puede ser alto o bajo, si no lo que dejamos de hacer por dedicarnos a algo. Por ejemplo, el coste de estudiar una carrera universitaria no es el valor de la matrícula y sus créditos, es el valor de no trabajar. Y eso es lo que tenemos que valorar a la hora de hablar de costes. Evidentemente, producir una determinada mercancía en un país, dado que los recursos son escasos (y tienen la maldita cualidad de poder ser usados en varias cosas) implica dejar de producir otras, y ese es el coste de oportunidad.
El segundo concepto es de la Teoría de la VENTAJA COMPARATIVA, desarrollada por el pernicioso economista izquierdista y colectivista llamado David Ricardo en el siglo XIX en contestación a la teoría de la VENTAJA ABSOLUTA de Adam Smith. Según Smith, los países se especializaban en lo que les costaba menos producir, con lo que un país produciría solo bienes en los que siempre resultaría más barato. Sin embargo, según Ricardo, los países se especializan en producir aquellos productos en los que los costes son menores en términos comparativos. Es decir, que un país producirá aquellos bienes en los que tiene un menor coste de oportunidad, aunque tenga mayores costes absolutos. Y eso es así porque el comercio entre los países hará que el bienestar global aumente.
Bueno, amigo Donald. Según esto los aranceles no mejoran la posición de los americanos, es más, la empeoran. No es por insistir, pero la vieja idea de que protegiendo mis empresas mis ciudadanos mejorarán su nivel de vida es falsa. Aplique usted la teoría de la ventaja comparativa, haga caso a los clásicos como Ricardo y deje de jugar al 'strategos' con el mundo, que nos ha costado mucho llegar a donde estamos.
Ya no puedo hacer más. Hasta doy clases gratis y ni siquiera exijo derechos de autor. Y este post  sirve para todos, incluidos aquellos que opinan que los tratados de libre comercio deben desaparecer. Luego diréis que no hago nada por cambiar el mundo; yo lo intento, pero no me hacen caso. En fin, me tendré que conformar con estar permanentemente en estado de estupefacción, y eso sin recurrir a los estupefacientes, cosa que otros no pueden decir. Venga, que para la próxima clase introduciremos otros conceptos.


@juanignaciodeju

P.D. ¿Por qué los que han subido TODOS y cada uno de los impuestos que pagamos los ciudadanos se quejan de que se establezcan impuestos a las tecnológicas y bancos, que normalmente pagan muy pocos impuestos en este país? No valoro la efectividad de los mismo, que será nula o cercana a la nulidad. Cuestiono el concepto.

miércoles, 20 de junio de 2018

PERPLEJO

Ando estos días un poco perdido por cómo evolucionan las cosas. Y eso implica que no soy capaz de concentrarme en nada, salvo intentar salir de mi estado y procurar una mejor vida y un encaje más sencillo en la sociedad. Pero no hay manera, y paseo por las calles cabizbajo y pensativo, intentando encontrar un punto al que agarrarme para superar mi estado. Pero ahí sigo y, en consecuencia, los días van pasando y las situaciones prolongándose en el tiempo. Y hay reacciones que provocan que el estado de perplejidad aumente, y los nubarrones se hagan más oscuros. Y si, no es razonable que en el Mundial de Rusia los equipos estén fallando tanto y haya selecciones inicialmente favoritas que estén, a estas alturas, tan mal. Pero oiga, esto es fútbol y como tal hay que tomarlo.
Pero mi estado no se debe al hecho de que Alemania haya perdido con  México, ni a que Japón ganase a Colombia. No. Mi estado se debe a que un tipo tan poco razonable como Donald Trump ocupe un puesto de tanta responsabilidad en el mundo y nadie pueda hacer nada por cambiarlo.
Porque ya no es que abandone todos los foros multilaterales del mundo, incluso cuando se dedican a la protección de la infancia a la que, por cierto, él tampoco protege. Eso lo teníamos descontado desde hacía tiempo. Ni que abandone un tratado de control de los desarrollos nucleares con Irán y firme otro, similar, con una dictadura de las más oscuras del mundo como es Corea del Norte. Ni el blanqueo de su líder, que ya es mucho hacer por la paz mundial dar carta de naturaleza a un dictador que es capaz de asesinar hasta sus familiares para mantenerse en el poder. Mi perplejidad surge porque este individuo está convirtiendo al sistema económico y financiero mundial en un polvorín que cuando estalle nos va a provocar un serio problema a todos. 
Lo digo porque no contento con enemistarse con sus vecinos más cercanos, como México con el tema del muro y los aranceles a los productos que se importan desde allí, básicamente automóviles y esas cosas; o Canadá, con los aranceles que les ha puesto -no son enemigos graves, son vecinos a los que mantener a raya. También se ha enemistado con Europa poniéndole aranceles al acero y demás productos: al fin y al cabo es el competidor más importante que tiene. El gran problema de este individuo es que se está enemistando, vía aranceles y demás, con China. 
Podemos estar de acuerdo en que China usa su política cambiaria como arma para aumentar sus exportaciones, lo que le ocasiona una ingente cantidad de divisas que usa convenientemente. Y que esa circunstancia ha sido puesta en cuestión hasta por el propio FMI. Que China debe revaluar el Yuan es algo evidente; que eso generaría una mejoría económica en el resto del mundo, también.
El problema es qué hace China con sus excedentes de divisas. Normalmente compra deuda, fundamentalmente americana. Por lo tanto, que pongamos aranceles a los productos chinos implicará que ellos se replanteen la adquisición de la deuda y eso implique que la ingente cantidad de deuda que hay en el mundo tenga un difícil encaje y, en consecuencia, que suban los costes de colocación y los rendimientos y eso provoque, en definitiva, una crisis de deuda que difícilmente podremos manejar. Si eso sucede, podríamos estar en una situación más compleja incluso que en el año 2007.
Por eso es urgente que se hagan, desde este nuestro pequeño mundo, una de las dos siguientes cosas: o bien mutualizar nuestra deuda (se entiende que la europea) vía la emisión de bonos a nivel europeo, lo que es complicado por la resistencia de los monetaristas alemanes; o bien hacer una quita de la deuda general con el fin de generar capacidad de endeudamiento futuro para estar preparados ante la eventualidad que se puede generar, lo cual es del todo punto imposible, pues pondríamos al BCE en estado catatónico.
Estoy convencido que no se hará ninguna de las dos, aunque si se van a dar pasos importantes hacia el futuro con los acuerdos entre Merkel y Macron de ayer mismo. Pero son aun tímidos e insuficientes. Sólo quedará el mantenimiento de políticas de compra de deuda como la actual, aunque el margen de maniobra será cada vez más escaso. 
No se si podré salir de mi estado algún día. Me temo que no, que deberé seguir estando perplejo hasta el fin de los días porque siempre habrá alguien que defienda ideas caducas e ineficaces con tal de ganar unas elecciones. Me volví de Marte pensando que las cosas iban a mejorar, pero me encuentro con que seguimos igual o peor, y encima mirando el flequillo del dueño del mundo sin hacer nada por cambiarle. Y yo creo que es eso lo que no le deja pensar. No se, puede que algún día le recomiende un peluquero. ¿Aceptará?




@juanignaciodeju