martes, 26 de junio de 2012

UNA APROXIMACION A UNA REFORMA FISCAL


Leo con preocupación las noticias de hoy. En primer lugar, Hacienda se está planteando subir los tipos del IVA de algunos productos desde el 4% actual al 18%, y desde el 8% al 18%. Es decir, que pretende incrementar el precio de algunos productos un 14% y un 10% respectivamente. Por lo tanto, tendremos un fuerte impacto en el consumo de esos bienes y, en consecuencia, más depresión y menos ingresos. Justo lo que hace falta. Por otro lado, leo también que para acabar con el déficit de tarifa se plantea subir hasta 3 céntimos el litro de gasolina y gasóleo y hasta doblar la tasa por generación eléctrica. Y todo eso sin despeinarse. Adicionalmente, pretenden cobrar por el tránsito por las autovías (construidas con nuestro dinero –bien nacional o bien europeo) y, al mismo tiempo, rescatar las ruinosas autopistas radiales de Madrid y otros sitios que acumulan una deuda de 3.800 millones de euros, con un tráfico que no alcanza ni el 40% del estimado inicialmente. No estamos hablando de un país tercer mundista con un gobierno corrupto; es un país que es la cuarta economía del euro, la quinta de Europa y considerado desarrollado según todos los informes internacionales, aunque a veces lo dudo.

Y todo esto por una sencilla razón: el déficit público sigue disparado como consecuencia de la mala política económica aplicada por el gobierno que con consigue que aumente la recaudación aun cuando sube los tipos impositivos. Pero el gobierno no se da cuenta que nuestro problema se llama crecimiento y nuestra recaudación cae por aplicar un sistema fiscal basado en ideas de hace 30 años. Con el actual sistema, mientras no crezca la economía en tasas altas no se incrementará la recaudación, que está muy ligada a la evolución del uso del factor trabajo en la economía. Evidentemente, si alguien está en paro y no cobra subsidios no podrá aceptar facturas con IVA, dado que estaría declarando unos ingresos que no tiene. Luego todos los impuestos están centrados en la existencia de empleo.

Bien, admitiendo que no vamos a crecer en los próximos 3 años de forma consistente, ¿Qué podemos hacer? Pues lo único que podemos hacer es reformar nuestro sistema impositivo y orientarlo hacia aquellas actividades que en la actualidad podrían ser generadoras de recaudación. Vayamos por partes.

Impuestos directos: es decir, el IRPF y Sociedades. Podemos afirmar, sin equivocarnos en exceso, que no va a aportar nueva recaudación en los próximos lustros. En primer lugar, porque la actividad económica es muy débil y no generará empleos suficientes para incrementar la recaudación. Además, si se incrementara la contratación, la bajada de salarios que estamos sufriendo en toda la economía como consecuencia de la deflación interna asegura una baja recaudación para las próximas décadas.

Con respecto a Sociedades, la mortalidad empresarial y las pérdidas acumuladas durante los años de crisis que llevamos (y los que nos quedan) significan bajos niveles recaudatorios en el futuro, lo que implicará fuertes tensiones para la reducción del déficit.

Impuestos indirectos: básicamente, el IVA. Depende del consumo y, en la actualidad y con el panorama que tenemos por delante, tampoco permitirá incrementos sustanciales de recaudación que originen un mejor evolución del desequilibrio fiscal, aunque el efecto del incrementos de los tipos que nos anuncian se dejará sentir en los primeros meses, desapareciendo al cabo de un año donde la recaudación, en las circunstancias previstas por casi todos los servicios de estudios, caerá en términos homogéneos.

Impuestos especiales: Alcohol, tabaco y gasolinas. Son los más recurrentes en la política impositiva de los gobiernos, dado que tienen una buena imagen social y demandas muy inelásticas que permiten el incremento de los precios sin apenas afectar al consumo. Pero eso es en condiciones normales. En la actualidad también están bajando su recaudación por varios motivos: se emplean otras formas de consumo (caso del tabaco de liar o el consumo de cerveza como sustitutivo de los alcoholes de mayor graduación) o directamente disminuye su consumo, como es el caso del impuesto de hidrocarburos. Luego la recaudación de todos ellos también se está resintiendo y no parece que se vaya a incrementar en el futuro.

Con este panorama, o le echamos imaginación al problema o no levantaremos cabeza hasta que la selección iguale el número de mundiales ganados por Brasil. Como eso, de momento, parece complicado, activemos el plan A: echémosle imaginación.

Lo primero que uno tiene que cambiar en estas circunstancias es el concepto mismo de impuestos, abandonando el localismo que siempre nos persigue. Las rentas no pertenecen al territorio donde reside el individuo, sino al lugar donde se generaron y, por lo tanto, se obtuvieron. Parece poco razonable que una persona con residencia en, por poner un ejemplo cercano, Portugal trabaje en Salamanca y, obteniendo sus rentas en España, pague sus impuestos en Portugal. Esto vale para todas las actividades que nos podamos imaginar, de forma que lo primero que tenemos que hacer es cambiar el concepto de residencia fiscal por otro más adecuado en el momento actual que es el de lugar de realización del hecho imponible. Se pensará que esto no tiene incidencia, pero si la tiene, y mucha. Y no solo por los futbolistas, tenistas y demás personas que obteniendo grandes beneficios en un estado tributan en paraísos fiscales por mor de la legislación que lo permite.

En segundo lugar, hay que cambiar el concepto mismo de hecho imponible. Cualquier actividad debe ser considerada hecho imponible de forma que sea susceptible de ser gravada con un impuesto, si es que es lo que queremos hacer. Por lo tantro, no hay actividades que se encuentren fuera del sistema impositivo. Con esto se abrirían las puertas al establecimiento de impuesto sobre determinadas actividades que en la actualidad están fuera del sistema (por ejemplo, la venta de marihuana).

Una vez cambiada nuestra mente, analicemos las actividades que en la actualidad pueden significar incremento impositivos: la bolsa, el juego online y las apuestas online.

Con respecto a la bolsa, siendo pesimistas en nuestro análisis, deberíamos establecer una tasa por transacciones realizadas. Una cantidad modesta del 0,5%. Un cálculo rápido: con una media de 4.000 millones al día de movimiento en la bolsa española, y unos 200 días de cotización (ambas cantidades son modestas), se obtendrían unos 4.000 millones de euros de recaudación. Y esta es la versión más light de la Tasa Tobin, habiendo dejado fuera todo el sector financiero secundario y las operaciones no reflejadas en la actividad normal de la bolsa. Podríamos ser algo más explícitos y ambiciosos en la Tasa Tobin, pero para eso si necesitamos el consenso y la ayuda del resto de países. Parece que en ello están, pero este paso podría ser independiente y autónomo. Y, como dirán los más acérrimos defensores de la escuela de Chicago que esto afecta al ahorro, no lo afecta, afecta a la especulación.

Otro campo de actuación es el juego online, donde a parte de mover una gran cantidad de dinero, la mayoría de las empresas son de origen paradisiaco (en cuanto que se encuentran localizadas en un paraíso fiscal) y, por lo tanto, no generan impuestos en España. Habría que establecer una tasa sobre las operaciones realizadas desde España, vía un cargo directo en el banco o por cualquier otro sistema. De esa forma se gravaría el hecho en sí de jugar evitando la elusión de los impuestos por el hecho de no estar radicado en territorio español. Que la tasa sea modesta para evitar problemas y que se gestione por los medios de pago habitualmente utilizados (bancos, tarjetas de crédito, etc) ayudará a la implantación. Se afectaría el hecho no deseable del juego proporcionando una cantidad razonable de ingresos a las arcas públicas.

Por último, las apuestas online, con la misma problemática que en el caso del juego. Luego el planteamiento debería ser similar.

Y no abandonamos las figuras actuales. Es más, las potenciamos. Por ejemplo, el IRPF debería orientarse para fomentar el consumo, vía por ejemplo una rebaja de las retenciones. Es la típica trampa fiscal de proporcionar más dinero al contribuyente para que lo gaste como renta disponible cuando realmente no lo es. Y actualizar algunos conceptos como son los llamados ‘gastos fiscales’ que influyen en la recaudación por este impuesto. Reordenando los conceptos, actualizando las rentas y considerando las nuevas situaciones fiscales podríamos hacer de este impuesto un auténtico impuesto progresivo dentro de una política fiscal más volcada hacia el consumo.

Con respecto al Impuesto de Sociedades, lo convertiría en un impuesto progresivo, primando las pequeñas y medianas empresas, con una escala de tipos desde el 5% al 40%, eliminando la mayoría de las actividades que generen un gasto fiscal (deducciones por cosas que resultan de chiste). Un Impuesto de Sociedades progresivo y no proporcional generará ventajas competitivas a las empresa que tengan menores beneficios y castigaría a aquellas que se encuentran en situaciones de monopolio u oligopolio y, por ello, obtienen grandes beneficios. Es más, el tipo debería estar ligado al porcentaje que represente los beneficios sobre el volumen de ventas y al tamaño de la empresa. No es lo mismo que una empresa gane 10 millones de euros con una facturación de 100 que de 50 millones.

Con respecto al IVA, repetiré la propuesta que ya he hecho en varias ocasiones: subir los tipos. En concreto al 5, al 10 y al 21% pero no cambiar las bases imponibles. Los tipos reducidos y superreducidos del IVA tienen un componente de incentivo de las actividades que no debe tocarse. Y, evidentemente, subir el pan el 1% no generará inflación, mientras que hacerlo un 14% si lo hará. En el primer caso, será asumido, seguramente, por el panadero; en el segundo será repercutido con total seguridad. Esta medida debe ir acompañada de la autentica devaluación interna que demanda nuestra economía y nuestros socios bajando un 5% las cotizaciones a la seguridad social de todos los trabajadores. En estas circunstancias, lo precios interiores bajarán entre un 2 y un 4% y nuestros precios exteriores lo harán en un 5%. Mejoraremos nuestra competitividad, se podrá vender más en el exterior, se incentivará la inversión y se terminará reduciendo el desempleo y con ello incrementándose la recaudación. Parece sencillo, pero nadie lo hace.

Por último, los impuestos especiales. Parece evidente que habrá que analizar cómo son las curvas de demanda, y cuál es la elasticidad precio que tenemos en este momento y tomar decisiones en función de los datos y de las previsiones que tengamos, pero no desde un punto de vista maximalista de que las curvas son inelásticas y el consumo no se ve alterado por las variaciones en los precios. Eso parece evidente que en este momento no es así y lleva a plantear medidas ineficaces.

Y, para finalizar, habría que cambiar todo el sistema de impuestos municipales, en la actualidad basados en una actividad que difícilmente se va a recuperar en el fututo hasta niveles más o menos razonables. Por ejemplo, eliminaría el pago por el Impuesto de Actividades Económicas para cualquier entidad. Carece de sentido que gravemos un hecho que es conveniente, debemos más bien incentivarlo para que se produzca más actividad. Eliminaría también el Impuesto de Bienes Inmuebles, verdadero contrasentido: si se aplicara la norma tal y como está redactada, los IBI’s deberían bajar dado que el valor de las viviendas se ha reducido considerablemente. Sin embargo, los valores catastrales seguro que continúan subiendo. Como algún tribunal le de por fallar esto, la intervención está asegurada. Lo sustituiría por tasas que respondan verdaderamente a servicios a prestar: basuras, limpieza, etc. La gente sería más receptiva al pago si conociese el destino de los impuestos. Daría más participación municipal en los impuestos estatales, tales como el IVA, de forma que se incentive a los municipios a generar actividad económica para obtener mayores ingresos. Y les permitiría generar nuevas figuras impositivas de forma que cada municipio pueda orientar su política a las actividades que considere convenientes.

En fin, que esta es una pequeña aproximación a una autentica revolución fiscal que debemos poner en marcha para superar nuestras dificultades, de forma que se empiecen a reorientar nuestras finanzas sin hacer descargar todo el ajuste sobre las mismas figuras de siempre. Debería iniciar un debate y proporcionar ideas para que nuestro ministro las analice. Esperemos que de esta salgamos mejor de lo que entramos, por lo menos en términos de eficiencia.





@juanignaciodeju


lunes, 11 de junio de 2012

ESTIMADO SR. PRESIDENTE

Estimado Sr. Presidente,

En primer lugar, discúlpeme si el tratamiento no es el correcto. Hace tiempo que olvidé aquello de ilustrisima, reverentísima, magnífico, magnánimo y esas cosas. Creo que el señor es lo suficientemente educado.

Quiero aprovechar la ocasión para felicitarle por su elección del pasado 20 de noviembre de 2011. Fue un resultado contundente, aunque la fecha elegida por su antecesor fue un poco maligna, por decirlo suave. Los que tenemos una cierta edad conocemos el significado de esa fecha y, la verdad, nos resultó curiosa.

Hasta aquí las alabanzas. Lo primero que quiero manifestarle es mi malestar con sus decisiones, la primera la elección de sus ministros. No debe usted tener mis contactos, pero le mandé unos cuantos mensajes en twitter para que se pusiera en contacto conmigo. No debe usar usted mucho las redes sociales, porque no recibí ningún mensaje suyo. Y no estando Yo, los elegidos no me gustaron mucho. El uno, el Sr. Montoro, porque le conozco de otros tiempos y, la verdad, no me inspiraba mucha confianza. Como convecino mío, su fama no es muy buena por aquí. Aun así, le conferí el beneficio de la duda y. la verdad, me ha decepcionado. Había que hacer ajustes, estoy de acuerdo, pero el sentido (y la sensibilidad) de los mismos me pareció equivocada desde el principio (aquella rueda de prensa del 30 de diciembre). En mi blog le he dejado algunas recomendaciones, y en twitter en su momento le di otras alternativas. Se las resumo: tasa Tobin, reforma fiscal completa, subida del IVA en tres puntos y bajada de las cotizaciones sociales en cinco, reordenación del gasto hacia actividades productivas en la actualidad, no tocar el IRPF ni los impuestos sobre el sector inmobiliario, no establecer la deducción por adquisición de vivienda, etc. Y sobre todo una, tenemos que crecer para solucionar todos nuestros problemas. Sin crecimiento será imposible solucionar nuestros problemas; sólo con reducciones de gastos y subidas de impuestos, como ha quedado demostrado en Grecia, y también en España, únicamente conseguiremos incrementos del déficit.

El otro, el Sr. De Guindos, no me pareció nada bien. No sólo por sus antecedentes, sino porque no me convencía ni cuando le leía los domingos en el diario El Mundo. Y no me confundí. Ha hecho dos reformas financieras que no han servido para nada y, ahora, tendrá que hacer una tercera tutelada por Europa. Si, ya sé que me dirá usted que el problema era la herencia y la gestión del gobernador. Pero estaremos de acuerdo que la situación no se ha manejado nada bien y que los problemas han crecido en estos seis meses, hasta el punto que nos han tenido que rescatar el sistema financiero. Y, sobre todo, que teniendo a su cargo un ministerio que se llama de Economía y Competitividad ni ha cuidado de la primera (estaremos de acuerdo que la situación tiende a empeorar) ni ha hecho nada por la segunda (seguimos igual que estábamos y sin visos de mejorar, más bien con tendencia a empeorar). Por lo tanto, no sirve de momento para nada. Por favor, cámbielo. Tiene ahora mismo a un señor en paro (¡ya me gustaría a mí estar en paro de esa forma!) a un economista con cierto prestigio en Europa y conocimientos suficientes para tutelar la nave: el Sr. González Páramo. Y, cuando le cambie, ya que usted es el coordinador de la política económica, por favor, dígale que tenemos que crecer urgentemente para solucionar nuestros problemas. Parecerá pretencioso, pero he introducido en mi blog algunas medidas que pueden ayudarle: moratoria en el pago de las hipotecas durante un año, devaluación interna con la política fiscal, política monetaria expansiva (pueden ustedes hacer algo interno también, se lo aseguro).

Y ya puestos, dado que tiene usted una buena relación con la Sra. Merkel, por favor, que haga políticas expansivas para que su inflación suba más que la nuestra y el ajuste no sea sólo con dolor interno. La famosa teoría del sufrimiento de los incumplidores hará que Europa desaparezca, porque el proyecto inicial era con todos, no sólo con unos pocos muy listos y aplicados. Tienen ustedes que convencerla o quitarle el poder, una de dos.

He dejado para el final el tema escabroso del rescate que hemos pedido. La fase crítica empieza ahora, con la negociación de las condiciones. Y Europa ya está tomando partido. Los mensajes que llegan no son nada positivos, por lo menos hasta que haya gobierno en Grecia. Tienen que mostrarse duros para que los griegos no se sientan perjudicados. Y eso no nos conviene en absoluto, Más les valdría ponerse todos de acuerdo para camelarse a los griegos y evitar su incomodidad, porque si no nos van a crujir a nosotros. Por otro lado, los ciudadanos somos medianamente inteligentes y lo vivido desde el viernes (por no decir desde antes) no ha sido muy razonable. El problema es que algunos sabemos leer en inglés y lo que dice el comunicado del Eurogrupo asusta y mucho. Por lo tanto, dígannos lo que nos va a ocurrir y así estaremos más seguros, que no tranquilos. Y negocien ustedes con cabeza, que nos jugamos mucho. Sobre todo, hagan ver a nuestros socios que la palabra clave es CRECIMIENTO. Si quiere, me ofrezco a darme de tortas con ellos por conseguir que se hagan políticas expansivas de una vez por todas. Apóyense en Hollande y Monti, que también lo necesitan, por no hablar de otros países que también están mal. E involucren en la negociación al señor Obama, que seguro que está muy interesado en que esto salga bien. Pueden mostrarles artículos de los economistas de prestigio que nos avalan en las demandas de crecimiento (Krugman, Stligitz, Roubini, etc) o incluso de otros menos famosos. Es fundamental que Doña Ángela se convenza que la solución es crecer, no maltratar a los ciudadanos. Si quiere, me ofrezco también para echarles una mano, y gratis. Podemos ofrecer, si le parece, que el Bayern gane la Copa de Europa el año que viene, o que prometemos que si nos cruzamos con Alemania en la Eurocopa nos dejaremos ganar. Haga todo lo posible, por favor.

Ya que es usted al mismo tiempo presidente de su partido, dígale a sus barones autonómicos que recaer todo el efecto del ajuste sobre los ciudadanos es una barbaridad, que hay otros caminos, y que cuanto más puteados estemos peor será para ellos y su recaudación impositiva, que el multiplicador keynesiano existe y se cumple. Podemos llamarle de otra manera (por aquello que la palabra keynesiano provoca en sus mentes liberales), pero no cambia el hecho. Me ofrezco también para explicárselo en una clase magistral de economía, incluso a permitir que asistan a mi grupo de economía por la tarde para que vean lo fácil que es y lo útil que resulta. Hágales ver que lo importante es el crecimiento económico, no la consolidación fiscal porque sí, que reduciendo gastos sin nada más el déficit crece.

Y por último, para no ser muy pesado, ponga en marcha las reformas estructurales que necesitamos de verdad: reforma energética, de la educación, de los mercados de distribución, etc. Seguro que sus ministros se las conocen de memoria. Pero no reduzcan los gastos en educación, sanidad e I+D+i, por favor, que es la clave del futuro. Es más, proponga usted en Europa, en la cumbre por el crecimiento, que se distribuyan fondos europeos para los países que tengan un problema de competitividad (entre los que nos encontramos, obviamente) dedicados exclusivamente a invertirlos en educación (con programas de mejora de la calidad) y en I+D+i para que seamos más competitivos a medio plazo (incluso a corto plazo, dedicando los fondos recibidos a la creación de empresas de base tecnológica, por ejemplo, con financiación suficiente) y obtener mejoras en nuestros procesos productivos. Creo que si se plantea bien, con Monti como aliado, podemos obtenerlos y mejorar rápidamente en esos campos. Inténtelo.

Sin más, se despide de usted esperando que me haga caso y aproveche la situación para mejorar nuestras vidas. Si me necesita, puede ponerse en contacto conmigo para cualquiera de las tareas que le he indicado. Incluso para otras que aquí no he puesto.

Atentamente,



@juanignaciodeju

domingo, 10 de junio de 2012

PRESTAMO EN CONDICIONES MUY FAVORABLES

Como advertía ayer, nos han rescatado con 100.000 millones de euros. ¡Una barbaridad! Eso es algo así como el 10% de nuestro PIB y, sumado a todo lo que ya hemos dado a la banca por diversos caminos, estamos cerca del 30% del PIB enterrado en las instituciones financieras. Aquellas a las que les pedimos dinero y ellas nos lo niegan porque no somos solventes. Pero los no solventes son ellos, como queda demostrado, con ese ‘préstamo en condiciones muy favorables’ que les damos. ¿Nos darán ellos ‘préstamos en condiciones muy favorables’ a nosotros? La respuesta es, obviamente, no.

El mecanismo es muy curioso: Europa nos da el dinero a nosotros, al FROB, y éste se los inyecta a los bancos como CAPITAL, es decir, el préstamo es para España y para los bancos es capital, no lo piensan devolver, como ya dijo el nuevo presidente de Bankia. Luego, si no lo piensan devolver, lo tendremos que pagar nosotros. Esta es la primera falsa verdad que dijo ayer el ministro: realmente no es un préstamo a la banca, es una inyección de capital por problemas de solvencia de los bancos españoles que lo necesiten. Si los pensamos en términos particulares, tendremos que pagar la factura con los dividendos que recibamos de los bancos nacionalizados. Bueno, eso es posible dependiendo del plazo que se haya negociado, sólo falta que se gestionen bien los activos que adquirimos para obtener los beneficios razonables.

El ¿ministro? De Guindos dijo que no nos imponían condiciones macroeconómicas. Y es cierto solo en parte. Es verdad que se dice en el comunicado que se impondrán condiciones al sistema financiero para reestructurarlo. Pero también es cierto que se afirma en el comunicado que se vigilarán estrechamente la evolución del desequilibrio fiscal y las reformas estructurales y que el estado español firmará el tan temido ‘memorandum de entendimiento’ que nos pondrán encima de la mesa. Eso significa que la economía se verá forzada a ahorrar en gastos los intereses que genere ese ‘prestamos en condiciones muy favorables’ que nos dan y, si no se obtienen los beneficios de la gestión que debemos, la parte alícuota del capital.

Luego nos afectará a los ciudadanos queramos o no. Más ajustes y menos actividad económica. Más paro y menos crédito hasta el año 2015. Porque seguimos cometiendo errores de gestión a no ser que empecemos a hacer correctamente los deberes. Si los bancos están contaminados por la basura inmobiliaria en sus balances, tendremos que limpiarlos de una vez por todas y solucionar su parálisis inmediatamente. En principio eso va a ocurrir, aunque la pregunta es si los gestores van a ser capaces de identificar, sin ponerse colorados, toda la basura que han financiado generosamente y si los políticos van a reconocer que esas inversiones han sido obra suya y, por lo tanto, son corresponsables de la situación. No lo harán, de eso estoy seguro. Por eso hemos tenido que pedir a terceros que nos lo descubran.

Y luego está la capacidad de los responsables. Por empezar por el principio, nos deben explicaciones Zapatero, Solbes, Salgado, Fernández Ordoñez, Rajoy, Montoro, De Guindos, los presidentes de las cajas rescatadas, los presidentes autonómicos (pasados y presentes), los consejeros de economía, etc. No nos la darán, eso seguro, pero nos la merecemos. Porque el agujero es descomunal y nadie ha dicho nada de momento. Como economista, lo primero que hacemos es comprender el pasado para después intentar predecir el futuro. Y nadie nos ha dicho todavía qué es lo que ha pasado y como hemos llegado hasta aquí.

En fin, que hoy es domingo, que la noticia es regular con tendencia negativa, que nos van a crujir a intereses porque las agencias de calificación nos van a bajar la nota, que pagaremos los ciudadanos al menos una parte sustancial del rescate y que nadie nos dirá la verdad ni aunque se lo preguntemos (si se deja) repetidamente. Zapatero fue muy mal gestor, pero nos dio explicaciones repetidas en el parlamento sobre la crisis. Llegó a ser hasta pesado. Creo que nos merecemos una explicación del Presidente del Gobierno en los medios democráticamente establecidos para ello. Veremos.

@juanignaciodeju



sábado, 9 de junio de 2012

QUE GANE NADAL, ALONSO Y LA SELECCION

Bueno, ya está aquí el rescate de España. Ahora sí que va a ser imprescindible la ayuda de la Virgen del Rocío, como pidió la ministra de Empleo el otro día. Aquellos que crean, que pidan por los demás; aquellos que no crean, que se metan en la cama para el resto de la década.

Porque nos van a rescatar, eso es seguro. Y probablemente esta misma tarde, después de una videoconferencia que van a tener los ministros del ECOFIN esta misma tarde. Es sábado, hay futbol, es la mejor fecha posible. Mañana nadie se va a manifestar por ello, ya que desde las 14 horas, con el tenis, el partido de la selección, después Alonso en Canadá, nadie se va a fijar en eso y el gobierno podrá salir airoso.

Y todo esto, ¿por qué? En febrero ya dije que a este país le faltaba crecimiento, que era la clave para mejorar la situación. Y no sólo critico, he dado soluciones a todos los niveles: local, financiero, fiscal, europeo. Luego soluciones, hay. El problema es que nadie las quiere adoptar. Desde luego, las instituciones mundiales y los países del otro lado del Atlántico están tremendamente preocupados por la evolución de la economía española, La única que está tranquila, porque está mandando como siempre ha querido, es Angela Merkel, que se siente la lideresa del mundo liberal y suscita la admiración del resto de liberales del mundo. Pero está equivocada y se lo hemos dicho muchos (no todos) economistas. Bien, veamos por qué.

Este país tenía una estructura bancaria muy particular, con más del 50% de origen público, gestionado por políticos incapaces y dominado por partidos, sindicatos, patronales: las cajas de ahorro. Eran los eslabones débiles del sistema dedicados a financiar estructuras ineficaces, innecesarias y carísimas Maquinarias de fabricar dinero para la mejor gloria de los dirigentes a los que, además, les aplaudían las obras y les renovaban los mandatos. Con ello, cuando se produce el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, España no puede proceder a la nacionalización del sistema, dado que ya es público. Lo primero que debe hacer el Banco de España es deslocalizar el sistema, que es la primera reforma financiera que se hace.

El problema es que los partidos no quieren perder su capacidad de influencia en la economía financiera y deciden la agrupación por color político, Nace Bankia, Novacaixagalicia, Catalunyacaixa, etc. No son estructuras eficientes, son uniones o bien locales (las cajas gallegas o la catalana) o bien partidistas (como es el caso de Bankia). Y de ahí que el problema no se haya solucionado.

El segundo paso es quitarles el poder a los políticos y la ayuda financiera. De ahí las salidas a bolsa y los préstamos a esas entidades. Para forzarlas a ello se les empieza a exigir niveles de capital cada vez mayores, lo que debilita los balances. Además, en un contexto económico cada vez más débil y una economía en una atonía total. Mal dirigida, peor gestionada y cada vez más equivocada, la economía española empieza a ser incapaz de asumir sus necesidades, pero los dirigentes europeos no atinan con las medidas y provocan la mayor crisis europea de toda su historia en común. Se basan en medidas equivocadas, contraproducentes, en una única dirección que acaban por laminar las pequeñas luces que se vislumbraban en el horizonte. Los famosos brotes verdes de Salgado existían, pero la política económica puesta en marcha por Europa los secó de forma radical.

Y se cambia el gobierno, dado el hartazgo de los ciudadanos con las erróneas decisiones adoptadas. Pensábamos que todo iría mejor, que las cosas se solucionarían porque el gobierno tendría una hoja de ruta que iba a aplicar de forma razonable y los mercados y demás países europeos nos creerían. Pero las primeras mediadas adoptadas son, otra vez, erróneas. Se aborda mal el problema, se hace caso a la única política admitida por Merkel y la economía entra en barrena. El paro se desboca, el consumo se hiela, la producción se paraliza, y nuestros socios, después de las políticas seguidas, se paran en seco, con lo que nuestras exportaciones dejan de crecer y la economía española colapsa. Ante esta situación, somos muchos los economistas que nos planteamos otras soluciones, Algunos somos poco conocidos (o, más bien, completamente desconocidos) otros son más famosos. Emilio Ontiveros, José Carlos Diez, Paul Krugman, Joseph Stiglitz son sólo algunos de los que opinan que así no podemos seguir, que el camino es el equivocado. Y lo dicen. Pero los que manda, o más bien, la que manda en Europa, no cambia de opinión.

Y ese colapso de la economía española afecta a nuestro sistema financiero. Los ciudadanos en paro o con sueldos rebajados o congelados, o las empresas que no pueden vender sus productos, o las familias que no pueden hacer frente a sus deudas, es decir, la ciudadanía en general se encuentra cada vez más desincentivadas al consumo, por lo que la economía se para y los bancos, necesitados de actividad para la obtención de capital, se ven obligados a evitar cualquier política de riesgos que pueda empeorar su balance. Sin actividad, los bancos no generan capital y, en consecuencia, sus balances empeoran y necesitan financiación.

Ese es el problema crucial de la economía española: o empezamos a crecer a corto plazo o no saldremos de esta situación. Todas las reformas puestas en marcha tendrán efectos a medio plazo, pero el problema financiero es a corto plazo. Y de ahí las críticas que, personalmente, he hecho al gobierno. El medio plazo está muy bien, pero los ciudadanos tenemos necesidades a corto plazo. Necesitamos actividad económica a corto plazo, dado que nos estamos desapalancando (nuestras deudas son menores que en el año 2007) y no tenemos confianza en nuestra situación. El desempleo nos acecha, los impuestos suben y subirán, los sueldos tienden a descender por la devaluación interna que nos imponen, los precios bajarán, aunque los productos básicos, aquellos que no podemos dejar de hacer (energía, transporte, etc) seguirán subiendo fruto de un sistema monopolístico y muy mal controlado desde el poder y el gobierno, falto de ideas y paralizado por la situación, no hace nada para cambiarlos ni para solventar la situación de los ciudadanos. No se ha adoptado ni una sola medida de incentivo de la actividad económica, todas han sido recesivas. Y la situación tiende a empeorar.

Porque el problema de España no es un excesivo gasto público, ni la desaforada actividad del sector público intervencionista de la economía, es un problema de ingresos que el ¿ministro? Montoro no es capaz de atajar. Lo único que se le ocurre es subir los impuestos para intentar tapar los agujeros. Imaginemos una empresa que no vende en el mercado y sus directivos, ante los problemas, hacen dos cosas: reducir personal y subir los precios. Todos sabríamos que el final de esa empresa es cerrar. Pues es lo que está haciendo Montoro: reducir los gastos y subir los precios, pero la recaudación no hace más que disminuir y, en consecuencia, el déficit aumentar. Esa es la situación y la incapacidad de nuestro gobierno. Tendría que plantearse una reforma fiscal que modificara figuras impositivas y cambiara para que la recaudación recayera sobre los nuevos sectores que están creciendo ahora. Por ejemplo, la famosa tasa Tobin, que afectaría a las inversiones meramente especulativas, no al ahorro como nos dicen desde el mundo liberal. Pongamos un ejemplo: una tasa de 0,5% sobre las transacciones en bolsa generaría un mínimo de 3.000 millones de euros de recaudación. Y es la más simple, ya que no estaríamos interviniendo sobre otros aspectos del negocio financiero, Esa es la cantidad que se quiere ahorrar en educación. O modificar los impuestos sobre la edificación, que en este momento no generan ingresos, para mejorar la recaudación vía otros tipos.

En fin, que lo voy a dejar por hoy. Volveré, pero ahora me voy a prepararme para lo que nos espera: la intervención será esta tarde y lo anunciarán de madrugada, para que no nos soliviantemos y mañana estemos adormilados con los acontecimientos deportivos. Por lo menos que Nadal gane, que Alonso quede primero y que la selección le meta 5 o 6 goles a Italia. Son los únicos consuelos que nos esperan.

@juanignaciodeju

domingo, 3 de junio de 2012

¿COMO SALIMOS DE ESTA?

Me había propuesto no escribir nada hasta que se viesen las cosas más claras, pero las circunstancias que estamos sufriendo nos colocan en una situación crítica. Con la prima de riesgo disparada, el paro creciendo de forma ininterrumpida y las dudas sobre nuestro sistema financiero y fiscal en todos los mercados, urge establecer un plan de actuación que nos permita afrontar el futuro de nuestro sistema económico y social de forma sostenible.

Según algunos medios económicos, Alemania está presionando a España para que acuda al fondo de rescate. La presunta es ¿por qué? La respuesta es sencilla: los bancos alemanes se están jugando una cantidad importante de dinero, en concreto (según algunas fuentes) en torno a 250.000 millones de euros que prestaron a las entidades españolas para financiar la burbuja. Y es una cantidad tan importante que quieren asegurarse el cobro aunque para ello tengan que poner en peligro el propio sistema europeo; y de ahí también la postura del Presidente del Banco Central Europeo, tan reticente a aplicar medidas de alivio, que no solución, a la deuda española. Quieren obligarnos a hacer algo que sólo beneficiaría a algunos, los de siempre. Y de ahí los mensajes y las opiniones que nos están bombardeando constantemente.

Nuestro problema pre-crisis y, en consecuencia, nuestro principal desequilibrio se encuentra en la evolución de nuestro sector exterior, con continuos déficits con nuestros principales socios, especialmente Alemania, que con la ayuda de todos los europeos aplicó una política deflacionista durante años dentro del euro para ganar cuota de mercado e inundar al resto de países con sus productos. Como principal proveedor del resto de países, especialmente los del sur, acumuló grandes superávits que fueron financiados por sus bancos gracias a los bajos tipos de interés aplicados por el BCE. Y esas deudas tenemos que devolverlas. Pero con la crisis de balance que tenemos en este momento, y desde hace cuatro años, manifestada en una recesión interminable y con nuestro principal desequilibrio actual centrado en el mercado de trabajo, las posibilidades de pago de las deudas del sector privado disminuyen considerablemente. Con el paro en los niveles actuales parece poco probable que los ciudadanos puedan devolver todo el dinero que deben a sus bancos y, en consecuencia, que éstos puedan devolver ese dinero a sus acreedores, es decir, los bancos alemanes básicamente. La solución aportada hasta el momento ha sido ir transformando deuda privada en deuda pública vía inyecciones de liquidez, avales de préstamos, rescates bancarios etc. Pero el paro incrementa también las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública y, en consecuencia, del pago de las deudas con los bancos alemanes. De ahí que ahora estén buscando un nuevo avalista, en este caso el resto de los países europeos, para asegurarse el pago de sus deudas.

Por lo tanto, la solución no puede ser exclusivamente la austeridad tal y como nos lo están vendiendo. La solución debe ser global, que afecte, por un lado, la austeridad para asegurarse la sostenibilidad del sistema fiscal, pero por otro lado, si no hay incremento del empleo y se produce una disminución sustancial del desempleo, no se podrán pagar las deudas hagamos lo que hagamos. Es materialmente imposible sin crecimiento pagar las deudas a ningún plazo. Por lo tanto, hay que combinar los dos factores. Y en eso nuestros acreedores no están siendo muy acertados. Pondré un ejemplo. Si le debo al banco 150.000 euros a 30 años por mi hipoteca, con unos ingresos de 1.200 euros mensuales puedo hacer frente a mis obligaciones. Si suben los tipos de interés podré reducir mis gastos y así compensar el incremento. Pero si mis ingresos disminuyen, pongamos un 30%, no podré pagar por muchos recortes que haga. Pues esa es la situación, por lo que centrar la solución a nuestros problemas en la austeridad es condenarnos a un sistema fallido a medio plazo.

Hay que buscar una solución. Y esa se llama devaluación. Cuando hablé de la posibilidad de salir del euro, la principal ventaja era la posibilidad de devaluar la moneda hasta el límite que nos interesara de forma que recuperáramos la competitividad de forma inmediata, con lo que nuestras exportaciones crecerían de forma inmediata y nuestra economía crecería. Pero los costes son muy elevados y, sobre todo, las ventajas de nuestros competidores globales (es decir, del dólar) muy grandes como para planteárselo.

Como salir del euro no es una solución admisible, hay que devaluar de otra manera. Nuestro tipo de cambio real es una relación del tipo de cambio nominal y de la relación de precios. Como no podemos disminuir, con respecto a nuestros socios europeos, el tipo de cambio nominal, tendremos que cambiar la relación de los precios, es decir, o bajar nuestros precios o subir los de nuestros socios. Y esa es la política que se está llevando a cabo. A eso le llamamos devaluación interna. Y hay tres cosas que se pueden hacer, y también las he reclamado repetidas veces desde este blog.

La primera, la única que estamos poniendo en marcha, es la disminución de nuestros precios. La política de austeridad, el ajuste en nuestro mercado de trabajo con la disminución tan rápida y dramática de nuestro nivel de empleo, han permitido un ajuste de nuestros precios que han nivelado la nuestras relaciones comerciales con los europeos Pero no es suficiente. Eso no nos permitirá salir de la crisis ni, mucho menos, saldar nuestras deudas. Y eso preocupa a nuestros acreedores.

La segunda: que nuestros acreedores incrementen sus precios. De ahí los llamamientos a un incremento de los salarios en Alemania de las últimas semanas. Si los países centrales del euro subieran sus precios de forma razonable (propuse en varias ocasiones un límite del 4%) nuestro tipo de cambio mejoraría y nuestras exportaciones crecerían y con ello también nuestra renta y mejoraría nuestro empleo. Propuse una política fiscal expansiva, junto con una política monetaria expansiva, que también mejoraría nuestras relaciones con los países no euro y nuestro saldo comercial. De ahí también la preocupación del presidente Obama, que está viendo como se aprecia el dólar, lo que le está provocando problemas de competitividad de las empresas americanas. Pero la depreciación del euro se está produciendo por la inestabilidad del euro, no por las políticas puestas en marcha. Si el BCE hiciera una política más activa, con tipos de interés próximos a 0, la depreciación sería mayor y la solución más rápida. Por lo tanto, hay que combinar políticas expansivas en los países de centro europa y políticas monetarias expansivas que deprecien la moneda.

Nos queda una tercera vía. La podemos llamar devaluación fiscal: disminuciones de los costes del empleo (las cotizaciones a la seguridad social) combinada con una subida de los impuestos que afectan a los precios, no a las rentas, es decir, los impuestos indirectos. Con ello nuestros precios bajarían, se mantendrían nuestros ingresos fiscales y los ciudadanos tendrían un impacto menor sobre el crecimiento, dado que la reducción de consumo que se produjera, si se llegara a producir, sería temporal y se compensaría rápidamente con la reducción de los precios al reducirse los costes de las empresas. Y, como el IVA no afecta a nuestros precios exteriores, conseguiríamos el objetivo de devaluación interna de nuestra economía, mejorando nuestra posición exterior, ganado mercados y vendiendo más al exterior. Pero no sirve cualquier impuesto, debe ser el IVA el que se implique, dado que sería el único que no afectaría al precio de venta exterior. Cualquier otro implicaría únicamente incremento de la recaudación.

Aplicando estas tres formas de devaluación mejoraríamos nuestra posición exterior y crecería nuestra renta, incrementaría el empleo y las deudas podrían pagarse solucionando nuestros problemas actuales. Si a esto añadimos alguna medida interna, como por ejemplo una moratoria temporal de nuestras hipotecas, se podría incrementar nuestra economía de forma considerable.

@juanignaciodeju